
Tristan
Tzara que en realidad se llamaba Samy Rosenstock, fue una de las
mentes más destacadas de la vanguardia artística europea. Junto con
Hugo Ball, Hans Arp y André Breton; Tristan Tzara fue uno de los
fundadores del dadaísmo.
Había nacido en Rumanía, pero casi toda
su vida discurrió en Francia, en París casi siempre. En 1947 obtuvo
la ciudadanía francesa. En París dio a conocer su poesía y
desarrolló su teoría del antiarte, principios del
dadaísmo y antecesor del surrealismo. Personalmente puso un gran
empeño en conciliar el nihilismo con el marxismo.
Retrato de Tristan Tzara por Robert Delaunay
En
agosto de 1925, Tristan Tzara encargó el proyecto de su casa en
París al arquitecto Adolf Loos.
Loos,
entusiasmado con el encargo creyó que a través del artista del
antiarte lograría introducirse en la vanguardia artística
parisina, pero no lo logró, no recibió los encargos que esperaba.
La Casa Tristan Tzara es la única realización de Loos en Francia.
Sobre
una parcela de 10,6 metros de ancho por 17,6 metros de largo, Adolf
Loos proyectó una casa de líneas sencillas y de un depurado diseño;
una arquitectura racionalista para un autor dadaísta. El arquitecto
aplicó el “Concepto Raumplan”, según el cual, cada ambiente
arquitectónico es un fondo sensible y franco, con decorado
específico para sus habitantes, permitiendo, además, un uso
polivalente sin límites funcionales.
En
cuanto a la fachada, Adolf Loos buscaba una composición radical y
una imagen pública de sencillez de volúmenes, simetría, orden y
proporción.
Cuando vi la Casa Tristan Tzara en la Avenue Junot
del distrito 18 de París en Montmartre, me llevé una
decepción, no por su composición o volumetría, sino por su dejadez y
suciedad y sobre todo, por su envejecimiento prematuro.
Casa Tristan Tzara (patio)
Ya
sabemos que Loos estaba contra toda ornamentación, perseguía una
pureza absoluta de formas, despojando las superficies de todo
ornamento. Loos era un arquitecto racionalista radical que había
proclamado a los cuatro vientos que "la ornamentación es
delito".
Sí. Podemos estar de acuerdo con Loos en cuanto a la depuración de las
formas y evitar todo ornamento superfluo. Esta cuestión me la he
planteado muchas veces y con gran seriedad. He pensado sobre los
aspectos constructivos y funcionales de los ornamentos y del
por qué de su utilización que viene de tan antiguo. He considerado
la conveniencia constructiva y funcional del ornamento, y he buscado
dónde reside el delito del que nos habla Loos.
Adolf Loos
Dejando
al margen toda consideración psicológica, he
analizado las molduras y ornamentos de la
arquitectura clásica y de otros estilos. Viendo sus formas y
dibujándolas puedo descubrir aspectos que no son precisamente
delictivos.
Analizo
también las obras racionalistas desprovistas de toda ornamentación
y he visto que estas arquitecturas envejecen bastante mal, que al
cabo de unas décadas, presentan desperfectos, chafarrinones,
desconchados, churretes, manchas de humedad y algún otro deterioro
que, tarde o temprano serán lesiones constructivas graves. Son deterioros que afean paredes, ventanas y
cubiertas y hacen que aquellas superficies puras y limpias que
perseguían los arquitectos racionalistas sean, al cabo de un tiempo,
unos paños de pared donde la suciedad ha ido dibujando unas líneas
que parecen la caricatura de unas molduras toscas y descontroladas.
Llego
a la conclusión de que una de las mejoras cosas que se puede hacer
con una arquitectura racionalista es mantenerla, limpiarla y volverla a limpiar y
repintarla, tantas veces como convenga. El racionalismo requiere
limpieza de mente y de paredes.
Por otra parte, analizo
las molduras clásicas y veo que sirven para definir los entrepaños
y las juntas de los materiales. La ornamentación que se dispone
sobre las ventanas o los huecos de fachada se llaman "guardapolvos",
por algo será. Los entablamentos y las acanaladuras de las
superficies sirven para conducir las aguas que inciden sobre los paños de pared y
así reducir los chorretones. Las hendiduras, las escocias y las
molduras en caña sirven de goterón. Las molduras de las cornisas como
los talones o las medias cañas sirven para proteger paredes y
huecos...
Continuaré
pensando, pero de momento, desde el punto de vista estructural,
constructivo o funcional, no veo ningún delito en el ornamento clásico.