miércoles, 10 de junio de 2026

El maná

 
Cabeza. William Wauer


El maná caía del cielo. Era el alimento que la Divina Providencia regalaba a los que huían por el desierto.

Cuando el rocío se evaporaba aparecía el maná sobre las hojas frescas y, otra vez, volvía a aparecer con el crepúsculo.

Era el "pan de vida" que Dios ofrecía a su pueblo elegido, las mujeres y los hombres ilusionados que iban camino de la Tierra Prometida.

El maná era de color blanco como la pureza y a veces, ligeramente tostado, tenía el color de la mirra.

Eran unas obleas con miel y semillas de cilantro molidas y horneadas, aromatizadas con resina dulce de tamarisco.

¿A qué sabía el maná?

El maná siempre sabía a lo que más deseaba o gustaba a quien lo comía.

Si a uno le gustaban los pies de cerdo, pues el maná sabía a pies de cerdo y si a otro le gustaban los callos a la madrileña, pues sabía a callos, o sabía a torrijas si a uno le gustaban las torrijas.

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