viernes, 2 de noviembre de 2012

El arco


Italo Calvino en su libro Las ciudades invisibles nos presenta este diálogo entre Marco Polo y Kublai Kan que es una auténtica lección de arquitectura y de poesía.


Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
-¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente? -pregunta Kublai Kan.
-El puente no está sostenido por esta piedra o por aquélla -responde Marco-, sino por la línea del arco que ellas forman.
Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:
-¿Por qué me hablas de las piedras? lo único que me importa es el arco.
Polo responde:
-Sin piedras no hay arco.

El diálogo es una magistral reflexión sobre la estática y sobre la estética. En efecto, cada una de las piedras (las dovelas del arco) recibe un empuje de las dovelas adyacentes y las fuerzas se van transmitiendo de una piedra a otra siguiendo la directriz curva del arco, gracias a la forma se consigue que las fuerzas sobre cada dovela sean todas de compresión y que el empuje se transmita sin dificultad a los pedruscos del arranque del arco, a los muros o columnas de los extremos.

La forma es la que sustenta las piedras.

Nos encontramos aquí con una analogía más entre arquitectura y poesía, ahora la analogía es inmediata: la forma sustenta los vocablos, sin la palabra no hay poema, pero un poema sin forma definida se cae.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Mi admirada Chantal Maillard



 Mi admirada Chantal Maillard dice que hay que

MATAR A PLATÓN

si yo tuviera alma estaría en desacuerdo con mi admirada poeta.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Ángeles de piedra



Los ángeles de piedra
se desprenden de las fachadas,
caen de noche,
y forman un mosaico
de anatomías seráficas
sobre la acera húmeda.

No es inocuo
el flash del turista
que deslumbra el cristalino
de los putti
que caen de noche
para no lastimar a nadie.

lunes, 29 de octubre de 2012

La salsa picada de almendras y el buen humor


La felicidad asoma por una rendija y desaparece. Sólo un breve instante, un paso fugaz, y luego la huída.

Si la felicidad llega, lo hace por el sendero de mi circunstancia y ésta es para mí incontrolable. No domino los senderos que configuran el mapa por donde ando metido.

Ya nos lo advirtieron: yo soy yo y mi circunstancia.

El yo lo tengo muy cerca, parece algo más controlado que la circunstancia y, con ciertas dosis de voluntad, puedo dotarlo de buen humor.  Basta con echarle la picada de almendras al guiso de merluza y el conjunto adquiere una calidad notable.

El buen humor provee de goce cercano, de satisfacción controlada, de ventura inmediata, de dicha íntima, de bonanza y de bienestar.

La circunstancia es otra cosa, es externa y envolvente, casi siempre es difícil de controlar y con poca posibilidad de ser sometida. De ella soy un simple inspector.

Otros, controlan los caminos y los peajes, determinan el tránsito. Si estos controladores lo permiten, y sólo si lo permiten, la felicidad puede pasar como un halo cercano.

Así las cosas, prefiero hablar de buen humor más que de felicidad. Ésta desaparece con el soplo de un angelote, pero mi buen humor, si yo quiero, no se lo salta ni un torero. Mi buen humor es controlable.

viernes, 26 de octubre de 2012

Melancolía en el Mediterráneo



Damas de azul
1500 a.C. Creta



Ya sabemos que casi siempre los tópicos no expresan la realidad tal como es. Suelen ser caricaturas o simplificaciones burdas que no tienen en cuenta los matices y acaban convirtiéndose en afirmaciones que expresan precisamente lo contrario de lo que es verdadero.

Frente al tópico comúnmente aceptado de que el arte nacido en las riberas del Mediterráneo es ligero, vital y risueño, cabe decir que es precisamente aquí, en las costas de este mar clásico, donde nos encontramos con las obras más mesuradas, contenidas y apolíneas que la mente humana ha producido.

A la luminosidad meridional, los artistas mediterráneos han añadido la proporción clásica y la componente trágica, expresando de esta manera lo que su espíritu humano ha percibido cuando ha contemplado el rostro terrible de la Medusa reflejado en el escudo de Perseo.

Hay en el arte mediterráneo tanto patetismo como el que podemos encontrar en un movimiento de la sinfonía número 6 de Tchaikovsky, tanto abatimiento como en una pintura de Cranach y más melancolía y más tristeza que en los versos de Hördenlin.
No en vano el temperamento melancólico nace con la recuperación de los textos clásicos. En el Renacimiento italiano resurge la idea que Aristóteles planteaba en su Problema XXX: los hombres de genio, los grandes creadores —se pregunta—, ¿no se encuentran precisamente entre los depresivos y los melancólicos?

El hombre renacentista otorga a la melancolía un valor creativo, de forma que llega a considerarse que un espíritu melancólico bien templado es el representante más acreditado del genio artístico.

Bajo la amenaza de los dioses inclementes del Olimpo, ninguna expresión artística se regocija en la frivolidad. El arte mediterráneo es grave y riguroso y su sistema de armonía y proporciones es calculado y circunspecto. En la expresión de los artistas de estas costas del mar antiguo encontramos grandes dosis de ironía y humor pero jamás risitas inútiles o ligerezas inconvenientes.

jueves, 25 de octubre de 2012

Lágrima



Lágrima disecada de un poeta romántico extranjero

miércoles, 24 de octubre de 2012

La balanza




El presente en el fiel de la balanza,
efímero y con equilibrio indiferente.

El cielo y la tierra, ilusiones
y recuerdos en ambos platos.

Observo el balanceo indeciso
de la memoria y los sueños.

domingo, 21 de octubre de 2012

El lado oscuro de un estoico



El lado oscuro de la vida de un estoico es su sensibilidad religiosa, lo digo por Séneca, a quien echo a faltar una carencia de ironía y alguna página de buen humor.

Una cosa es hacer de la moral una profesión y otra, es su práctica; pues si ésta no la aromatizamos con el humor debido, corremos el riesgo de caer en el más pesado y amargo de los aburrimientos vitales.

sábado, 20 de octubre de 2012

Tríptico de Oporto (3)



III


Sentado al pie del muro del Castelo de Queijo,       
a resguardo del creso viento de la mañana,             
contemplo hoy la muerte del río Douro,      
que con un rumor callado mezcla sus aguas
con la sal oceánica y con la luz tardía.

La niebla desvanece el confín del horizonte,
el cielo y las aguas mezclan también
sus colores de plomo y de infinitud.
Los sillares húmedos del Forte calan
mi espalda y ante mí, sólo el mar perenne.

¿A dónde van estas naves que surcan
la desembocadura? Un placer
imaginado es la respuesta,
un lugar de soledades infinitas
a resguardo del sol de poniente.

Con la brisa de piedra en mi rostro
la incógnita me atrae y lanzo al mar
la esperanza y una mirada sobre el velamen
de estas barcas que transportan en sus toneles
el dolor de la experiencia y no sé a donde van.

Tríptico de Oporto (2)



II

Por las rúas.
Una algarabía de capas,
de cucharas demasiado largas
y de un convencimiento,
en cuna o aulas adquirido
de que jamás comerán la sopa boba,
recorre la avenida Dos Aliados.

Por las aulas.
De día y de noche, son escarabajos  
cuyos élitros de charol humillador
hieren las pupilas del pupilo
obligado a andar de rodillas
para alcanzar el privilegio
de futuro doctor envanecido.

Por el río.
Aquellas cucharas de palo
serán vuestros remos
para navegar por las aguas
procelosas del río de oro,
rumbo al pretérito perdido,
hacia la isla del vasallaje.