viernes, 1 de diciembre de 2023
Tres espectadoras
no les gusta el cine,
Las tres observan el panorama y callan, aunque una de ellas se asusta.
jueves, 30 de noviembre de 2023
Poesía sobre un papel en blanco
Salvador Dalí. Dit gros, platja, lluna i ocell podrit, 1928
Cuando me dispongo a escribir algo razonable y con intención estética, pienso en las imágenes que me ofrece la realidad y, al poner una palabra tras otra, observo que estas ya son “idea”, excitan, provocan reacciones y dibujan. A veces son una llamada al orden o a la revolución del pensamiento. Reclaman proporción y equilibrio y a la vez transgresión.
La estética reclama la lógica de una metáfora. Las
palabras son dardos que transforman lo relativo en ironía.
Me pregunto por qué la ironía tiene tan poco predicamento
y entonces, el papel permanece allí mudo, esperando la tinta de las palabras. Esta
tinta habrá de manchar el pensamiento del lector.
martes, 28 de noviembre de 2023
Charles Camille Saint-Saëns
Camille Saint-Saëns en triciclo
Era
Compositor,
director
de orquesta,
organista,
pianista,
profesor,
militar,
caricaturista,
viajero,
geólogo,
arqueólogo,
botánico,
entomólogo
especializado en lepidópteros,
matemático,
intérprete
traductor,
crítico
de arte,
experto
en acústica,
filósofo,
astrónomo.
También se interesó por las ciencias ocultas, no sé si
de una manera positiva o negativa.
Se negó a abrazar el romanticismo, entonces en boga y, enfadados los románticos, dijeron que Camille Saint-Saëns (1835-1921) era "el más grande compositor de segunda fila".
A pesar de haber representado la modernidad musical en las décadas de 1850 y 1860, la crítica musical de finales del siglo XIX y de principios del XX lo calificaba de ser un compositor reaccionario, Algunos no toleraban que hubiese sido militar.
Compuso un Samson et Dalila, que es una auténtica obra maestra y aún le quedó tiempo y humor para componer una Danza macabra y el extraordinario Carnaval de los animales.
¡Uf, cuánto trabajo y cuánta capacidad creativa!, y yo
son estos pelos, habrase visto.
sábado, 25 de noviembre de 2023
A los catorce años
Antoni Clavé (1913-2005)
Qué
le podía pasar a uno de aquellos muchachos de posguerra que a los catorce años empezaba
a trabajar.
Pues
le podía pasar que enseguida se enteraba de lo que valía un peine, conocía de
inmediato el esfuerzo de sus padres para salir adelante y comprendía que, para
avanzar y progresar socialmente, él también tenía que esforzarse, trabajar y
estudiar, era aquello que decían de labrarse un porvenir.
Seguramente,
el afán del joven y el esfuerzo por avanzar sean valores positivos. Como es natural no voy a hacer un juicio de valor, no soy sociólogo ni me veo
en condiciones de moverme entre moralinas.
¿Cualquier
tiempo pasado fue mejor? No lo sé. De lo que sí que estoy seguro es de que
cualquier tiempo pasado fue anterior.
Aquellos
tiempos de penuria fueron duros. Íbamos a trabajar y Santas Pascuas. El trabajo
forjó caracteres y voluntades. Trabajábamos sin preguntarnos cuánto tiempo teníamos
que invertir en ocio. Trabajábamos y, gracias a las escuelas o academias que impartían clases nocturnas, podíamos estudiar y alcanzar un nivel de conocimientos aceptable.
¿Lo
hicimos bien? Tampoco lo sé.
Sabíamos
geografía, sabíamos algo de una historia mal contada, teníamos bastante
habilidad en el cálculo mental y resolvíamos raíces cuadradas a los trece años,
antes de empezar nuestra vida laboral ¡Ah, y de faltas de ortografía, nada de nada!
Todas estas cosas las sabíamos, pero seguramente muchas otras cosas las hicimos mal, rematadamente mal, pues no conseguimos cambiar el panorama, y esto que nos proponíamos “romper moldes”.
De
aquellos esfuerzos surgió una generación, la actual, que se esfuerza menos y sabe cuánto
hay que invertir en ocio. No sabe geografía física ni política, pero conoce la
diferencia entre sexo y género, pero se menea mal entre la maraña burocrática
y sufre, como nosotros el engaño de la política.
Me
pregunto si ahora son tiempos de penuria, como los de aquellos muchachos que
empezaban a trabajar a los catorce años. No lo sé. Cualquier tiempo pasado fue anterior.
viernes, 24 de noviembre de 2023
Construcciones y vanidades
Las construcciones de piedra acaban cayéndose y se convierten en ruinas que
son el recuerdo de las antiguas paredes. Pueden incluso recordarnos el exceso
de vanidad de quienes las idearon y las levantaron.
Hay una vanidad eclesiástica en las molduras de los palacios episcopales,
una vanidad teológica en los arcos ojivales de las catedrales góticas, hay
vanidad de fronteras en la mampostería de las murallas, hay una vanidad de
tiranía en los sillares de los castillos medievales, hay una vanidad de dominio
económico en las fachadas neoclásicas de Wall Street.
La vanidad de las construcciones de piedra es la petrificación de la
vanidad de los hombres, ésta permanece, se regenera, nunca alcanza el estado de
ruina. La vanidad permanece, las piedras se caen.
martes, 21 de noviembre de 2023
"Arte deteriorado" ya en las librerías
Ya dije en este blog que
informaría cuando se podía conseguir mi último libro
Arte deteriorado
Pues bien, ya se puede encontrar en todas las librerías.
Nos informa la distribuidora que si no lo tuvieran en existencia se
puede solicitar en la propia librería.
El mes de diciembre
haremos la presentación.
Publicado por SD·Edicions, con diseño de María Luisa Samaranch.
Se trata de un
pequeño ensayo donde me atrevo a exponer de forma muy escueta algunas
reflexiones sobre el deterioro y la mutilación que han sufrido algunas obras de
arte y cómo interpretamos el mensaje formal que nos ofrecen en su estado
actual.
lunes, 20 de noviembre de 2023
Transparencia. Control de la luz
Quizá por mi carácter mediterráneo, me resulta incómoda la permanencia en espacios demasiado transparentes. Creo que un exceso de transparencia en los espacios domésticos va contra el confort, sin embargo, agradezco la transparencia en los edificios públicos. También me gusta que la transparencia presida el comportamiento de los responsables públicos.
Detesto la opacidad del
románico, aquellos ventanucos pequeños y aquellos muros tan gruesos en los que reverberaban
los sermones. Admiro el afán estructural del gótico para dotar de más luz las
naves de las catedrales. Los vitrales góticos son un empeño inteligente para
conseguir más luz y color.
Me agrada el reparto
equilibrado de luces y sombras de la arquitectura clásica. No así, el
claroscuro de los interiores barrocos.
Aborrezco el gusto por lo oscuro y por los antros tenebrosos que sentían los románticos, que, por cierto, muchas de aquellas grutas son artificiales.
Son tristes y oscuros los salones donde se reunían Byron, Shelley, Polidori, Clairmontsus y otros amigos sentimentales. Aquello olía a abrigos viejos y a refinados snobs.
Y nada hay tan triste como los interiores victorianos.
De los masones puedo
admitir cierta intimidad de sus logias, sus pavimentos ajedrezados y la luz que incide sobre el dintel que lleva la inscripción de la letra G. El
control de la luz que ejercen los masones refuerza el simbolismo y la eficacia
de la razón.
No me gusta la intimidad forzada
de los espacios sádicos cuya luz es mortecina y maloliente (en los 120 días de Sodoma del Marqués de Sade,
la luz apesta).
Aunque admiro sus
grabados, no me agradan las sombras de Piranesi. La luz penetra por ventanucos
e ilumina cadenas y escaleras pinas.
No me gusta nada la luz tétrica
y mortecina de los interiores modernistas, son fríos y recargados -qué fría era aquella Barcelona sin calefacción- Les gustaban los vitrales, pero como objeto artesanal más que como elemento de control
lumínico.
El modernismo y la
Sezession no prestaron atención al confort ni a la luz, sólo parece que se hubieran
preocupado por la ornamentación.
Me gusta el esfuerzo
técnico realizado por Joseph Paxton en el diseño y construcción del Crystal
Palace para la Exposición Universal de Londres de 1851.
Admiro, aunque no siempre
comparto, el anhelo de transparencia utópica de los primeros racionalistas y de
los expresionistas, Bruno Taut, Enrich Mendelsohn, Max Taut.
Creo que los arquitectos
de la Bauhaus solucionaron muy bien el control de la luz. Sus propuestas son
válidas en las latitudes septentrionales, pero fracasan cuando se aplican en
los edificios meridionales.
La buena -sólo la buena-
arquitectura tradicional ha logrado un equilibrio confortable de la luz que
incide en el interior de las casas, pero a veces, lo único que provoca es una
cierta tristeza.
La arquitectura
contemporánea acierta con el control de la luz, pero es a costa de un dispendio
exagerado de energía. Es insostenible. Aún tenemos mucho que solucionar, hay
que resolver problemas de sostenibilidad, de ahorro energético, de economía de
materiales, de lucha, en definitiva, contra la luz cegadora y la intemperie.
sábado, 18 de noviembre de 2023
Vasos comunicantes
Hace unos cuantos años, aproximadamente unos veinte, un amigo
economista, hombre sensato y muy conocedor del negocio de los medios de
comunicación. Me hablaba de las grandes diferencias que existen entre los pueblos,
de la injusticia que hace que unas personas lo pasen mal durante toda su vida,
sólo por el hecho de haber nacido en un determinado territorio.
Esta es una injusticia que debe corregirse, equilibrarse –decía mi amigo–, es una cuestión de vasos comunicantes. Los pueblos ricos deberán ceder parte de su riqueza y bienestar en beneficio de los más desfavorecidos.
Por tratarse de la opinión de un buen economista, yo creía,
entonces, que mi amigo se refería a cuestiones económicas. Sus palabras las
suscribiría cualquier persona de buena voluntad.
Han pasado dos décadas y los países más desfavorecidos
continúan pasándolo mal y los vasos comunicantes continúan desequilibrados.
Amplio la mirada. Voy más allá de las cuestiones económicas y observo que el fluido que corre por el interior de los vasos comunicantes es espeso. No se compone solamente de dinero y recursos económicos. Entre sus ingredientes se encuentran, la distribución de la riqueza, la cultura, el nivel educativo de la población, el conocimiento de la realidad, la calidad de la política, el nivel de lenguaje, la capacidad de entendimiento. Y todo esto ha de circular por unos vasos comunicantes que cada vez son más estrechos.
El líquido es muy viscoso que ni moja ni deja de mojar, y
a veces se pega en las paredes de los vasos comunicantes y casi siempre huelen mal.
miércoles, 15 de noviembre de 2023
Los ausentes y los dioses
Siempre nos encontramos con alguno que se pone de espalda. Parece que quiera romper el vínculo que existe entre él y los hechos.
Cuando le hablamos, nos da la sensación de que lo hacemos
para no decir nada. El nihilista no suele escuchar palabras que, según su modo
de ver, no sirven para nada.
En esto suele parecerse al pesimista que, más o menos amargado, se esconde en el
cuerno de la luna. Ni el uno ni el otro creen que el lenguaje sirva para hacer
presente lo que es ausente.
¿Para qué? -se preguntan- por qué debemos atraer a los
ausentes o a los dioses que siempre parece que quieran venir.
Los que somos levemente optimistas y bienhumorados estamos convencidos de que precisamos los versos de Hölderlin para que los dioses de la belleza lleguen y nos ayuden a relativizar todo lo que se menea.
domingo, 12 de noviembre de 2023
Las estrías del dórico
Cuando veo de lejos las estrías de la columna dórica, me parecen solemnes. Nervios templados de la civilización, reparto de cargas y asentamiento en la tierra de los más nobles anhelos humanos. De cerca palpo el mármol apolíneo y el equilibrio de la masa pétrea y de la razón.
Agradezco la ausencia de
la basa. Las estrías dialogan con la geología. Lo
telúrico se hace humano.














