Mostrando entradas con la etiqueta EL CAMINANTE Y LA URRACA. Prosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta EL CAMINANTE Y LA URRACA. Prosa. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de noviembre de 2025

La patria es un lugar impreciso

 

La patria ocupa un lugar bastante inhóspito en el pensamiento. Es un suelo donde crecen flores que enseguida se marchitan dejando, muchas veces, olores de putrefacción.

Muchos se han preguntado dónde se ubica su patria.

Quien más, quien menos ha intentado buscar un emplazamiento en el suelo o en la memoria y sin rubor ha dicho la suya. Aquel que dice que la patria está donde se pace más que donde se nace, aquel otro que no ve otra patria que aquella tierra que estuvo bajo su cuna, o que es el lugar donde le parieron, también se ha dicho que es el paisaje de la infancia.

Unos hablan de lugares y otros de recuerdos. Unos hablan de geografías políticas y fronteras y otros de orgullos envanecidos.

Las pavesas enardecidas por los fuegos ajenos flotan sobre los límites fronterizos.

Las urracas y los buitres vuelan por encima de los campos, traspasan las fronteras, roban aquí y allá y se alimentan de la carroña de uno y de otro lado.

Discurren las estaciones y la patria permanece en el pensamiento como un accidente psicológico.

A veces en esta patria temporal gozamos de un acierta placidez, tranquilidad, bienestar, dicha, deleite, todo esto va con el paso de las primaveras, con la luz de la lluvia de abril y con la brisa que mece los arbustillos de estas suaves colinas del litoral. Y a veces, sobre este mismo suelo tenemos que aguantar la mala baba cósmica de la naturaleza.

Sin embargo, tanto el goce como la inclemencia natural, son independientes del topónimo y del himno y no tienen nada que ver con la geología que rodeó la cuna y el único himno es el de la cuneta interminable de la libertad.


jueves, 27 de marzo de 2025

Encandilamientos

 
Formas puras coloreadas. Juan Serano (Equipo 57)


Desconfío de las utopías que prometen iluminaciones deslumbrantes y una sociedad más rica y mejor, donde habrá bocadillos de jamón para todos, incluso charcutería adaptada para veganos.

No me fío de los charlatanes que tanto prometen, ni de la sublimación de la burocracia. Unos gritan y a otros, con un silencio enrevesado, los hacen callar.

Nos quieren convencer de que a ellos no les alcanzan ni las infecciones ni los achaques. Y nos dicen que, si les seguimos, tampoco a nosotros nos alcanzarán.

No creo que desaparezcan ni los dolores ni las enfermedades. Ni creo que desaparezcan los idiotas del poder por más utópica que sea la sociedad que nos prometen.

Continuaremos engullendo, intentando digerir las consecuencias del poder. Desde que el humano se puso en cuclillas para defecar y hasta hoy, aún no nos hemos empachado.

Ante la desconfianza en la utopía y en la suspicacia de sus hechizos, no veo que aquella sea una razón para luchar. Como máximo, puedo llegar a conceder una pequeña indulgencia por el entusiasmo e imaginación de los amigos animosos, aquellos que aún creen que la historia puede ser un buen negocio.

Falansterio de Charles Fourier


La utopía proporcionó un programa arquitectónico para el diseño de edificios con grandes salas comunitarias, celdas inhóspitas para cada individuo y con muchas ventanas desde las que no se veía otro panorama que el que se cuece en el interior del gran caserón colectivo.

Falansterios, familisterios o grandes templos ecuménicos, donde todos los iguales son muy iguales y la abstracción se materializa en forma de reglamento.

Son construcciones utópicas que se asientan sobre unos cimientos de ingenuidad. Es como si reposaran en unos estratos del terreno que no pertenecen a la corteza de este planeta.

Todo encandilamiento utópico es un portento de sensiblería.

sábado, 22 de marzo de 2025

Todos de la misma ralea

PH-950 (1950). Clyfford Still 



Pintan malos tiempos para el bípedo sin plumas y el pájaro de mal agüero.

Mientras tanto, el caso es rapiñar y aprovecharse de vivos y muertos. Corrupción, estafa o robo descarado.

Unos van directamente a los ojos, otros a las ubres o a chupar de la teta, unos gritan y parlamentan para llamar la atención, otros destripan cuanto encuentran y meten el pico y la espada donde convenga para procurarse el sustento.

Algunos, con más sutileza, también parlotean y echan discursos para conseguir que otros usen la espada o el machete y les mantengan con todo boato.

El caso es que todos, de la misma ralea y con el objetivo de aniquilar, se están armando hasta los dientes.

De mi libro "El caminante y la urraca" 

publicado en 2010

sábado, 9 de noviembre de 2024

Muros

 
Rostropovich tocando ante el muro de Berlín


Hoy hace 35 años que se derribó el muro de Berlín


Las notas pueden volar por encima del muro, son como la oropéndola europea o la alondra que asciende.


El muro está ahí, con sus cimientos hincados en los estratos del terreno de la iniquidad. Al otro lado, un mar de cipreses donde se ahogan aquellos que siempre quieren tener la última palabra. 


Sin embargo, nunca un muro podrá detener la música o el vuelo de la mente humana.

sábado, 18 de mayo de 2024

Muralla

 



Almenas y barbacanas defienden la ciudad. La protegen del ataque del invasor que llega del otro lado.

La muralla es alta, sus cimientos son de basalto y odio. Sus paredes se han construido con sillares ciclópeos que ocultan cuerpos emparedados que combinaron los jugos de su descomposición con la argamasa de arcilla o el mortero de cal.

Los constructores sabían que cuando se emparedaba un hombre entre los muros de mampostería, el fraguado de los morteros se aceleraba, sin embargo, poco les importaba la aceleración del fraguado, no había prisa en la construcción de las murallas. Nunca se emparedó un cuerpo para acabar más deprisa la construcción, se hacía para acabar con él, no había otros motivos.

De mi libro

El caminante y la urraca

viernes, 3 de mayo de 2024

La ciudad del más allá



La ciudad del más allá está situada entre el paraíso perdido y la "ciudad divina".

La ciudad del más allá tiene unas calles retorcidas, las cloacas están a cielo abierto, tiene puentes que empiezan en una orilla del río y no llegan a la otra, los edificios no se reflejan en los estanques y los neones son de luz escatológica. En los parques se amontonan las angustias. 

Quienes no salieron jamás de aquella ciudad, dicen que es la ciudad de Dios, que es la ciudad ideal y que sus palacios tienen bóvedas de eternidad.

Desde esta insignificante colina en la que nos encontramos, vemos como se bifurcan los caminos. 

Cada caminante tiene un urbanismo ideal en su magín. 

domingo, 3 de marzo de 2024

Estofa

Cuatro figuras (1993). Xavier Franquesa 


Ya sea por especie, género o cualidad, todos somos, más o menos, de la misma ralea: el bípedo que se peina y el pájaro de mal agüero, todos vamos transportando nuestra osamenta y las bacterias que nos acompañan.

Todos rapiñan y se aprovechan de vivos y de muertos. Unos atacan y van directamente a los ojos de la presa, otros a las flácidas ubres; unos gritan y otros graznan. Unos parlamentan para engatusar y llamar la atención y otros destripan cuanto encuentran y meten el pico o la espada donde convenga con el único fin de procurarse el sustento o para nutrir su vanidad.

Algunos, con más sutileza, también parlotean y sueltan discursos para incitar a otros a que utilicen la espada y les mantengan con todo lujo y boato. 


de mi libro

El caminante y la urraca

martes, 28 de marzo de 2023

Fronteras de doble muro

 

Imagen 2, Anselm Kiefer

 

 

Los constructores más avezados creyeron que la frontera de doble muro era más segura que las que tenían un único paño. 


Algunos límites fronterizos se han construido con muros dobles, dejando un espacio entre ellos. En el muro de Berlín este espacio era de anchura variable. Entre los dos muros, apareció una fauna que no fue amenazada por ningún depredador animal o humano, ya fuera vigilante o centinela.


En el corredor que quedaba entre los dos paños del muro de Berlín, proliferaron unos conejos de color gris cloaca, de largas orejas y algo torpes.


- Tcha-tcha-tcha-tcha-tcha.

 

- ¿Tienes envidia, urraca de plumas tornasoladas, de estos conejos, cuya libertad y seguridad está entre dos muros?

 

De El caminante y la urraca.

miércoles, 22 de marzo de 2023

Dos puentes

 

 


Sólo existen dos puentes que conducen al otro lado. Uno apunta a mediodía y el otro mira a septentrión. Son, por lo tanto, paralelos.

Los dos puentes son de piedra y no atraviesan ningún río. Se construyeron sobre un mar de zarzales y de glaciares encendidos. Unen dos tierras ubérrimas y contiguas donde crece la albahaca y las adelfas florecen durante todo el año.

En medio de cada puente está la cabina del fielato.

Para llevar el arte y la razón al otro lado del puente hay que pagar un peaje muy caro.


de "El caminante y la urraca"

miércoles, 5 de marzo de 2014

La gran puerta de Kiev


 
Proyecto para la construcción de una Gran Puerta en Kiev
arquitectoViktor Alexandrovich Hartmann



- Avanzas por la planicie moviendo rítmicamente la cola, tienes unos andares parecidos al zorzal. Estas cunetas eslavas son interminables. Te cansas de caminar por estos campos que no se acaban nunca.

- Chac, chac, chac, chac, chac.

- Después de tanto pueblo miserable dispuesto sin orden ni concierto sobre esta planicie inmensa llegamos por fin a la gran capital.

Aquí los guardianes de la patria sólo se han preocupado de tener controlado el rebaño. El zar ordenó levantar una puerta monumental para entrar a la ciudad y sentirse, entre vítores, un héroe bogatir. Todo quedó en unos planos. La puerta no se llegó a construir.

- Chac, chac, chac, chac, chac.

- No sé si te ríes o te lamentas, a veces confundo tu matraqueo.

En el plano hay dibujadas tres campanas de bronce severo cuyos badajos de sangre repicaran cada vez que los patriotas atraviesen la magnífica puerta de tres arcos.

Pasarán bajo la puerta cada vez que ganen una batalla y hayan dejado los cuerpos vencidos tendidos sobre los campos helados.

Y las campanas anunciarán la victoria con un repique asimétrico,
y el campanario de irrisoria cúpula temblará,
pero no temblarán los pasos firmes del ínclito vencedor de Kiev.

Tres ojos tendrá la gran puerta de Kiev, -así lo detalla el proyecto de esta arquitectura de la nada- sólo tres ojos que nada ven porqué no hay nada que ver. A un lado y al otro de la puerta todo es igual. La lucha encarnizada por el dominio de unos sobre otros y para protegerse del patriota que deja su huella bajo los arcos de la gran puerta de Kiev.

martes, 6 de noviembre de 2012

El imposible túmulo de Polinices



Espiral con manchas.  
Cerámica.  
Gaston Memoli

Los muros de la ciudad son húmedos, el aire se ha hecho pesado y en esta noche se vislumbran antorchas lejanas. La muralla de imponentes sillares es impenetrable. A extramuros, el joven guerrero yace muerto, pues el tirano no ha permitido que su cuerpo entrara en la ciudad. Antígona se sobresalta con horror, por segunda vez profiere un grito pavoroso ante el cuerpo inerte de Polinices. Sabe que Creonte espera su sumisión incondicional. El dolor impide pensar a Antígona, ahora solo llora desesperadamente ante el cuerpo sin vida de su hermano querido.

Las aves de la noche dibujan círculos concéntricos.

A pesar de la prohibición decretada por Creonte de enterrar a Polinices, so pena de severos castigos, Antígona pedirá a Ismene que le preste su ayuda para hacerlo, está convencida de que su hermana, desafiando el castigo, accederá, pues, se trata del cuerpo de su hermano.

En esta noche tan negra, Polinices parece el centro del mundo y de la ley. En esta noche tan lóbrega, Antígona desobedece la ley oponiéndose al tirano.

Creonte domina con mano de hierro las leyes de los hombres, pero Antígona, desafiándolas, obedece la ley no escrita, el código eterno de su corazón.

Al amanecer, la que fue báculo de Edipo, la hija del rey ciego, la joven fuerte que ahora llora bajo la noche inmensa, hablará a los sabios. Está decidida a enfrentarse a Creonte. A todos pedirá la complicidad civil para seguir los designios de su corazón y poder, así, dar sepultura a Polinices.

-¿Sabes, Antígona, que te enfrentas a las leyes de la ciudad?
-Quiero a mi hermano.
-El amor de una jovencita no puede resquebrajar la ley.
-Respetaré la ley. Tiraré un puñado de polvo encima de Polinices y cumpliré mi ley.

El alba es más oscura que la noche. El latido de las alas de los buitres retumba en la cabeza de Antígona, las aves carroñeras no se atreven a acercarse al cuerpo del héroe. Sola, Antígona, atiende a la razón sagrada que le fue inculcada por sus progenitores. Larga saga de reyes.

-No te atreverás a enterrar tu hermano
-Lo haré yo sola,  frente a todos
-Te juegas la vida. Creonte lo ha dictaminado así y cumplirá la ley
-Yo cumpliré mi ley. Ya lo he dicho.


-Cha, cha, cha, cha, cha.
-Sí urraca, sí. Muertos, leyes y murallas; antiguas venganzas y maldiciones y una chica joven llorando ante el cadáver de su hermano que ha muerto a espada, asesinado por su otro hermano.

martes, 16 de octubre de 2012

Naufragio


Sello de coralina. 1450-1300 a.C Knossos

Que no se tornen rancias. Es preciso que las lágrimas, aún las más antiguas, salgan del saco lacrimal y que, a pesar del llanto, podamos ver más lejos y más claro.

Nunca se presenta sola, la muerte se acompaña de expatriación y en el filo de su guadaña se reflejan los paisajes patrios.

Aunque sobrevuele el albatros y las sirenas entonen sus dolosos cantos, en el naufragio, la muerte es una idea de ausencia.

Pasaremos horas delante del mar en calma escuchando el grito de las golondrinas.

Los ausentes no regresarán, permanecerán en el fondo.

Del libro
El Caminante y la Urraca

lunes, 25 de junio de 2012

Ubicaciones


Joan Miró- Josep Llorens Artigas
Estela de doble cara (1956)
80x50x6 cm
Gres y esmalte


La patria ocupa, con toda probabilidad, un lugar muy inhóspito en el pensamiento. Este suelo áspero y rudo se abonó con estiércol del malo y las flores se marchitaron, solo quedaron los olores putrefactos.

-Chac, chac, chac, chac.

-Deja ya de graznar, urraca ladrona.

El afán por saber donde se ubica la patria de cada uno es secular. Quien más, quien menos ha intentado buscar un emplazamiento en el suelo o en la memoria y sin rubor ha dicho la suya. Aquel que dice que la patria está donde se pace más que donde se nace, aquel otro que no ve otra patria que aquella tierra que estuvo bajo su cuna, o que es el lugar donde le parieron, también se ha dicho que es el paisaje de la infancia.

-Ya ves, urraca ladrona, unos hablan de lugares y otros de recuerdos.

Placidez, tranquilidad, bienestar, bienandanza, dicha, deleite, todo esto va con el paso de las primaveras, con la luz de la lluvia de abril y con la brisa que mece los arbustillos de estas suaves colinas del litoral. El goce es independiente del topónimo y del himno y no tiene nada que ver con la geología que rodeó la cuna y el único himno es el de la cuneta interminable de la libertad.


Del libro "El caminante y la urraca". Francesc Cornadó

miércoles, 11 de abril de 2012

La fornicación de los pajaritos



Los ruiseñores, jilgueros, gorriones, catachines, pinzones, trigueras, camachuelos y otros pajaritos de lengua insignificante son muy promiscuos. Vuelan entre las copas y saltan de rama en rama fornicando sin parar. Siempre cantan. Sus trinos inspiraron a Mársias.

Otros, como loros, cacatúas, guacamayos, cotorrillas y demás especies de lengua carnosa se emparejan de por vida. No cantan, fornican menos y hablan más.


-Tú, urraca bicolor de plumas blancas y tornasoladas, no cantas y no hablas, matraqueas como un obispo y, después de un cierto entrenamiento, puedes llegar a parlotear. Piensa, sin embargo, que no lo podrás decir todo. En eso de la palabra también hay límites. En cuanto a la fornicación, tú sabrás, pero ten cuidado, los obispos también ponen límites.


- Chac, chac, chac, chac, chac.


-Vuela, mete el pico donde puedas. Vuelve con tus congéneres.


Yo, con las suelas rotas, continuaré por los caminos, hasta los riscos helénicos e iré a las ciudades donde paseó Diógenes con su candil.


Me embarcaré. Desde la nave contemplaré Citerea, isla anhelada, tierra de miel y vino por la que muchos infelices vendieron su libre albedrío. Con calma y con un equipaje liviano, arribaré, al otro lado del mar.


Unas vastas tierras se extienden, entre desiertos, hasta el paraíso de los dos ríos. En las tierras de Ciro hay ruinas de antiguas murallas, ciudades inexistentes de jardines colgantes y recuerdos de la torre que quiso llegar al cielo, la construcción orgullosa destruida por la confusión.


Al pie de la torre de Babel, aquellos insensatos, tuvieron que reencontrar el nombre de cada cosa, e hicieron de cada palabra un encuentro artístico. En otras palabras, dieron nombre a la claridad y a las sombras prístinas. Para conseguirlo sólo tuvieron que dejar que la morfología de las rocas, el vuelo de las aves y el murmullo de los meandros se sobrepusieran al egoísmo y que la naturaleza imitara el nuevo arte de la palabra.


El desierto no detendrá mis pasos. Iré a la ciudad antigua, donde está la calle de la Amargura, donde se lamentan ante el muro, donde cuentan las victorias de Judas Macabeo y las hazañas de Senaquerib.



De "  El caminante y la urraca"

martes, 13 de septiembre de 2011

CITEREA

Ocell, insecte, constel·lació. Joan Miró

Desde lo alto del peñasco, quizás en días despejados podamos divisar Citerea, la isla de los sueños barrocos. Cuántos hubiesen vendido su libertad por llegar a la isla galante, donde Afrodita tiene su templo.

Citerea fue sueño de aristócratas de pelucas empolvadas y de haraganes que querían vivir con el espinazo tieso que, juntos, se embarcaron en la nave de Watteau rumbo a la libertad que creían encontrar en el paraíso insular de Citerea.

En realidad, querida urraca, lo que buscaban era el libertinaje. Buscaban encontrar la tierra de la promiscuidad.

- Chac, chac, chac, chac, chac.

- ¿Qué ocurre? ¿Cómo es que siempre hemos situado las utopías en las islas lejanas?

Son las islas de la razón donde se cumplen las ilusiones y que están rodeadas de aguas tenebrosas donde viven las sirenas. Por arribar a la isla estamos dispuestos incluso a embelesarnos con los melifluos cantos de las hijas de Aqueloo, ¡Insensatos!

Podrás embarcarte. Para llegar a Citerea deberás sortear riscos que apenas emergen peligrosamente junto a las orillas de la isla, pero que están ahí para impedirte que arribes a la costa. Cada vez que sortees un escollo y cada vez que salgas indemne de un canto de sirena se acrecentará tu delirio y tu afán por llegar a la isla. El viaje hacia la utopía se convertirá en una travesía donde la sinrazón irá en aumento.

- E la nave va.

- Sí, navegando sobre el mar tenebroso.

- Chac, chac, chac, chac, chac.

- ¿Tienes miedo, pájaro ladrón? ¿Te acobarda llegar a Citerea?

- Chac, chac, chac, chac, chac.

- Al llegar a la ínsula añorada, encontraremos peñascos calcinados por donde trepan las cabras, una tierra donde las abejas zumban entre arbustillos y pitas, donde no se encuentran los sueños salvadores y donde nuestras esperanzas quedan reducidas a algunas sombras bajo el mirabolano.

Ahora, desde lo alto del acantilado, oteando el horizonte, puede que nuestra única utopía sea el ardid, la trampa, la astucia, sea el afán que mentalmente nos lleva a Citerea, pues allí en la isla, la tierra es baldía; eso sí, desprovista de fronteras. Es tan pequeña.

de "El caminante y la urraca"

domingo, 29 de mayo de 2011

El caminante



Ni Virgilio ni ningún otro poeta me acompañan.
...
L’homme y passe à travers des forêts de symboles Qui l’observent avec des regards familiers. Comme de longs échos qui de loin se confondent Dans une ténébreuse et profonde unité, Vaste comme la nuit et comme la clarté, Les parfums, les couleurs et les sons se répondent. ...

Mientras me contemplan las miradas familiares me preparo para penetrar en el bosque de los símbolos.

Escucharé la voz burlona del eco que responde a los sonidos, a los colores y a los perfumes. Pasaré la tenebrosa y profunda unidad, vasta como la luz, como la noche.

No pretendo ir más allá de esta tierra baldía, de estas soleadas costas, de este mar tan nuestro. No bajaré al Infierno, ni iré al Purgatorio, tampoco al Cielo con Beatrice. No subiré al castillo de Duino.

Ahora un paso, ahora otro. Camino por el amplio valle y por todas partes observo que gentes vencidas, resguardadas bajo las copas de las encinas, aún tienen problemas de conciencia.

Ahora un paso, ahora otro. Camino junto al mar y observo las torres y los palacios de los poderosos, estos no tienen, aún, problemas de conciencia.


de libro El caminante y la urraca

jueves, 28 de abril de 2011

Entre fronteras


Desde este límite al otro se extiende un territorio más o menos vasto. Crecen en él abedules o encinas, pero a su sombra, una inquina que nos es familiar produce los mismos errores, de generación en generación, y las mismas bestialidades de siempre.

- Chac, chac, chac, chac, chac.

- No te esfuerces, urraca querida. Nada se aprende de la historia, ésta es, no en vano, una mala pasada.

sábado, 16 de abril de 2011

Límite personal

- Vamos a descansar, urraca, junto al lago de juncos. La superficie de las aguas refleja el vuelo de los estorninos. Estos pájaros trazan círculos en el cielo como las ondas del agua.

Ves mi rostro reflejado también en el lago. Mi rostro parece el de un Narciso viejo y ocioso. Un perfil de doble línea que delimita la imagen en movimiento sobre el agua.

- Chac, chac, chac, chac, chac.

-Cuanto más contemplo mi rostro en el agua, más difuminada me parece la ondulación del líquido y más admiro mi semblante. La autocontemplación me oculta el lago y los juncos.

Más allá del perfil se extienden las aguas en ondas suaves, casi imperceptibles. La imagen de mi rostro se perfila sólo en la pequeña extensión que las aguas le otorgan.

Mi perfil depende del agujero que las aguas me dejan, he aquí la frontera de mi intimidad.

Vivimos en el agujero que los otros nos dejan, también aquí hay fronteras.