martes, 20 de octubre de 2026

Setecientos años

 

Ilustración, Martín Tognola. Imagen tomada de La Vanguardia.


En diversas ocasiones me he aventurado en decir que nos espera un futuro de setecientos años de miseria creativa.

Lanzaba este augurio refiriéndome a la creación artística ‒pesimista augurio‒ lo lanzaba porque veo pobreza creativa en las obras y en las propuestas artísticas actuales y, además, a la vista del panorama social, económico y político, albergo muy poca esperanza en el porvenir de la creación artística; no en balde, el arte es el signo y la expresión de los tiempos.

Mi augurio nace de una expectativa funesta ante la oscuridad de un mundo global donde las guerras se suceden. Terribles conflictos que nos recuerdan la barbarie de las grandes guerras del siglo XX, funesta expectativa ante la ostentación de un Occidente tan rico en deudas como en acomodo y despilfarro, esta es su riqueza. Un Occidente de insatisfacción donde el esfuerzo se ha sustituido por el ocio.

Un Occidente que creía haber tocado el cielo del confort y el bienestar y ahora ve como todo esto se viene abajo y asiste al espectáculo de una crisis de valores, pérdida de la calidad de la democracia y de la enseñanza, ineptitud y falta de visión de estado de los que mandan, auge de los extremismos ideológicos, crisis energética, inseguridad jurídica e inseguridad en las calles, terrorismos, insostenibilidad y consumo desmesurado, caída de la producción industrial y del sector primario, etc.

Este es el Occidente deseado por tantos miles y miles de hombres y mujeres que vienen de lejos porque quieren acceder al mundo de la ostentación, quieren labrarse un porvenir en esta oscuridad occidental, quieren salir adelante y quieren venir a trabajar. ¿A trabajar en qué?, si aquí apenas queda nada, casi toda la producción se ha deslocalizado, se ha trasladado al “Lejano Este”, donde los controles y las normativas son más laxas, los sueldos son irrisorios y las condiciones laborales son una desgracia que nos recuerda los tiempos de Dickens.

A los que llegan les queda la alternativa de emplearse en el sector turístico, en algún bareto de una ciudad donde abundan los balcones con pancartas que dicen: tourist go home.

Este Occidente, que había sido relativamente confortable y rico, se está convirtiendo en un erial de desesperanza. Hay una cierta similitud con los siglos oscuros de miseria que siguieron a la caída del Imperio Romano.

Pasar de pobre a rico es muy fácil, pero pasar de rico a pobre es muy difícil, produce mucho dolor y resulta que algunos ‒sobre todo los que mandan‒ no pueden soportar este dolor y estarían dispuestos a empuñar cualquier herramienta afilada o apretar algún botón nuclear para acabar con todo lo que se menea, con tal de permanecer sentados en sus poltronas.

Si el arte ha de expresar el signo de los tiempos, habremos de convenir que será un arte de miseria y desesperanza y que la cosa va para largo.

¿Setecientos años?

BigPinkHeart, el gran corazón rosa convertido en cojín.

Nota:

Con una notable dosis de petulancia, me he atrevido a escribir este texto en mi blog, lo que he escrito más bien parece una charla de taberna y que quizás debería haberlo escrito un sociólogo y no un arquitecto sencillo como yo, que, en el mejor de los casos, podría calcular una cercha o distribuir el espacio interior de un edificio de oficinas medio vacío que albergara a los empleados que apenas van a las oficinas ya que tele-trabajan desde sus casas. 

Menuda osadía la mía, ¡uf, meterme en estos berenjenales!

domingo, 18 de octubre de 2026

Rostros

 
Sin título. Erwin Bechtold (1925-2022)


Salgo a la calle y veo pasar gentes de todos los pelajes, la diversidad es riqueza y me lleva a la reflexión sobre la condición física. Al ver sus rostros sólo me fijo en el semblante y las formas, evito el fondo y evito la reflexión sobre su condición moral.

Pasa Isabel luciendo unas facciones prerrománicas, más bien diría que son paleocristianas a juzgar por su boquita pequeña. Tiene una mirada sentimental, parece la de un mochuelo. 

Va Moja, yendo a su tienda de teléfonos móviles. A juzgar por su “testa di moro” diría que es argelino, pero resulta ser que es de Libia. Me han dicho que no es musulmán sino que profesa un credo de una secta copta.

Por la otra acera va un petimetre, amigo de una influencer que yo conozco muy bien, él que siempre está a la page, va mirándose en las lunas de los escaparates, le gusta ver su prestancia reflejada en los cristales.

Pasan individuos de rostros antiguos, aspectos mozárabes o cervantinos, casi todos ellos van despacito, parece que no quieren pisar sus sombras castellanas. Muchos de ellos se dedican a la burocracia inútil.

Pasan catalanas de semblante pamplinero con sus hijos consentidos que van a jugar a un colegio pamplinero.

Saludo a mi amigo Enric de aspecto céltico taheño, es joven y muy inteligente, quizás por su aspecto, sus compañeros de clase le llamaban el pastanaga (el zanahoria). 

Casi cada día veo a Svieta de aspecto eslavo, regenta un bar pequeño donde suelo tomar café, es parca en palabras, pero siempre me ofrece algunas revistas de modas o el periódico que nunca falta en su establecimiento. 

También de aspecto eslavo, delante de casa, hay una señora gruesa que parece una matrioska rusa, es la encargada de una tienda de comida para animales. Habla muchos idiomas.

A menudo, por la mañana veo pasar a un hombre de mediana edad que tiene la prestancia de un judío converso, a veces lleva un estuche de violín. Mi vecina dice que es un buen músico y que además trabaja de informático para una multinacional que se ocupa de cosas de esas de la inteligencia artificial.

En las tiendas de mi barrio veo hombres y mujeres con pinta de trujamanes mediterráneos que, con mucho esfuerzo y aguantando todas las dificultades burocráticas y los muchos impuestos municipales, autonómicos y estatales, continúan manteniendo su negocio.

Hay muchos asiáticos y paquistaníes, unos amarillos y otros marrones que trabajan como chinos unos y como explotados otros.

Total, una diversidad que da gusto verla: asiáticos, expats europeos, moros, americanos gordos, rusas, indonesios, gente obesa del cono sur, señoras antiguas, paquistaníes, caribeñas, judíos, negros, amarillos, cobrizos y malayos, influencers, burócratas autóctonos, algunos íberos, celtas y celtíberos.

Caras, semblantes, facciones, rasgos, aspectos, fachas. Un buen surtido de ademanes, apariencias y hablas de todas partes, un riquísima diversidad que pasea y deja sus huellas por la cuadrícula de l’Eixample de Barcelona.

viernes, 16 de octubre de 2026

Estabilidad en el vacío

 

El arma secreta de Sheela, de la serie Mujer en ascenso, 1973, Mary Beth Edelson, 


A medida que las sociedades van perdiendo estabilidad jurídica y sentimental, se acrecienta la petulancia, la locura y el espectáculo del dolor.

La irritación y el interés por los dinosaurios van en aumento. 

Torres de marfil, urnas de cristal, retiros conventuales, aislamiento pétreo… Más de uno se refugia bajo un techo de tedio y buscan la estabilidad en el vacío.

No lo sé, ¿será la estabilidad de los cementerios?


miércoles, 14 de octubre de 2026

Dentadura de Voltaire

 

Busto de Voltaire (1694-1778)

Escultura de mármol realizada por Jean Antoine Houdon (1741-1828)


La escultura fue realizada en 1778 el mismo año de la muerte de Voltaire.

El pensador está representado con la boca cerrada. A sus 84 años, probablemente ya se le habrían caído bastantes muelas y dientes.

Comía poco, seguramente lo justo para ir tirando ‒sopas y caldos vegetales‒, era inapetente y desesperanzado, confiaba muy poco en el progreso moral del ser humano. Estas características son propias de la edad provecta y del carácter volteriano.  

De viejo, uno las ha visto pasar de todos los colores y con tanta mescolanza cromática acaba pensando que el color puro no existe.

¿Existen, acaso, la virtud pura y el vicio puro? 

-¡Tanta pureza, tanta pureza!- 

Todo esto va desapareciendo como la dentadura de Voltaire.


martes, 13 de octubre de 2026

Mi italiano

 


Me defiendo de una manera un poco aceptable en italiano. Estudié unos cursos de este idioma en el Istituto Italiano di Cultura di Barcellona, posteriormente proseguí con cursos y cursillos con el estudio de la lengua de Dante. Es un idioma que me gusta.

He leído algunos textos de arquitectura en italiano (Carlo Aymonino, Ludovico Quaroni, Leonardo Benevolo, Gulio Carlo Argan, etc.) Existe una riquísima literatura sobre arquitectura y sobre historia y crítica del arte en este idioma.

En mis lecturas en italiano no han faltado los poemas de Dante, Petrarca, Monti, Leopardi, Pascoli, Foscolo, Campana, Ungaretti, Pavese y la más reciente Virginia Maria Clara von Fürstenberg, etc. También algo de prosa de Tasso y del gran Ludovico Ariosto, che tanta coglionerie aveva pigliato.

El idioma de Dante lo encuentro tan hermoso como enrevesado, a veces, llegas a pensar que, por conocer un vocabulario más o menos extenso, ya crees dominar el idioma, pero no, no es así, su gramática compleja y el valor del matiz son determinantes.

Definitivamente, creo que no domino el italiano, he quedado estancado. Estoy convencido de que no avanzaré más si no prospero en un mejor conocimiento del latín. Es indispensable saber latín para poder alcanzar un nivel razonable de la lengua de Dante. De momento lo dejaré así, por ahora, no me veo metido en latines.

domingo, 11 de octubre de 2026

Mijaíl Fiódorovich Lariónov

 

Autorretrato (1910). Mijaíl Fiódorovich Lariónov

Mijaíl Fiódorovich Lariónov (1881 - 1964) fue un pintor de lo robusto, de lo fuerte y lo recio, como los campesinos que pintaba Malèvich.

Campesina con cubos y niño (1912) Kazimir Malèvich 

La obra de Lariónov se inspira en el folclore ancestral ruso, en el arte rupestre. Su trazo es rudo y fornido, en cierta manera tosco como la supervivencia. Su pintura no reconoce ironías, se reduce a lo esencial de los elementos básicos de la vida: procurarse el alimento y perpetuar la especie, esto es la comida y el sexo. 

Lariónov rechazaba una civilización que ha padecido el mal negocio de la historia.

El panadero (1909). Mijaíl Fiódorovich Lariónov

A Mijaíl Fiódorovich Lariónov le fascinaban las herramientas de los campesinos y de los leñadores, sus movimientos y los movimientos de las mulas. 

Hay en su obra un primitivismo cercano a la obra de Kazimir Malèvich o a las tallas y máscaras del arte africano que tanto interesaban a Picasso.

La depuración y la síntesis de aquellos elementos arcaicos llevaron a Lariónov a la abstracción. Con su amante Natalia Serguéievna Goncharova (1881-1962) definieron el "rayonismo", esta vanguardia rusa que podríamos entender como una abstracción vigorosa y maciza.

Cabeza de toro (1913) Mijaíl Fiódorovich Lariónov

¿Puede el artista promulgar un retorno al primitivismo y rechazar la civilización y la historia que nos ha precedido?, sí, pero la historia no hay quien la borre. 

Particularmente, prefiero la abstracción del rayonismo que la figuración del primitivismo. 

Las formas primitivas, la lascivia de los sátiros y las obsesiones percutivas del orate del tambor, son formas que la civilización y el arte han sabido poner al día. A esta evolución han contribuido la estatuaria griega, Dante, Hölderlin, Bach, Newton, Miguel Ángel, Mozart, Voltaire y tantos otros que, con su arte y su razón, han sabido convertir la piedra bruta en una piedra pulida.

viernes, 9 de octubre de 2026

Humedad del crepúsculo. Noche transfigurada

 

Mann an einem Tisch. Max Rauh (1888-1961)


Cuando las nieblas románticas del bosque alemán flirtean con el dodecafonismo, los árboles se transfiguran. Tambalea el poema del ocaso y se metamorfosea la oscuridad de la noche .

Es un romanticismo de visiones al bies, donde la verticalidad de los robles es sombra oscura y por los arroyos saltan las truchas, a veces estas truchas (Die Forelle) son ilusiones del espíritu.

Schönberg aspira la humedad del crepúsculo y transita por los senderos donde corrieron los gnomos del bosque prístino. Schönberg quería alejarse del romanticismo, pero en su Noche transfigurada (Verklärte Nacht) no lo logró. El pentagrama contenía antinomias dodecafónicas. 

Richard Dehmel, el hijo del guardia forestal, era un poco obseso y todavía confiaba en el clair de lune o en otras iluminaciones más lejanas de versos herméticos. Él había conocido la oscuridad de la noche transfigurada y sus versos inspiraron al músico.

¿Es, acaso, el resplandor del universo el destello de las pasiones humanas? No.



Noche transfigurada. Arnold Schönberg

https://www.youtube.com/watch?v=tGbDIHuLhxU

miércoles, 7 de octubre de 2026

Excrecencias vulgares

 


Pliegues, lorzas, secreciones, granos, arrugas, forúnculos,  excrecencias, estrías, colgajos, exudaciones, esquimosis…

Aunque nunca me ha atraído la fisiología ni tampoco la filosofía existencialista, puedo llegar a entender las aversiones de Jean Paul Sartre.

Entiendo la nausea, dejo el existencialismo y voy por otros derroteros: mi inclinación afectiva es la fría tersura de los mármoles clásicos.

lunes, 5 de octubre de 2026

Todo es pasable

 

Collage-peinture, 1934. Joan Miró


Aprés tout c’est un monde passable.


Creo que las palabras de Voltaire son exactas, especialmente cuando decía que todo en este mundo es “pasable”.


Leemos la historia y vemos como poco a poco la barbarie humana se va perfeccionando y sabemos de las diversas catástrofes naturales que nos han machacado.


De una manera objetiva podemos asegurar que todo es bastante horrible. Sin embargo, en medio de todo esto hay quienes aseguran que el mundo es soportable y lo es, prueba de ello es que por aquí andamos soportando la mala baba cósmica y la torpeza de los hombres y mujeres que van por la acera tropezando con los cuerpos y las ideas de sus semejantes.


También hemos oído decir a veces a una misma persona, que el mundo es soportable e insoportable y lo aseguran según les va la feria. 


Sí, ya sabemos que después de un derribo viene una nueva construcción, sabemos que todo es ondulante, objetivamente bestial y zarrapastroso, pero vamos tirando.


Entre lo uno y lo otro, comparto las palabras de Voltaire: Aprés tout c’est un monde passable

sábado, 3 de octubre de 2026

Sombra nocturna

 


En la noche de insomnios crujen las estructuras y los instrumentos de cuerda. Las sombras dejan sus huellas sobre el brillo desleído de los barnices. Son imágenes que se funden en la consistencia de la madera conglomerada.

Los ocres de otoño y el sonrojo de las vergüenzas son el universo nocturno de los recuerdos y del tiempo que pasa.

El enigma de la noche acompaña la oscuridad del sueño y del conocimiento invertido.

 

El ruido de las cañerías pone la música de fondo a un vacío que se contiene a sí mismo.