
La
merma es algo indeseable, nadie la quiere.
La merma tiene un coste
que de una u otra manera debemos asumir.
Sería
prolijo detallar el tipo de mermas que tenemos que pagar. En el caso de la agricultura, van desde
la pérdida de cultivos, la podredumbre de frutas, los errores de manipulación,
el almacenamiento y transporte, las plagas, los factores climáticos
adversos...
En
la industria ganadera nos encontramos con epidemias, mortalidad,
pérdida de peso de las carnes por deshidratación, oreo y por el
traslado de reses a los mataderos autorizados.
En
la industria y el comercio nos encontramos con ineficiencia en los
procesos de producción, degradación de materias primas, averías,
errores, sabotajes, espionaje industrial, robos, descontrol de
patentes, deterioro de existencias, caducidad de productos, etc.
La
merma no sólo la encontramos en el sector primario, en la industria
y el comercio, también la hay en la política y en la administración
pública y, como no, en las relaciones humanas:
exceso de
charlatanería, pérdida de tiempo, propaganda institucional, peleas
partidistas, burocracia y más burocracia y otra vez burocracia,
corrupción, golpes bajos, privilegios y prebendas injustificadas.
Ocurre, sin
embargo, que algunos oportunistas avispados quieren cargar la merma
al vecino, dicen que la merma no va con ellos y no están dispuestos
a asumir la parte de podredumbre que les corresponde.
El
frutero al que se le han estropeado unos quilos de mandarinas o de
peras limoneras, cargará su perdida incrementando el precio de las
demás frutas aprovechables que habrá podido vender; el promotor
inmobiliario al que le obligan a construir un 30% de viviendas
sociales y a venderlas a precio reducido, pues revertirá el coste de
esta merma inmobiliaria sobre las demás viviendas que las venderá a
precio más alto.
La administración pública aumentará los
impuestos para asumir la merma derivada de la burocracia y de los
elevados sueldos de muchos los cargos públicos que son inútiles con
carnet y así poder saciar sus estómagos agradecidos... y así ir "tirando" y sucesivamente, iremos
soportando mermas y pagando el coste de lo podrido.
Por
otra parte, hay otros individuos que, lejos de rechazar la merma, lo
que hacen es agarrarse a ella para sacar provecho.
Recogen
la porquería y lo despreciable para hacer propaganda y negocio:
propaganda porque elaboran un
lenguaje políticamente correcto que nos habla de reciclaje, de
economía circular y del aprovechamiento de las heces;
y oportunidad de negocio, porque con todo esto montan un entramado a veces positivo y otras
veces sólo se dedica a remover la suciedad. Esta es una de las
razones por las que no voy a ciertos restaurantes ni compro ciertos
productos.

Nota.-
Este texto lo había escrito inicialmente en italiano, había surgido
de las expresiones italianas, lo sporco, la semplice perdita
e la porca miseria.
Finalmente
lo publico en castellano porque en italiano todavía cometo muchas
faltas de ortografía y sería un escrito repleto de mermas.