Anne Imhof
Los caminos por los que discurre el arte actual parecen orientarse por unos puntos cardinales extraños cuya situación se pierde en la oscuridad del tiempo que pasa, ¿o no?, quizá se pierde en la oscuridad de un espacio maligno.
Son caminos que se dispersan por un territorio de pitas y zarzas o entre amapolas de pétalos inconsistentes.
La dispersión es transversal. Nos resulta difícil encontrar en las obras de arte actual unos rasgos comunes o semejantes que permitan una clasificación aristotélica. Ya no podemos hablar de ismos, de escuelas o estilos artísticos. Es ocioso y prácticamente inútil hacer una clasificación de las diferentes expresiones artísticas que hoy se menean en medio de una realidad desquiciada. Flotan a la deriva sobre un tiempo líquido.
La dispersión diluye los límites, disemina los diferentes lenguajes artísticos. Ella es hija del caos y bien sabido es que no se puede trazar una línea que una dos puntos del caos.
La creación artística expresa la abolición y la negación de los límites del arte. Carece de origen, juega con el apartamiento y pretende expresar el fluir de las aguas que discurren por un río sin cauce.
La dispersión no tiene finalidad ni objetivos estéticos, se extiende y ya está. Es una digresión que apela al signo de los tiempos.
El arte de hoy, inmerso en la dispersión, hace lo que ha hecho siempre, expresar el signo de los tiempos.
Unos tiempos, los actuales, que se orientan según unas brújulas malignas.










