La moto de la mort (1989). Jean Tinguely
Creo ver en la inteligencia artificial una pequeña luz de esperanza. Ya sé que decir una cosa así, puede parecer un exabrupto o una incorrección.
Hoy, la mayoría de los opinadores dicen estar en contra de la inteligencia artificial. A mí lo que más me preocupa es que estuvieran en contra de la inteligencia ‒así, a secas, sin ningún calificativo‒ ya ocurre que muchos están en contra de la inteligencia,
Quizá alguien puede pensar que estoy a favor de la inteligencia artificial, no, no y no. Yo estoy a favor de la inteligencia sin adjetivos: nada de inteligencia expandida, nada de inteligencia emocional, nada de inteligencia empática, nada de inteligencia superior, ni de la múltiple, nada de inteligencia bifactorial, nada de inteligencia múltiple, nada de inteligencia cristalizada y fluida…
Particularmente creo que la inteligencia artificial es una herramienta potentísima que deberemos aprender a utilizarla y que no nos queda otro remedio que adaptarnos a la herramienta como nos hemos al adaptado al inodoro y al tenedor mecánico de enroscar espaguetis.
Digo que la inteligencia artificial abre una esperanza, sí, una esperanza electrónica que nos obligará a confiar en las máquinas del pensamiento, estas que se auto-programan y que son capaces de tomar decisiones políticas que avergüenzan a más de uno de esos que charlan y charlan y apenas han leído a Cicerón, se avergüenzan (si es que tienen vergüenza) y para disimularlo miente o se ríen.
Aguardaremos a que venga la inteligencia artificial para que arreglar este desaguisado.
Haremos como aquellos senadores que estaban “Esperando a los bárbaros” tal como lo cuenta Konstantínos Kaváfis.
Es imprescindible que llegue la inteligencia artificial para que arregle lo que nosotros no sabemos arreglar y que arregle las aulas y los parlamentos, los amores y los desamores, los deseos, los odios y las venganzas.
¿Y si luego no llega? ¡Ay pobrecitos de nosotros!, ¿nos alegraremos o lo lamentaremos?
Y al final nos preguntaremos como Kaváfis:
¿Y
qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al
fin y al cabo, era una solución.






















