martes, 17 de septiembre de 2019

Asíntota



En mi libro Odis, vanjances i altres traçats geomètrics dedicaba a Còssima el poema titulado Asímptota (asíntota):

Em neguiteja l’asímptota.
Sempre s’acosta i s’acosta
persistent fins l’infinit.

En neguiteja l’asímptota
i m’angunieja l’infinit.

Traducción

Me angustia la asíntota.
Siempre se acerca y se acerca
persistente hasta el infinito.

Me angustia la asíntota
y me angustia el infinito.

La asíntota es una curva que va acercándose a una recta, desarrollándose hasta el infinito y allí, en el infinito, las dos líneas llegan a tocarse.


La asíntota, como la vanidad y la estupidez de los mortales, nunca se acaba. Estas cosas que nunca se acaban producen escalofríos, dan miedo, se escapan de la dimensión humana, atraviesan mistrales y sirocos, pueden llegar más allá de los puntos cardinales, penetran hasta el tuétano con la precisión del frío, pueden incluso llegar a detener el empuje de un soneto y continúan su trazado hasta más allá de las estrellas coloradas. Dan mucho miedo las asíntotas.


Pensemos, además, que existen volúmenes asintóticos, ahí está la Trompeta de Torricelli, las superficies hiperbólicas, que tanto gustan a los discípulos de Gaudí, los conos asintóticos y otros cuerpos terroríficos que intentan acercarse a nosotros, buscando tangencias indeseables.
 


sábado, 14 de septiembre de 2019

Descenso a la ensoñación



Entre el sueño y la realidad, en medio de contradicciones y zozobras, algunos nos recomiendan que hagamos un esfuerzo para conseguir ser “nosotros mismos”, aunque para ellos tengamos que recurrir a la aceptación de lo onírico y descender a las zonas oscuras de la sinrazón.

Una caída.
Una bajada al Hades.
Un colapso.

Un descenso a la ensoñación comporta muchos riesgos. Menciono algunos:

-         Confusión entre el individuo y el universo
-         Disminución de la distancia entre la ciencia y la teología
-         Sobrevaloración de las ideologías
-         Reducción de las preguntas e incremento de las respuestas

En definitiva, un paseo entre las ruinas que tanto entusiasmaron al caminante romántico.

Nota: Me resulta más difícil ser un marsupial que ser “yo mismo”, así que la recomendación de que seamos nosotros mismos es algo saleroso, fútil, baladí e insustancial, pues lo difícil es que seamos otra cosa distinta de lo que somos.