Escultura
de mármol realizada por Jean Antoine Houdon (1741-1828)
La escultura fue realizada en
1778 el mismo año de la muerte de Voltaire.
El
pensador está representado con la boca cerrada. A sus 84 años,
probablemente ya se le habrían caído bastantes muelas y dientes.
Comía
poco, seguramente lo justo para ir tirando ‒sopas
y caldos vegetales‒,
era inapetente y desesperanzado, confiaba muy poco en el
progreso moral del ser humano. Estas características son propias de
la edad provecta y del carácter volteriano.
De
viejo, uno las ha visto pasar de todos los colores y con tanta
mescolanza cromática acaba pensando que el color puro no existe.
¿Existen,
acaso, la virtud pura y el vicio puro?
-¡Tanta pureza, tanta pureza!-
Todo esto va desapareciendo como la dentadura de Voltaire.
Me
defiendo de una manera un poco
aceptable en italiano. Estudié
unos cursos de este idioma en el Istituto
Italiano di Cultura di
Barcellona, posteriormente
proseguí con cursos y cursillos con el estudio de la lengua de
Dante. Es un idioma que me gusta.
He
leído algunos textos de arquitectura en italiano (Carlo Aymonino,
Ludovico Quaroni, Leonardo Benevolo, Gulio Carlo Argan, etc.) Existe
una riquísima literatura sobre arquitectura y sobre historia y
crítica del arte en este idioma.
En
mis lecturas en italiano no han faltado los poemas de Dante,
Petrarca, Monti, Leopardi, Pascoli, Foscolo, Campana, Ungaretti,
Pavese y la más reciente Virginia Maria Clara von
Fürstenberg, etc. También algo de prosa de Tasso y del gran
Ludovico Ariosto, che tanta coglionerie aveva pigliato.
El
idioma de Dante lo encuentro tan hermoso como enrevesado, a veces, llegas a pensar que, por conocer un vocabulario más o menos extenso, ya crees dominar el idioma, pero no, no es así, su gramática compleja y el
valor del matiz son determinantes.
Definitivamente,
creo que no domino el italiano, he quedado estancado. Estoy
convencido de que no avanzaré más si no prospero en un mejor
conocimiento del latín. Es indispensable saber latín para poder
alcanzar un nivel razonable de la lengua de Dante. De momento lo
dejaré así, por ahora, no me veo metido en latines.
Mijaíl Fiódorovich Lariónov
(1881 - 1964) fue un pintor de lo robusto, de lo fuerte y lo recio, como
los campesinos que pintaba Malèvich.
Campesina con cubos y niño (1912) Kazimir Malèvich
La
obra de Lariónov se inspira en el folclore ancestral ruso, en el
arte rupestre. Su trazo es rudo y fornido, en cierta manera tosco
como la supervivencia. Su pintura no reconoce ironías, se reduce a lo
esencial de los elementos básicos de la vida: procurarse el alimento
y perpetuar la especie, esto es la comida y el sexo.
Lariónov rechazaba una
civilización que ha padecido el mal negocio de la historia.
El panadero (1909). Mijaíl Fiódorovich Lariónov
A
Mijaíl Fiódorovich Lariónov le fascinaban las herramientas de los
campesinos y de los leñadores, sus movimientos y los movimientos de las mulas.
Hay
en su obra un primitivismo cercano a la obra de Kazimir Malèvich o a
las tallas y máscaras del arte africano que tanto interesaban a
Picasso.
La
depuración y la síntesis de aquellos elementos arcaicos llevaron a
Lariónov a la abstracción. Con su amante Natalia Serguéievna
Goncharova (1881-1962) definieron el "rayonismo", esta
vanguardia rusa que podríamos entender como una abstracción
vigorosa y maciza.
Cabeza de toro (1913) Mijaíl Fiódorovich Lariónov
¿Puede el artista promulgar un retorno al primitivismo y rechazar la civilización y la historia que nos ha precedido?, sí, pero la historia no hay quien la borre.
Particularmente,
prefiero la abstracción del rayonismo que la figuración del
primitivismo.
Las formas primitivas, la lascivia de los sátiros y
las obsesiones percutivas del orate del tambor, son formas que la
civilización y el arte han sabido poner al día. A esta evolución han contribuido la estatuaria griega, Dante, Hölderlin, Bach, Newton,
Miguel Ángel, Mozart, Voltaire y tantos otros que, con su arte y su razón, han sabido
convertir la piedra bruta en una piedra pulida.
Cuando
las nieblas románticas del bosque alemán flirtean con el
dodecafonismo, los árboles se transfiguran. Tambalea el
poema del ocaso y se metamorfosea la oscuridad de la noche .
Es
un romanticismo de visiones al bies, donde la
verticalidad de los robles es sombra oscura y por los arroyos saltan las truchas, a veces estas truchas (Die Forelle) son
ilusiones del espíritu.
Schönberg
aspira la humedad del crepúsculo y transita por los senderos donde corrieron los gnomos del bosque prístino. Schönberg quería alejarse del romanticismo, pero en su Noche transfigurada (Verklärte Nacht)no lo logró. El pentagrama contenía antinomias dodecafónicas.
Richard
Dehmel, el hijo del guardia forestal, era un poco obseso y todavía confiaba en el clair
de lune o en otras iluminaciones más lejanas de versos
herméticos. Él había conocido la oscuridad de la noche transfigurada y sus versos inspiraron al músico.
¿Es,
acaso, el resplandor del universo el destello de las pasiones
humanas? No.
Creo que las palabras de Voltaire son exactas, especialmente cuando
decía que todo en este mundo es “pasable”.
Leemos la historia y vemos como poco a poco la barbarie humana se va
perfeccionando y sabemos de las diversas catástrofes naturales que
nos han machacado.
De una manera objetiva podemos asegurar que todo es bastante horrible. Sin embargo, en medio de todo esto hay quienes aseguran que el mundo es
soportable y lo es, prueba de ello es que por aquí
andamos soportando la mala baba cósmica y la torpeza de los hombres
y mujeres que van por la acera tropezando con los cuerpos y las ideas
de sus semejantes.
También hemos oído decir a veces a una misma persona, que el mundo es soportable e insoportable y lo aseguran según les va la feria.
Sí, ya sabemos que después de un derribo viene una nueva
construcción, sabemos que todo es ondulante, objetivamente bestial y
zarrapastroso, pero vamos tirando.
Entre lo uno y lo otro, comparto las palabras de Voltaire: Aprés
tout c’est un monde passable
En la noche de insomnios
crujen las estructuras y los instrumentos de cuerda. Las sombras
dejan sus huellas sobre el brillo desleído de los barnices. Son imágenes que se funden en la consistencia de la madera
conglomerada.
Los ocres de otoño y el sonrojo de las vergüenzas son el universo nocturno de los recuerdos y del tiempo que pasa.
El enigma de la noche acompaña la oscuridad del sueño y del conocimiento invertido.
El ruido de las cañerías pone la música de fondo a un vacío que se contiene a sí mismo.
El
alboroto de los medios de comunicación, las lucecitas
de colores de la publicidad, el estruendo de las sirenas, la
charlatanería y todo el ruido ambiental, están invadiendo nuestro
tiempo y nuestras calles, nuestra intimidad y nuestro sentido.
Reclamamos
silencio para poder ver el panorama y transitar por
él con tranquilidad, sin la mediación de las pantallas. Nos
incordian las músicas adocenadas, necesitamos un sigilo reposado y una paz espacial.
Somos
conscientes, en general, de la necesidad de sosiego y calma y sin
embargo, cada vez se celebran más festivales de músicas ruidosas,
fiestas rave ilegales o
breakbeat hardcore y otros bullicios parecidos, como
batucadas, ritmos caribeños, telefonillos inoportunos que suenan sin
cesar y tertulianos que quieren imponer sus razones a gritos.
Aquí,
no me refiero al ruido exclusivamente sonoro. Me refiero, además, al
estruendo ambiental de los mensajes, al espectáculo de la política,
a la difusión de noticias frívolas, falsas o innecesarias, a la
fraseología insignificante, la publicidad engañosa y la otra, los
whatsapps, las redes sociales, las pancartas coreadas por los
manifestantes, etc. y contra este ruido reclamo discreción y
templanza silenciosa.
A
veces, en medio del ruido mediático, ¡ay de mí!, me planteo cómo
podría yo contribuir al silencio. Me pregunto si mis opiniones
contribuyen también al ruido.
Pienso
que ante cualquier atropello no podemos permanecer callados, tenemos
derecho a protestar, sí, pero con nuestra opinión, ¿conseguiremos
que se calle el sujeto ruidoso que tenemos al lado? Con nuestra
voz, más o menos atenuada, ¿no estaremos dando argumentos a
los gritones para que griten más?
Un
artista amigo mío ‒era
un lógico-fobista‒
quiso pintar un cuadro titulado “la dimensión de un grito” pero
no lo consiguió. Le recomendé que escuchara la música de Arvo
Pärt, por ejemplo Sarah Was Ninety Years Old.
Creo
ver en la inteligencia artificial una pequeña luz de esperanza. Ya
sé que decir una cosa así, puede parecer un exabrupto o una
incorrección.
Hoy,
la mayoría de los opinadores dicen estar en contra de la
inteligencia artificial. A mí lo que más me preocupa es que
estuvieran en contra de la inteligencia ‒así, a secas, sin ningún
calificativo‒ ya ocurre que muchos están en contra de la inteligencia,
Quizá
alguien puede pensar que estoy a favor de la inteligencia artificial,
no, no y no. Yo estoy a favor de la inteligencia sin adjetivos: nada
de inteligencia expandida, nada de inteligencia emocional, nada de
inteligencia empática, nada de inteligencia superior, ni de la
múltiple, nada de inteligencia bifactorial, nada de inteligencia
múltiple, nada de inteligencia cristalizada y fluida…
Particularmente
creo que la inteligencia artificial es una herramienta potentísima
que deberemos aprender a utilizarla y que no nos queda otro remedio que
adaptarnos a la herramienta como nos hemos al adaptado al inodoro y
al tenedor mecánico de enroscar espaguetis.
Digo
que la inteligencia artificial abre una esperanza, sí, una esperanza
electrónica que nos obligará a confiar en las máquinas del
pensamiento, estas que se auto-programan y que son capaces de tomar
decisiones políticas que avergüenzan a más de uno de esos que charlan y charlan y apenas han leído a Cicerón, se avergüenzan (si es que tienen
vergüenza) y para disimularlo miente o se ríen.
Aguardaremos
a que venga la inteligencia artificial para que arreglar este
desaguisado.
Haremos como aquellos senadores que estaban “Esperando a
los bárbaros” tal como lo cuenta Konstantínos Kaváfis.
Es imprescindible que llegue la inteligencia artificial para que arregle lo que nosotros no sabemos arreglar y que arregle las aulas y los
parlamentos, los amores y los desamores, los deseos, los odios y las
venganzas.
¿Y si luego no llega? ¡Ay pobrecitos de nosotros!, ¿nos alegraremos o lo
lamentaremos?
Y
al final nos preguntaremos como Kaváfis:
¿Y
qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al
fin y al cabo, era una solución.
Lo
políticamente correcto se nutre de la incultura y a su
vez, va generando más incultura. Es lo contrario al
librepensamiento. Elabora un discurso carente de ideas, formado por consignas y frases
panfletarias.
No
voy a decir que el discurso políticamente correcto sea propio de
pusilánimes o cobardes. Es propio de quienes evitan pensar y
prefieren reunir unas determinadas consignas pueriles y remilgadas y
colocarlas unas a continuación de otras con la intención de
elaborar un relato que satisfaga a ingenuos, cándidos o incautos.
Lo
políticamente correcto se vale del eufemismo, de la adjetivación
blanda y de una falsa moderación de los significados; atenta contra
la visión objetiva de lo real y lleva la reflexión lógica a un
territorio emocional que ensombrece la percepción de la realidad.
El
lenguaje políticamente correcto complace a burócratas, a políticos
de medio pelo, psicopedagogos, maestrillos y maestrillas, autores de
libros de auto-ayuda, integrantes de flotillas y otros especímenes
que parecen andar por ahí con el lirio en la mano.
El
reduccionismo servido por lo políticamente correcto conduce a la
holgazanería intelectual.
EL SILENCIO DE EUTERPE. Breviario de silencios en la música de la modernidad
en español (ensayo)
Del Modern al Postmodern
español (ensayo)
JARDÍ ARDENT
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Francisco Ferrer Lerín . ARTE CASUAL
Capítulo: El Arte Casual, un debate sobre los límites del arte (libro colectivo)
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EL CAMINANTE Y LA URRACA - EL CAMINANT I LA GARSA
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