En Sassoferrato, cerca de Recanati donde suelo visitar a mis amigos, Eón caminaba por la cinta de Moebius, lo hacía como si anduviera sobre una alfombra.
Eón es un dios imparcial, es el tiempo eterno, no tiene límites ni partes. Camina con pasos interminables por la superficie alabeada de la cinta de Moebius.
El ayer, el hoy y el mañana están en la cinta. Nunca se acaba, sin principio ni final. Con su eternidad, Eón desafía a Cronos.
En la cinta no hay un “más allá”, no tiene bordes ni caras, es una superficie que vuelve sobre sí, se recompone, lo que está delante discurre y vuelve otra vez a estar delante, el pretérito se hace futuro y vuelve otra vez y el presente es un paso alabeado.
Mientras la rueda del tiempo gira y el chirriar del eje de la noria ensordece al paso de las estaciones, Eirene, Dice y Eunomia contemplan el camino de Eón.
Vuelvo a Recanati allí me esperan mis amigos, iremos a Porto Recanati para merendar delante del mar y, aunque ellos ya saben de qué va el asunto, les hablaré acerca de la cinta de Moebius y de ese dios de pasos interminables. Ellos también han estado en Sentinum.