Vendedora cansada en nochebuena (1947) - Norman Rockwell
La escasa literatura que ha producido el populismo es estrepitosamente aburrida. Son textos elaborados a base de consignas y frases hechas, tópicos y pareados de pancarta. Su falta de ideas y la pobreza de la adjetivación producen un cansancio insoportable.
Me refiero al populismo mirando a los dos extremos de la realidad social y política ‒derecha e izquierda. En estos populismos todo es hipotético y dudoso, es un cúmulo de falsedades, de suposiciones y eventualidades.
Cuando la literatura sólo persigue imponer una ideología extremista, lo que consigue es una total desgracia literaria, una cosa raquítica de una inanidad total.
No es de extrañar, a la vista de la pobreza didáctica de las escuelas, cuyas aulas son ludotecas donde los alumnos se divierten y sus papás se complacen al ver a los niños tan felices.
La realidad es dura y observarla en toda su dureza produce un pesimismo tremendo, tal que los niños consentidos de personalidad reblandecida por las pamplinas no podrán soportar, se les esconde la realidad y se fomenta el pensamiento único, para que no padezcan.
He dicho “pensamiento único” quizás debería decir “pensamiento nulo”, pues ahí en las aulas no hay más que un jugueteo caprichoso.
Ni de los extremismos populistas ni de una educación pamplinera nunca podrá salir una literatura mínimamente aceptable.

No hay comentarios:
Publicar un comentario