Alfredo es un hombre joven que tiene un sentido común y una vitalidad extraordinarios. Nos conocemos desde hace mucho tiempo.
Prepara unos calamarcitos encebollados que son una delicia.
- Cuidado, este fin de semana tendremos mal tiempo, lloverá mucho y además, la gente es muy torpe y anda cada vez anda más despistada -me dice.
Alfredo tiene una gran sensibilidad, conoce bien los meneos de la meteorología con sólo mirar el cielo y conoce el mal genio de la gente con sólo mirarles las ojeras que se les desparraman por el rostro.
- Nos prepararemos. Ya sé que todo lo que está arriba acabará cayendo a abajo -le contesto.
- Si cae todo nos aplastarán -dice Alfredo.
- Esto es lo que quieren, Alfredo -le digo y añado- pero de momento que nos quiten lo “bailao”.
- Sí, Francesc, pero antes de aplastarnos nos lo van a quitar todo -sentencia finalmente mi amigo.
Alfredo es un hombre listo, su incredulidad y sus calamarcitos no tienen igual.
El verdadero misterio del mundo es lo visible, como los calamarcitos. Aquello que es invisible es difícil de comprender y además no se come.

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