jueves, 27 de enero de 2022

Salir a la calle

Supuesto autorretrato de Benvenuto Cellini
 

 

Muchas veces al salir de casa me pregunto: ¿por qué tengo que salir a la calle si nada de lo que veré me va a gustar?


Es un prejuicio, sí, pero es una sospecha que a menudo resulta ser cierta.


Procuro eludir el paisaje urbano y me vienen a la mente las polifonías de Josquin des Prés. Seguramente su música instalada en mi cerebro hace una función profiláctica.


El paisaje urbano se ha degradado. Los comercios con rótulos feísimos, las gentes mal vestidas y mal habladas, las deposiciones pastosas de palomas que embadurnan el mobiliario público, las calles sucias, las fachadas pintarrajeadas por grafiteros incívicos, madres pamplineras y niños maleducados gritando...


La gente es desconfiada. Su hipocresía es contradictoria.


Pienso en Benvenuto Cellini y en Carlo Gesualdo, grandes artistas -menudo par de pendencieros- que anduvieron paseando su engreimiento. Sigo pensando y camino.


Hay una belleza fría en los mármoles. Hay un frío instalado en mi prejuicio.


El tenebrismo de Caravaggio contrasta con el tenebrismo de la desconfianza cívica.


¿La ciudad, el campo? No, yo no podría vivir en un pueblo: los chismes, las calumnias, la peste de las granjas y los mosquitos son insoportables.


Insoportables como los transeúntes que sospechaba encontrar por las calles.


Al cruzar la calzada acuden a mi mente La Tempesta de Giorgione y el Retrato del obispo Bernardo de' Rossi de Lorenzo Lotto.

Inicios en Treviso

martes, 25 de enero de 2022

Cuatro americanos

  

El indio patagón

El negro zumbón

El mulato guajiro

El zambo Manuel 

 

¿Por qué sudaba madeimoselle Colette cuando se los miraba? ¡Uf, qué sofoco! 

 

Las chicas francesas son unas fifís.

 

En mi libro "Doble tall" ya contaba cómo son las fifís 

 

Las niñas francesas
ya de pequeñas son fifís,
recitan alejandrinos con un deje cursi
y con un semblante estirado otean
un mundo de cortinas y guirnaldas.

Ya creciditas se van de viaje
y entre ellas hablan con sabiduría
de las sales tonificantes de baño,
de la manicure y las crêpes ou chocolat
y muy pronto se hacen dueñas de secretos.

Entre risas poco convencidas, en los albergues,
hablan de ese garçon de piernas largas
que no las supo escandalizar
o de aquel otro, el pobre,
que hubiera sido un encanto
para sus mamás.

El amor a manos de las fifís
es un sortilegio de canciones
que suenan a media voz
entre los candelabros sinceros
de la república del deseo.

La pasión en el corazón de las fifís
es un frasco pequeño de perfume caro
que huele con la medida exacta
del soneto y la prudencia,
pues su abuso provoca
el arrebato incontrolado
y la náusea exprimida de la existencia.

lunes, 24 de enero de 2022

La sombra y la noria del tiempo

 

“Luz, más luz” exclamaba Goethe en su hora suprema. 


Luz es lo que presiente el ser humano cuando está atado a las paredes de la caverna de Platón. La luz es un presentimiento.


Las sombras pasan y pasan. En la oscuridad oímos el chirriar del eje de la noria del tiempo. Esa rueda que no cesa y que las Horas, Eirene, Dice y Eunomia, hijas de Zeus, la van moviendo.


¡Clepsidra eterna! ¡Giro eterno de las esferas amigas!


Todos continuamos en la caverna de Platón y las hijas de Zeus nos observan mientras mueven la rueda. Allí atados en las paredes, las sombras son la conciencia de que al final todo acaba en una sombra profunda.


(Por cierto, tengo una vecina, reconocidísima y extraordinaria poeta, que quiere matar a Platón)


Oscuridad y transcurso de las estaciones del año. No me extrañaría que Demócrito, aquel matemático presocrático que nos hablaba de las partículas mientras paseaba por la orilla del río Nestos, sintiera la oscuridad profunda que se encierra en la naturaleza.


Yo añadiría que la oscuridad de las partículas es la misma que la que hallamos en un cuerpo enamorado. Con mi ironía, mi escepticismo y mi humor un poco rabioso, permitidme que pase de las sombras de las partículas a las sombras del universo.


Parece ser, según los cálculos recientes, que la materia bariónica, que es la luminosa, sólo constituye el 4% de la masa del universo. El resto, el 96%, es oscuridad. Este 96% se reparte entre un 73% que es energía oscura y un 23% que es materia oscura.


Con estos porcentajes no es de extrañar que la historia de los pueblos, la barbarie, la indigencia intelectual, el odio, las venganzas y la condición humana sean lo que son: pura oscuridad.


De todas maneras, siempre llega el momento de relativizarlo todo, o de poetizar sobre ello, que son las formas más inteligentes que posee el ser humano y que le permiten enfrentarse a la realidad ya sea luminosa o negra como el carbón.

sábado, 22 de enero de 2022

Georg Wenzeslaus von Knobelsdorff


No suelo leer literatura actual, raramente leo textos posteriores al siglo XVIII. Ya hace unos años que presto especial atención a los escritos del Siglo de las Luces y en general a todo el arte y arquitectura de aquella época. Allí encontramos desde un barroco que decae hasta un neoclasicismo bastante desproporcionado y la eclosión de un romanticismo que quiso sustituir el concepto clásico de belleza.

 

Aquella literatura ilustrada del Siglo de las Luces y aquel arte, principalmente francés, entraron con mucha dificultad en las tierras germanas. Allí, entre las nieblas del norte, emergía un romanticismo pietista que parecía abrirse paso entre un barroco enérgico y exagerado que se resistía.


Ópera de Berlín

 

Entre los arquitectos de aquellos años encontramos a Georg Wenzeslaus von Knobelsdorff (1699-1753), una mente despierta que admiro, un gran artista prusiano –pintor y arquitecto– que se oponía a las influencias románticas.


Von Knobelsdorff era un noble militar que debido a su mala salud se vio obligado a dejar las armas y se dedicó al arte, a la arquitectura que era su gran pasión.

 

Residencia de verano de Sans Souci


La arquitectura de Knobelsdorff está fuertemente influenciada por el clasicismo de Paladio y sobre todo por la arquitectura versallesca. En 1740 visitó Versalles de cuyo palacio tomó numerosos apuntes.


Era amigo personal de Federico el Grande de Prusia. Para el emperador, Knobelsdorff, diseñó diversas obras, entre la que sobresale la residencia de verano de Sans Souci en Potsdam construida entre 1745 y 1747. En el proyecto intervinieron otros arquitectos como Johann Bouman y el propio emperador.


De las obras de Knobelsdorff destacamos la Ópera de Berlín de estilo claramente neoclásico, el Ayuntamiento de Potsdam donde podemos admirar unas columnas y pilastras geminadas y el Palacio de Charlottenburgo en Berlín donde el arquitecto hizo un alarde decorativo de estilo rococó.

 

Ayuntamiento de Potsdam

 

No me declaro especialmente entusiasta del estilo barroco, creo que entre sus curvas y contra-curvas se disuelve el espacio y la proporción se ve enmascarada por un sinfín de ornamentos; sin embargo, aprecio mucho el trabajo de los grandes arquitectos de aquel momento. Su insistencia en mantener el orden clásico es, a mi entender, plausible.

 

 Proyecto de un templo a Apolo 


El orden geométrico de los jardines de Versalles y el conocimiento del clasicismo de Paladio constituyeron un verdadero repertorio que Georg Wenzeslaus von Knobelsdorff supo utilizar para oponerse a la acometida romántica.