Puede que sólo sea una sospecha, sí, pero estoy casi convencido de que en las aulas de la educación primaria y secundaria no enseñan nada que sea malo, ni siquiera nada que sea bueno para todos, ya que si es bueno para uno puede resultar malo para otro y conviene no caer en discriminaciones ni nada que pueda generar un sentimiento de odio a los niños y niñas. No enseñan nada que sea malo ni nada que sea bueno. O sea, no enseñan nada.
Tampoco conviene difundir los resultados de los exámenes para no ofender a nadie. Más de una psicopedagoga o psicopedagogo proclaman que los exámenes son una forma de represión.
Si no se realizan exámenes, los profesores y maestros podrán dedicar más tiempo a no enseñar nada y a perderse por la burocracia inútil que tanto les agobia, también tendrían más tiempo para leer y responder los mensajes de whatsapp de los padres y madres de los niños y niñas que van a clase a no aprender nada. Son esas madres y padres que tanto se preocupan por la educación de sus hijos e hijas y quieren que todos sean muy felices, que aprendan divirtiéndose y que no les vengan con esfuerzos.
-¡No enseñamos nada!- me dijo hace unos pocos días, una profesora de Bachillerato cuando le expuse mi sospecha.
-Pues será por eso que son tan pésimos los resultados de evaluación de los conocimientos y tan malos los resultados de los informes PISA.












