Mostrando entradas con la etiqueta LES HORES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LES HORES. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de mayo de 2022

Camino por la cinta de Moebius

 


 

En Sassoferrato, cerca de Recanati donde suelo visitar a mis amigos, Eón caminaba por la cinta de Moebius, lo hacía como si anduviera sobre una alfombra.

 

Eón es un dios imparcial, es el tiempo eterno, no tiene límites ni partes. Camina con pasos interminables por la superficie alabeada de la cinta de Moebius.


El ayer, el hoy y el mañana están en la cinta. Nunca se acaba, sin principio ni final. Con su eternidad, Eón desafía a Cronos.


En la cinta no hay un “más allá”, no tiene bordes ni caras, es una superficie que vuelve sobre sí, se recompone, lo que está delante discurre y vuelve otra vez a estar delante, el pretérito se hace futuro y vuelve otra vez y el presente es un paso alabeado.


Mientras la rueda del tiempo gira y el chirriar del eje de la noria ensordece al paso de las estaciones, Eirene, Dice y Eunomia contemplan el camino de Eón.


Vuelvo a Recanati allí me esperan mis amigos, iremos a Porto Recanati para merendar delante del mar y, aunque ellos ya saben de qué va el asunto, les hablaré acerca de la cinta de Moebius y de ese dios de pasos interminables. Ellos también han estado en Sentinum.

lunes, 24 de enero de 2022

La sombra y la noria del tiempo

 

“Luz, más luz” exclamaba Goethe en su hora suprema. 


Luz es lo que presiente el ser humano cuando está atado a las paredes de la caverna de Platón. La luz es un presentimiento.


Las sombras pasan y pasan. En la oscuridad oímos el chirriar del eje de la noria del tiempo. Esa rueda que no cesa y que las Horas, Eirene, Dice y Eunomia, hijas de Zeus, la van moviendo.


¡Clepsidra eterna! ¡Giro eterno de las esferas amigas!


Todos continuamos en la caverna de Platón y las hijas de Zeus nos observan mientras mueven la rueda. Allí atados en las paredes, las sombras son la conciencia de que al final todo acaba en una sombra profunda.


(Por cierto, tengo una vecina, reconocidísima y extraordinaria poeta, que quiere matar a Platón)


Oscuridad y transcurso de las estaciones del año. No me extrañaría que Demócrito, aquel matemático presocrático que nos hablaba de las partículas mientras paseaba por la orilla del río Nestos, sintiera la oscuridad profunda que se encierra en la naturaleza.


Yo añadiría que la oscuridad de las partículas es la misma que la que hallamos en un cuerpo enamorado. Con mi ironía, mi escepticismo y mi humor un poco rabioso, permitidme que pase de las sombras de las partículas a las sombras del universo.


Parece ser, según los cálculos recientes, que la materia bariónica, que es la luminosa, sólo constituye el 4% de la masa del universo. El resto, el 96%, es oscuridad. Este 96% se reparte entre un 73% que es energía oscura y un 23% que es materia oscura.


Con estos porcentajes no es de extrañar que la historia de los pueblos, la barbarie, la indigencia intelectual, el odio, las venganzas y la condición humana sean lo que son: pura oscuridad.


De todas maneras, siempre llega el momento de relativizarlo todo, o de poetizar sobre ello, que son las formas más inteligentes que posee el ser humano y que le permiten enfrentarse a la realidad ya sea luminosa o negra como el carbón.

martes, 16 de junio de 2020

El relojero

 Fermall. Ramon Puig Cuyás

El reloj de la historia no se detiene. Sus saetas han señalado todo tipo desgracias y sigue la cuerda. Tic tac, tic tac…

La historia es un mal negocio y las calamidades siguen. Cuando se entrecruza un momento fugaz de felicidad el minutero sigue.

Iluminados, gurús parlanchines, ingenuos de buena voluntad y otros embaucadores han propuesto detener el reloj de la historia. Así, evitarían que ocurrieran nuevas desgracias. Acomodados, ya no vendrán peligros nuevos.

Ahora la tarea la tiene el relojero especializado en paralizar las manecillas. Es un profesional avezado en la anti-relojería. Es el apañarrelojes de la inmovilidad. Utiliza herramientas de precisión, toquetea engranajes y esferas, pero el reloj no se detiene.

Tic tac, tic tac, tic tac…

Las agujas van señalando las horas de las estafas y de los engaños. En cada ciclo del tiempo, la barbarie se perfecciona. 

A pesar de la habilidad del profesional de la anti-relojería y su empeño en parar el tiempo, el vaivén del péndulo no se detiene y la inquina y las desgracias aparecen una y otra vez.

En cada ciclo horario, el apañarrelojes presenta su minuta de honorarios: horarios y honorarios, minutas y minutos, todo se sucede en el eterno giro de la noria del tiempo.

Mientras, el iluminado va convenciendo a todos que vendrá un tiempo mejor donde los relojes marcarán la hora de comer caviar y habrá caviar para todos y la hora de tomar un vermut y habrá vermut del bueno para todos.