miércoles, 20 de junio de 2018

Cimas y valles




La guerra entre lo viejo y lo nuevo puede ser solamente una consideración aristotélica. Ocurre con la poesía y con todas las formas de expresión artística y de la sensibilidad humana: a unos periodos apolíneos siguen unos arrebatos dionisíacos, todos discurren siguiendo una línea invisible que se solapa con el antes y el después. No existe el sopetón.

Con paso lento, el arte baja del monte como hizo Zaratustra y con paso aún más lento sube a la cima del otro como si fuera un mesías apócrifo.

Un viento a veces huracanado y a veces una simple brisa ventilan las crestas y los valles.

Sí. Hay espíritus visionarios que alcanzan a ver las altas cumbres y de manera pronta, y de improviso producen una obra visionaria en medio de las hogueras de la incomprensión. Estoy pensando en Esopo, Virgilio, Locke, Descartes, Duns, Homero y también en Policleto, Miguel Ángel, Piero della Francesca, Joan Miró.

La obra de estos sabios no es el final de la batalla ni mucho menos de la guerra. Su obra es el huracán que se aproxima por oriente, por donde sale el sol que con su luz nos ilumina para que alcancemos a ver que la lucha continúa y nosotros somos parte de ella.

domingo, 17 de junio de 2018

Inicio de camino


El misántropo (1568) Pieter Brueghel
 
La encrucijada de caminos
provoca la duda de la ruta aciaga.
Después, el silencio.

Un sendero o la nostalgia.

Se acercan las golondrinas del solsticio
volando sobre los recuerdos y los tejados,
y por encima de este camino de zarzales,

un desbarajuste de brújulas.

viernes, 15 de junio de 2018

Diálogo ingrávido



-¿Por qué buscas, amigo Eduard, una condición incondicionada?, ¿no sabes que el ser es evanescente?

-Siento mucho incomodarte con mis inquietudes.

-No te preocupes. Sabes, Eduard, que de tu senectud aprendo. Tu experiencia tan inquieta es vivaz como la mirada de la lechuza.

-Los años pasan…, el tiempo es implacable.

-Querido y venerado Eduard, algunos apresurados ven en el paso del tiempo, un cambio de condición.

- El recogimiento en las torres de marfil que nuestra vejez edifica, condiciona nuestra índole. Es el aislamiento el que condiciona. El paso del tiempo no debería condicionar.

-Eduard, cuántos jóvenes conocemos, mezquinos, no condicionados aún por el paso del tiempo que siguen con su mezquindad y egoísmo

-Ellos ven en su vigor una fuerza incondicionada capaz de asolar la maldita Torre de Babel.

-Estimado Eduard, ¡caiga la Torre de Babel!