martes, 2 de junio de 2026

Éramos jóvenes ilusionados

Markus Lüpertz. Sin título (1987)



Éramos jóvenes ilusionados -¡que bonita y positiva es la ilusión de los jóvenes!-, queríamos cambiar el mundo, veíamos que el aborregamiento general se instalaba en la sociedad y queríamos liquidar todo esto. Los más intelectualizados hablaban de enajenamiento y todos decíamos que íbamos a romper moldes para acabar con el consumismo atroz. Otros se dedicaban a ponerse flores en el pelo.

Tic-tac, tic-tac... El reloj incansable marcaba los días, la ondulación de las ilusiones y todo iba cambiando.

Las escuelas de negocios, hacían un buen negocio repartiendo títulos y cada vez había jóvenes más preparados y los nuevos yuppies se empeñaban en cambiar el mundo a su manera y beneficio. Sin saber muy bien como era el mundo.

Avanzábamos. Tic-tac, tic-tac... Asistimos a algunos progresos como por ejemplo el invento de la máquina para hacer bacalao al pil-pil o el tenedor mecánico para enrollar espaguetis.

Los jóvenes suficientemente preparados, recién graduados en las escuelas de negocios, proponían nuevas formas de consumo: comercio on-line y fiestas comerciales como el Black Friday o el Cyber Monday, Días Blancos, etc.

También inventaban nuevas fiestas para el ocio consumista y feliz: Halloween, San Valentín, y otras formas de globalización del jolgorio que inducen al consumo exagerado, aquel que tanto repugnaba a los jóvenes ilusionados.

Tampoco las nuevas formas de comunicación (redes sociales, publicidad agresiva y medios de comunicación) contribuyeron a la disminución del aborregamiento general, más bien supusieron una globalización de la enajenación.

Las ilusiones de juventud son un bien que proporciona fuerzas para salir adelante y huir del tedio y la soledad. Son un puro ánimo del espíritu y a la vez, son uno de los motores que mueven el mundo.

Luego llegan el principio de la realidad, los brokers de wall street, las noticias manipuladas, la agresión de la publicidad, las escuelas de negocios y las otras escuelas -desde párvulos hasta la enseñanza superior-. A todos ellos se añade la agresión de la naturaleza inclemente, la inseguridad jurídica, la política de los corruptos y de los que engañan, etc. todos se encargan de desilusionar al más ilusionado y de poner las cosas en su sitio: en un mal sitio.