Italo Calvino en su libro
Las ciudades invisibles nos presenta
este diálogo entre Marco Polo y Kublai Kan que es una auténtica lección de
arquitectura y de poesía.
Marco Polo describe un puente,
piedra por piedra.
-¿Pero cuál es la piedra que sostiene
el puente? -pregunta Kublai Kan.
-El puente no está sostenido por
esta piedra o por aquélla -responde Marco-, sino por la línea del arco que
ellas forman.
Kublai permanece silencioso,
reflexionando. Después añade:
-¿Por qué me hablas de las piedras?
lo único que me importa es el arco.
Polo responde:
-Sin piedras no hay arco.
El diálogo es una
magistral reflexión sobre la estática y sobre la estética. En efecto, cada una
de las piedras (las dovelas del arco) recibe un empuje de las dovelas adyacentes
y las fuerzas se van transmitiendo de una piedra a otra siguiendo la directriz
curva del arco, gracias a la forma se consigue que las fuerzas sobre cada
dovela sean todas de compresión y que el empuje se transmita sin dificultad a
los pedruscos del arranque del arco, a los muros o columnas de los extremos.
La forma es la que
sustenta las piedras.
Nos encontramos aquí con
una analogía más entre arquitectura y poesía, ahora la analogía es inmediata:
la forma sustenta los vocablos, sin la palabra no hay poema, pero un poema sin
forma definida se cae.








