miércoles, 8 de febrero de 2023

Puentes del diablo

Pont del Diable - Martorell


Por la geografía mediterránea y casi extendidos por media Europa encontramos muchos puentes de piedra llamados “puente del Diablo”.

 

Suelen ser puentes esbeltos de arcos de medio punto o ligeramente apuntados. Los puentes se sostienen gracias a la curva del arco que forman las piedras llamadas dovelas, cada una de ellas está sometida a esfuerzos de compresión, se diría que trabajan en equipo, pues sólo la unión hace la fuerza.

 

El peso de los que pasan por el puente se transmite desde la clave, que es la dovela central, hasta los salmeres que son las dovelas que están situadas en los arranques del arco. Todas las piedras, en conjunto y sólo en conjunto, transmiten las fuerzas a los extremos. Cuando una dovela pierde su estabilidad (cosa poco frecuente) entonces acontece la ruina del puente. Sólo se consigue el equilibrio cuando todos los pedruscos permanecen unidos y así hacen que el puente se sostenga.

 

Algunos aseguran que el Diablo envidioso quería ser como el Sumo Pontífice, el Potificex, el hacedor de puentes, el que permitiría que los hombres y mujeres cruzaran de una orilla a otra, pasando con facilidad por encima del río de los muertos y pudieran entrar directamente al Averno.

 

Otros convencidos de que el Diablo es incapaz de construir nada, temen que el demonio llegue una noche y con premeditación y alevosía arranque la piedra clave y se caiga el puente. El Diablo no es Pontificex, prefiere el derribo, la deconstrucción.

 

Detalle del Pont Valentre en Cahors (Francia). Fotografía: (CC)

 

 

Parece que el Diablo anduviera por todas las tierras cristianas de Occidente. He aquí, algunos puentes del Diablo:

 

San Miguel de Pedroso (Burgos), sobre el río Tirón, arcos de medio punto.

Tarragona, acueducto romano que nadie sabe por qué le llaman Puente del Diablo.

Minsa Pediada, cerca de Heraclión (Creta). Arco de medio punto ligeramente rebajado, imposible que lo hubiera construido Dédalo, más preocupado por los laberintos y las estructuras adinteladas.

Martorell (Barcelona) sobre el río Llobregat, arco apuntado. S. XIII.

Dyavolski most en Kardzhall (Bulgaria), sobre el río Arda, ojos de medio punto.

Castrejana (Bilbao – Barakaldo), sobre el río Cadagua, arco de medio punto.

Taufelsbrück en St. Gotthard (Suiza), pintado por Turner en 1803. Arco de medio punto.

Cardona (Barcelona) sobre el río Cardener. Es un puente que el Diablo no acabó de construir, -es un informal que no cumple sus compromisos- Arco de medio punto.

Saint-Jean-de-Fos, sobre el río Hérault. Arcos de medio punto. S. XI

Malabadí (Turquía) sobre el río Batman. Arco apuntado. Dicen que es un arco tan grande que ¡parecería que la cúpula de la basílica de Santa Sofía pasaría fácilmente por debajo del puente!

Taufelsbrück Hamburgo, sobre el río Elba. Sin embargo, creo que el Diablo no anduvo por Hamburgo.

Ceret (Francia) sobre el río Tec. A este puente le falta una piedra que, según dicen, la robó el Diablo una noche de San Juan. (S.XIV)

Borgo-Mozzano (Toscana) sobre el río Serchio, arcos ligeramente apuntados. No sé si lo hizo el Diablo, en mi opinión, es uno de los más bonitos.

lunes, 6 de febrero de 2023

Con la razón en vilo



 Isidre Manils, sin título, 2013


Blasie Pascal dijo que el corazón tiene razones que la razón no entiende. Pero ocurre también que el corazón se niega a entender cualquier razón que la razón tiene. El corazón no razona.

En medio de razones y emociones, los hombres y mujeres que viven en este mundo se afanan por perpetuar la especie y para el aprovisionamiento del pan. Mientras esto hacen, responden a veces a la llamada de quienes apelan a la emoción individual, desatendiendo el interés y la razón colectiva. Casi siempre estos que reclaman un comportamiento emocional de las masas, proponen un mundo de ilusiones que solo el corazón entiende y la razón impugna. 
 
Un colectivo movido por emociones individuales se comporta como el peor de sus miembros, pues la adición de emociones es exaltación, turbación, inquietud, agitación y temor.

Con la razón en vilo, el corazón turba el conocimiento y el individuo acepta proclamas enardecidas y acaloramientos. Quienes las proclaman hacen de ellas un protocolo de comportamiento colectivo y hablan de utopías que la razón no entiende.

Ahí están los ideales románticos y la poesía mística, y no quedan lejos los sermones dogmáticos y las arengas nazis o de cualquier mequetrefe totalitario que, habitualmente, esconde ansias desmesuradas de poder o intereses económicos que la razón sí entiende y el corazón prefiere ignorar.

La angustia y el desgaste se ponen al servicio de un “no sé qué”, pero que la razón “sí sabe qué” y el corazón exaltado prefiere “no saber qué”. Son razones que el corazón no entiende.

Para admitir las utopías iluminadas, para aceptar la trágala se necesitan grandes dosis de fe o un anhelo irracional de justificación de la fe y su trascendencia.

Más que mover las montañas, lo que hace la fe es erosionar. La fe erosiona montañas, desgasta las moles más compactas sin moverlas de sitio. La fe, que es imperio del corazón, sirve para contemplar el panorama sin hacer preguntas, para ir admitiendo la sinrazón sin decir ni pío. La fe inhibe toda capacidad de crítica, como si de una ensoñación se tratara.

Esta es una de las razones del corazón que la razón no entiende. Yo, por mucho que me empeñe, tampoco las alcanzo a comprender como no consigo comprender el amor de los efebos o la música americana.

Todos tenemos nuestros límites.

viernes, 3 de febrero de 2023

Combinaciones incompatibles y de mal vivir

Maurice Denis

 

Aunque estén cuidadosamente deshuesados, nunca comería unos pies de cerdo a la orilla del Atlántico.

Aunque pongan música ambiental de Cesar Frank o de Gabriel Fauré, no conseguirán que entre en un supermercado. Una vez intenté entrar en uno de estos establecimientos y se me quitaban las ganas de vivir.

Aunque fuera en un vestido de gala para señora, nunca combinaría el amarillo con el color rosa ni siquiera para asistir a la vernissage de un pintor conceptualista.

Aunque la arqueta gótica estuviera engarzada con piedras preciosas, nunca pondría a su lado un ramo de crisantemos.

Aunque se repita con demasiada frecuencia, el espiritualismo pretende ser un formalismo disfrazado de trascendencia que produce insomnio.

Aunque Proust añore el tiempo perdido, los días pasan y los olores cambian y hoy, casi todas las magdalenas son bollería industrial.

miércoles, 1 de febrero de 2023

Ave Fénix

 

La ingenuidad no escarmienta, se resiste. Va con el lirio en la mano y se encuentra con el fuego de la realidad y se quema y sigue.


Las llamas de la hoguera son el fracaso y el desengaño. El fuego es implacable.


El lirio se ha quemado y la ingenuidad sigue y en los sucesivos achicharramientos el candor se va requemando. Con la piel churruscada la ingenuidad, por fin, acaba sucumbiendo.


Aun queriendo emular al Ave Fénix, la ingenuidad no renace de sus cenizas, fenece.


 


El Ave Fénix no vuela con un lirio candoroso en el pico. 


Cómo es la hoguera donde acude el Ave Fénix para renacer una y otra vez.


El Fénix no escarmienta, se regenera. Da esperanzas al ingenuo y unos ánimos que entusiasman al más candoroso.


Las llamas que queman al Ave Fénix son el infortunio y la experiencia. El Fénix agita las alas y no se resigna a perder la inocencia. El escarmiento endurece las plumas que, a costa de sucesivos achicharramientos, se convierten en sutiles láminas de amianto.


El Ave Fénix tiene alas de amianto.