domingo, 3 de mayo de 2026

El cielo de Mistrá

 



Estuve en Mistrá, hace años: paisaje pedregoso, pequeña ciudad amurallada situada en lo alto de un monte. Queda cerca de Esparta. Recuerdo los olivos retorcidos, aquel aire muy limpio y el cielo azul del Peloponeso.

En sus murallas permanece la memoria otomana que las gentes amables de Mistrá quieren olvidar. Sin embargo, las murallas y las bóvedas bizantinas allí están. Y también está allí el recuerdo de las enseñanzas de Jorge Gemistos Plethon (1355-1450). Admirador de Platón, tal era su admiración que Jorge Gemistos, añadió “Plethon” a su apelativo original. Plethon, además de recordar a Platón, significa “pleno”.

Plethon fue un humanista convencido, defensor del paganismo clásico. Amparándose en el platonismo fue un precursor del Renacimiento, fue un sabio neoplatónico que sostenía la superioridad moral del politeísmo helénico sobre los monoteísmos judío, cristiano y musulmán.

Insistía en un antimedievalismo y en la recuperación de los órdenes clásicos.

Han quedado pocos fragmentos de la obra de Plethon, sólo los que han subsistido tras la quema de sus libros ordenada por el Patriarca de Constantinopla Genadio II.

Más tarde, Vasari también nos habló de aquella mirada antimedieval de Plethon. Trataba de la voluntad de recuperar una estética que ponía el hombre en el centro de todo equilibrio. Un humanismo que nos hablaba de la nobilità del arte y de la necesidad de un alejamiento todo bizantinismo.

Giotto, Cimabue y los artistas de quattrocento: Alberti, Brunelleschi, Piero della Francesca, Paolo Uccello, Fra Angelico, Masaccio, Mantegna, Ghirlandaio, Piero di Cosimo y otros tantos que admiro, todos ellos seguían el neoplatonismo de Ficino y Pico della Mirandola. Sus teorías se desarrollaban en Florencia y a esta ciudad, llegó Plethon que también se adhería al neoplatonismo que decía que:

-- el hombre es la medida de todas las cosas, 

-- el equilibro y la proporciones clásicas configuran la nueva estética humanista que se aleja de los modelos bizantinos,

-- la obra de arte tendrá la trascendencia -la nobilità- que la diferencia de la labor del artesano.


El arte “renacido” es un arte humano, luminoso como el cielo de Mistrá.


12 comentarios:

  1. Bueno, bueno...esto que nos traes hoy es complejo. Diré, en favor de Aristóteles (en la obra "De differentiis" de Pletón, ya sabes, el autor aboga por la superioridad de Platón frente la de Aristóteles) al comparar el pensamiento entre profesor y alumno, aquel nos dice que el "alma" es Divina, preexistente e inmortal.
    Aristóteles, más lógico, más terrenal, con una Cosmovisión centrado en lo físico, ya como alumno, nos indica en contraposición a su maestro, que el "alma" esta ligada al cuerpo y que es posiblemente mortal.
    ¿Qué quiero decir?, pues que la visión de Pletón, siguiendo la de Platón, es más espiritual, y que sólo el Renacimiento podía, si volvía a las enseñanzas de Platón, recuperar la sabiduría antigua.
    ¿Porqué hablo de "De Differentiis?, porque esta obra, escrita por Jorge Gemistos Pletón, en el año del Concilio de Florencia, en 1439, fue el "fuego" que reavivó la preferencia por Platón en Occidente, desafiando el dominio escolástico de Aristóteles.... Y ya sabes, soy un aristotélico convencido.
    PD: Bellísima entrada.
    Abrazos
    Un abrazo, mi querido Francesc.

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    1. Sí, Miquel, yo también me acerco más a Aristóteles. El Renacimiento estaba presidido por la visión neoplatónica de Ficino y Pico della Mirandola. Sin embargo, el orden geométrico, la proporción áurea, el mundo de las cosas físicas, todo más o menos terrenal, todo más o menos aristotélico no estaban reñidos con el neoplatonismo.
      La estética del Renacimiento afirmaba que la belleza estaba en la "cosa en sí" y lo confirmaban Luca Pacioli, Piero della Francesc, Miguel Ángel y otros de los grandes.
      La "idea" de Platón y la "materia" de Aristóteles se hermanaban en el arte, en el excelso arte, del Renacimiento.
      La obra de Jorge Gemistos Pletón acabó en la pira de libros ordenada por el patriarca de Constantinopla, antes de "il falò delle vanità" de Savonarola. Terrible, todos querían que las ideas, unas y otras acabaran en la hoguera.
      Un fuerte abrazo.

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  2. Yo circulo por otra vía diferente a la del señor Tot Barcelona.
    Estas frases finales describen bien el nacimiento del Artista moderno y el retorno a la belleza clásica basada en el ser humano y la razón que se produjo en el Renacimiento. En cuanto al cielo, no conozco Mitrá —por desgracia—, pero he leído que las ruinas de iglesias, monasterios y palacios bizantinos (siglos XIV-XV), Patrimonio Mundial de la UNESCO, se recortan contra el cielo, creando un ambiente de quietud y reflexión histórica. Supongo que allí tendrías oportunidad de reflexionar acerca de lo divino y lo humano, sobre todo de esto último. Gracias a ti, viajo, que buena falta me hace. Abrazos.

    [img]https://www.greeka.com/photos/peloponnese/mystras/architecture/hero/mystras-architecture-1920.jpg[/img]

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    1. Para ver la foto, sobran las etiquetas [img].
      https://www.greeka.com/photos/peloponnese/mystras/architecture/hero/mystras-architecture-1920.jpg

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    2. Amigo Gran Uribe, mi concepción del arte es más clásica que romántica, creo que la belleza reside en la obra, así lo afirmaban los renacentistas. Más adelante vendrán los pensadores románticos que aseguraban que la belleza está en la mirada del espectador. Creo que nada es verdad ni nada es mentira, todos somos un poco de lo uno y de lo otro, soportando las contradicciones aun sin darnos cuenta.
      ¿Soy aristotélico? sí y no, como diría Lola Flores ¿Soy platónico? sí y no como diría Lola Flores. Quizá sea más de lo uno que de lo otro, todo es complejo, pero ahí están las obras (Brunelleschi, Masaccio, Alberti...)
      El viaje a Mistrá dejó una huella imborrable en mi memoria, recuerdo aquellas piedras y aquel cielo y recuerdo unas gentes, muchas vestidas de negro y con un semblante templado que parecía contrastar con el bizantinismo de aquellas iglesuelas, esto también me pasó en Creta. No sé no sé, he llegado a pensar que a los griegos de Mistrá y a los griegos de Creta les incomodaban las piedras bizantinas.
      Abrazos.

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  3. La "gente amable" tienen a intentar olvidar el pasado que cree que no se encuentra a su altura intelectual y/o moral, más que nada para evitar comparaciones y reconocer que efectivamente, son ellos los que no están a la altura que se pretenden.

    Saludos,
    J.

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    1. Amigo José A., la historia deja sus huellas y esto va configurando nuestra manera de ser. Seguramente la tendencia al olvido es un mecanismo de protección.
      Salud

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  4. Ha llovido mucho desde Protágoras. La Edad Media, la barbarie y los excesos de las religiones monoteístas también hicieron de las suyas. Siempre resulta atrayente una mirada inspiradora hacia la antigüedad pagana y grecolatina.
    Saludos.

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    1. Amigo Cayetano, ha llovido mucho pero las piedras más o menos deterioradas siguen allí. En Mistrá la presencia bizantina es muy acusada.
      Salud.

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  5. Querido Francesc,

    tu texto respira como ese aire limpio del Peloponeso que evocas: hay en él una claridad que no es solo descriptiva, sino también intelectual. Has sabido situar a Plethon en su paisaje —Mistrá como encrucijada de memorias— y, al mismo tiempo, en la corriente larga del pensamiento que desemboca en el Renacimiento. Esa imagen del filósofo que se nombra a sí mismo “Plethon”, plenitud, es especialmente feliz: sugiere una voluntad de restitución, de recuperar algo que había sido amputado por siglos de teología dominante.

    Me parece muy sugerente cómo haces dialogar ese antimedievalismo con la eclosión artística del Quattrocento. En tu texto, Plethon no es solo un erudito bizantino tardío, sino casi una chispa que viaja hacia Florencia y prende en la sensibilidad de Alberti o de Piero della Francesca. Esa genealogía del equilibrio, de la proporción y de la nobilità del arte está muy bien trazada, y se siente en ella tu propia mirada de amante del arte.

    Sin embargo, déjame introducir un matiz, quizá más problemático. Ese humanismo que tan bien describes —y que sin duda supuso una liberación frente al corsé medieval— lleva en su seno una semilla ambigua. Al colocar al ser humano como “medida de todas las cosas”, no solo desplaza a Dios del centro, sino que, sin advertirlo, desplaza también a la naturaleza. El mundo deja de ser una trama de la que formamos parte para convertirse en escenario, en objeto, en materia disponible.

    Ahí, tal vez, el gesto de Plethon —con todo su paganismo y su retorno a lo clásico— no llega a romper del todo con la lógica de la centralidad humana. Es cierto que el politeísmo antiguo podía implicar una mayor sacralización de la naturaleza, pero el humanismo renacentista que de él se nutre termina consolidando una idea de supremacía: el hombre como medida, como centro, como arquitecto del orden.

    Y ese desplazamiento ha tenido consecuencias largas. No solo en la relación con la naturaleza —que hoy vemos erosionada hasta extremos inquietantes—, sino también en la construcción de jerarquías humanas. Ese “hombre” del que hablaban los humanistas no era cualquiera: con el tiempo se fue concretando en una figura muy precisa, europea, blanca, masculina, que se arrogó el derecho de definir qué es lo humano y qué queda fuera de esa medida.

    Frente a ello, nuestra sensibilidad contemporánea —quizá más cercana, en cierto modo, a algunas intuiciones premodernas— tiende a pensar al ser humano no como centro, sino como nodo. Un elemento más dentro de un ecosistema complejo, interdependiente, donde la medida no la impone un sujeto soberano, sino el equilibrio mismo de las relaciones.

    Por eso, al leerte, pensaba que ese cielo luminoso de Mistrá podría hoy contemplarse de otra manera: no como el marco de la centralidad humana, sino como algo que nos excede y nos contiene. Quizá ahí haya una forma de reconciliar lo mejor del impulso humanista —su confianza en la dignidad y en la creación— con una conciencia más amplia de pertenencia.

    Tu texto, en cualquier caso, abre muy bien ese camino de reflexión. Invita a mirar atrás sin nostalgia ingenua, y a preguntarnos qué parte de esa herencia queremos seguir habitando.

    Un cordial saludo

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    1. Querido Joselu, el cielo de Mistrá es impresionante, bajo su azul tan amable reflexionamos sobre la medida de las cosas -lo humano y nuestra relación con la naturaleza, con nuestros semejantes y con las piedras bizantinas.

      Creo que Plethon anhelaba deshacerse del bizantinismo. Ciertamente tenía una voluntad de restitución, quizá cambiar el orden de las cosas o de las piedras. Trasladado a Florencia, sintonizó con el neoplatonismo que infundía aquel orden nuevo y con él definía uno de los principios del humanismo renacentista: “el hombre como medida de todas las cosas”. Esto suponía una superación del bizantinismo, una huida de lo medieval y dotar el arte de “nobilità”.

      Allí, en la ciudad de los Medici, estaban los Brunelleschi, Piero della Francesca, los geómetras que todo lo medían, los poliedros de Luca Pacioli y la perspectiva.

      ¿Querían, aquellos humanistas, eludir el orden de la Naturaleza?, no lo sé. Está claro que situaban al hombre como la medida de todas las cosas. Creo que era un “hombre” situado en la Naturaleza, y supongo que esto significaba un cierto respeto del orden natural.

      A mí, particularmente, siempre me ha dado un poco de miedo la naturaleza, es en mi opinión, una especie de monstruo de cien mil patas capaz de enviarnos un 7,2 de la escala de Richter, una erupción, un vendaval, una inundación, un tsunami y todo esto sin moral y sin ningún objetivo. Nosotros somos parte de esta naturaleza de las cien mil patas y muchas veces parece que actuamos sin moral y sin objetivo.
      Celebro mucho tu comentario, da mucho que pensar. Continuaremos…
      Saludos.

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