lunes, 8 de junio de 2020

Criterios para votar

 estofado de conejo

Cuando acudimos a las urnas nadie nos exige que demostremos ningún conocimiento de nada. El votante puede saber preparar un estofado de conejo o ser experto en malabarismo y, gracias a sus malabares, ser capaz de llegar a fin de mes. Estas experiencias facultan al votante para saber lo que vale un peine. El esfuerzo cotidiano ofrece maestría en el arte de la vida y esto es positivo a la hora de elegir un candidato, tanto como conocer su programa electoral y, sobre todo para descartar al farsante. Sin embargo, no estaría de más saber de qué van las intenciones de quienes pretenden acceder al poder y cuál puede ser la dimensión del engaño.

Se puede votar una opción política atendiendo a argumentos éticos o aplicando alguna dosis de sentido común, pero también pueden tenerse en cuenta otros argumentos y, de hecho, así ocurre. 

Se vota al más guapo de cara, al charlatán que más grita, a la quejumbrosa que suelta alguna lagrimita, al que se hace la víctima, al que tiene un hijo contrahecho o a la que ha padecido y superado una enfermedad. Todo vale.

Se suelen rechazar las conductas impropias que se producen de cintura para abajo con más vehemencia que las barrabasadas que se producen de cintura para arriba, quiero decir que rechazamos más al candidato que metió mano a una señorita que al que metió mano en la caja. Rechazamos al que tuvo escarceos libidinosos con una chica pobre más que el que los tuvo con una chica rica. Nos importa más el puritanismo y la ñoñería que la capacidad de gestión que tenga un candidato o una candidata para la cosa pública. En fin, es un sinsentido irracional.

Se elige según el espectáculo que nos han ofrecido durante la campaña electoral, el dominio que el candidato tiene del escenario y el dispendio propagandístico.

Luego, pasadas las elecciones, cuando se pone en evidencia la cara dura de los elegidos y constatamos el engaño, todos nos indignamos. Sí, casi siempre nos arrepentimos de haber votado a este o a aquella. Es lícito indignarse ante el engaño. La indignación, sin embargo, debería ir acompañada de una reflexión sobre el criterio utilizado cuando fuimos a votar.   

¿Será verdad que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen? Los clásicos siempre tienen razón, mal que nos pese.

14 comentarios:

  1. Aristóteles ya nos decía que el bien público se cuida menos que el privado, y que por ello se ha de elegir a quien sepa cuidar del primero sin menosprecio de lo segundo, pues el que tiene bienes privados y los lleva con corrección puede hacerlo con los públicos; sin embargo, afirmaba, quien sólo vive de lo público jamás llegará a comprender lo que es el bien privado.

    Yo he tomado mi decisión con respecto al voto.
    ¿Qué gano votando al que me gusta por su programa si después se junta con tres más con programas NADA similares para tener donde pisar moqueta y el A8 con la Visa oro.

    A mi edad, ¡leches¡ (Blas de Otero). Dudo me encuentren en la cola de los votos. No quiero dar de comer a nadie con mi papeleta, así que a la basura, como ellos, los políticos.
    Salut

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    1. Miquel, cuántas veces nos hemos arrepentido de nuestra decisión. El engaño acecha detras de cada urna.
      Salud

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  2. Cuando veo el comportamiento incívico de algunos y los comentarios típicos de encefalograma plano de otros, pensar que puedan decidir el futuro de todos con sus votos me resulta espeluznante.
    Un saludo.

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    1. Amigo Cayetano, lo malo de todo esto es que tenemos que elegir entre los malos y los perores y siempre a sabiendas de que nos engañan.
      Salud

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  3. Confío en que votéis bien en las próximas, no tú, que ya sé que vas a votar bien, sino la mayoría.

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    1. No creas, Viky, seguramente tengo el criterio estropeado, siempre me arrepiento de mi elección.
      Salud

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    1. Amigo Pedro, si tengo que votar por eliminación me quedo sin opciones.
      Salud

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  5. Ahí es donde me duele. ¿Los paises tienen los gobernantes que merecen? Será verdad y ahí es donde más me duele.
    Últimamente, me debato en dudas sobre a quien votar. Seguramente me estoy equivocando.

    Salud, Francesc.

    Anna Babra

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    1. Anna, yo creo que sí, que los países tienen los gobernantes que se merecen.
      Naturalmente afirmar esto es caer en una generalización que puede resultar injusta, sí, pero el repaso de la historia nos ofrece un panorama infausto, un mal negocio donde prosperan ladrones, estafadores y criminales y la vida sigue, "e la nave va", perfeccionando la barbarie y el atropello. En medio de todo esto, nos queremos convencer de las bondades de la solidaridad, la democracia, la empatía, el buenismo...
      Seguramente yo también esté equivocado.
      Salud

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  6. Se dice que si esos incomptentes y mediocres están ahí es porque los votamos, unos a unos y otros a otros. Algo de verdad hay en eso, pero yo tengo la conciencia tranquila. Me ofrecen partidos a los que votar y no personas y, como dice Tot Barcelona: «¿Qué gano votando al que me gusta por su programa si después se junta con tres más con programas NADA similares para tener donde pisar moqueta y el A8 con la Visa oro». Pues eso.
    Por cierto, apetitoso estofado de conejo siciliano el que nos presentas. Me estás dando ideas para mi próximo menú del fin de semana...

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    1. Amigo Granuribe, cada vez estoy más convencido de esa máxima clásica que afirma que tenemos los gobiernos que merecemos.
      Particularmente, cada uno de nosotros, con sus trabajos y sus responsabilidades, vota según su criterio y luego, casi siempre, se arrepiente de su elección. El resultado siempre es que ganan los canditados elegidos por la mayoría
      -los gebernantes patanes son elegidos por mayoría. Tengo poca confianza en la decisión de la mayoría, ésta se convence con cualquier discurso propagandístico y como la mala educación es la que es, pues sale lo que sale.
      Después de depositar tu voto en la urna te puedes esperar cualquier cosa: que el elegido se vuelva loco, que haga todo lo contrario a lo prometido, que pacte con el diablo, que robe y estafe o que promocione una marca de calcetines de piel de jabalí.
      Si la foto del guiso de conejo te ha inspirado un menú, me quedo más contento que un ajo, esto vale muchísimo más que cualquier debate sociológico, antropológico o político.
      Abrazos

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  7. ¿Será verdad que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen? Pues no, no es verdad, ¿se merecían los rusos a Stalin? ¿Se merecían los alemanes a Hitler?, ¿Los chinos se merecían a Mao?, No, a mi que no me metan en esto. La mayoría de la gente no tiene inquietudes políticas, tan solo quiere comer todos los días,(hay mucho vicio), tener un trabajo razonable, mantener a su familia, curarse si esta enfermo, que sus hijos sean mejores que ellos y que no le agredan por la calle.
    En estos momentos se prima lo que ellos estiman como urgente en detrimento de lo necesario. Con esa visión no más lejana del próximo plebiscito es difícil crear estructuras solidas que den resistencia a la sociedad. Las personas con criterio, lógicamente, ante esta perspectiva huyen de las responsabilidades y queda lo que queda. Hemos visto como un presidente del Gobierno un día despees de ganar las elecciones ha hecho justo lo contrario de lo que anunciaba, y no solo eso, lo que es peor es que vemos a algunos de sus votantes que le justifican, este es el nivel. Ya da igual decir la verdad que mentir, a esto hemos llegado.
    Un saludo.

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    1. Amigo Temujin, ya lo habías expresado en otra ocasión, te resistes a aceptar la máxima clásica. Admito tu resistencia, a mí también me cuesta tener que tragarme esto de que tengamos que soportar el gobierno que merecemos y a casi nadie quiere que le metan es eso, sobre todo aquellas personas que, tal como tú dices, tienen responsabilidades y luchan día a día por mantener a su familia y procuran lo mejor para sus hijos. Sí, pero resulta que casi todos votamos y sale elegido el más votado. Y esto a qué se debe, ¿será que el votante ha escogido al más sinvergüenza, al que ha sabido engañar mejor? Pues, sí, el elegido engaña y hace contrario de lo que anunció, y al votante se le queda la cara de tonto.
      A qué se debe que haya tanto votante que le dé igual que su elegido diga verdad o mentira. Probablemente se deba al elevado grado de enajenación y a la incultura supina de un pueblo desgraciado. Cómo tú dices: A esto hemos llegado.
      A qué se debe, el seguimiento irracional de un líder sino a la “tragadera” absoluta y la aceptación de todo tipo de mentiras que nos suministran los medios de comunicación.
      Un pueblo culto y educado, que valore el conocimiento, una ciudadanía con la ilustración suficiente, con sentido del esfuerzo y con el interés por el progreso no se deja engatusar por el mensaje del “políquillo” de turno.
      No caigo en la trampa de juzgar al pueblo ruso, al pueblo alemán o a los chinos por sus errores, me guardo mucho de juzgar, aquí también hemos padecido lo nuestro.
      Pero, ¿es que no hemos aprendido de la historia?, nos empecinamos en tropezar una y otra vez y votamos y luego, el elegido es el más votado.
      Un fraternal saludo.

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