Estuve en Mistrá, hace años: paisaje pedregoso, pequeña ciudad amurallada situada en lo alto de un monte. Queda cerca de Esparta. Recuerdo los olivos retorcidos, aquel aire muy limpio y el cielo azul del Peloponeso.
En sus murallas permanece la memoria otomana que las gentes amables de Mistrá quieren olvidar. Sin embargo, las murallas y las bóvedas bizantinas allí están. Y también está allí el recuerdo de las enseñanzas de Jorge Gemistos Plethon (1355-1450). Admirador de Platón, tal era su admiración que Jorge Gemistos, añadió “Plethon” a su apelativo original. Plethon, además de recordar a Platón, significa “pleno”.
Plethon fue un humanista convencido, defensor del paganismo clásico. Amparándose en el platonismo fue un precursor del Renacimiento, fue un sabio neoplatónico que sostenía la superioridad moral del politeísmo helénico sobre los monoteísmos judío, cristiano y musulmán.
Insistía en un antimedievalismo y en la recuperación de los órdenes clásicos.
Han quedado pocos fragmentos de la obra de Plethon, sólo los que han subsistido tras la quema de sus libros ordenada por el Patriarca de Constantinopla Genadio II.
Más tarde, Vasari también nos habló de aquella mirada antimedieval de Plethon. Trataba de la voluntad de recuperar una estética que ponía el hombre en el centro de todo equilibrio. Un humanismo que nos hablaba de la nobilità del arte y de la necesidad de un alejamiento todo bizantinismo.
Giotto, Cimabue y los artistas de quattrocento: Alberti, Brunelleschi, Piero della Francesca, Paolo Uccello, Fra Angelico, Masaccio, Mantegna, Ghirlandaio, Piero di Cosimo y otros tantos que admiro, todos ellos seguían el neoplatonismo de Ficino y Pico della Mirandola. Sus teorías se desarrollaban en Florencia y a esta ciudad, llegó Plethon que también se adhería al neoplatonismo que decía que:
-- el hombre es la medida de todas las cosas,
-- el equilibro y la proporciones clásicas configuran la nueva estética humanista que se aleja de los modelos bizantinos,
-- la obra de arte tendrá la trascendencia -la nobilità- que la diferencia de la labor del artesano.
El arte “renacido” es un arte humano, luminoso como el cielo de Mistrá.


Bueno, bueno...esto que nos traes hoy es complejo. Diré, en favor de Aristóteles (en la obra "De differentiis" de Pletón, ya sabes, el autor aboga por la superioridad de Platón frente la de Aristóteles) al comparar el pensamiento entre profesor y alumno, aquel nos dice que el "alma" es Divina, preexistente e inmortal.
ResponderEliminarAristóteles, más lógico, más terrenal, con una Cosmovisión centrado en lo físico, ya como alumno, nos indica en contraposición a su maestro, que el "alma" esta ligada al cuerpo y que es posiblemente mortal.
¿Qué quiero decir?, pues que la visión de Pletón, siguiendo la de Platón, es más espiritual, y que sólo el Renacimiento podía, si volvía a las enseñanzas de Platón, recuperar la sabiduría antigua.
¿Porqué hablo de "De Differentiis?, porque esta obra, escrita por Jorge Gemistos Pletón, en el año del Concilio de Florencia, en 1439, fue el "fuego" que reavivó la preferencia por Platón en Occidente, desafiando el dominio escolástico de Aristóteles.... Y ya sabes, soy un aristotélico convencido.
PD: Bellísima entrada.
Abrazos
Un abrazo, mi querido Francesc.
Sí, Miquel, yo también me acerco más a Aristóteles. El Renacimiento estaba presidido por la visión neoplatónica de Ficino y Pico della Mirandola. Sin embargo, el orden geométrico, la proporción áurea, el mundo de las cosas físicas, todo más o menos terrenal, todo más o menos aristotélico no estaban reñidos con el neoplatonismo.
EliminarLa estética del Renacimiento afirmaba que la belleza estaba en la "cosa en sí" y lo confirmaban Luca Pacioli, Piero della Francesc, Miguel Ángel y otros de los grandes.
La "idea" de Platón y la "materia" de Aristóteles se hermanaban en el arte, en el excelso arte, del Renacimiento.
La obra de Jorge Gemistos Pletón acabó en la pira de libros ordenada por el patriarca de Constantinopla, antes de "il falò delle vanità" de Savonarola. Terrible, todos querían que las ideas, unas y otras acabaran en la hoguera.
Un fuerte abrazo.
Yo circulo por otra vía diferente a la del señor Tot Barcelona.
ResponderEliminarEstas frases finales describen bien el nacimiento del Artista moderno y el retorno a la belleza clásica basada en el ser humano y la razón que se produjo en el Renacimiento. En cuanto al cielo, no conozco Mitrá —por desgracia—, pero he leído que las ruinas de iglesias, monasterios y palacios bizantinos (siglos XIV-XV), Patrimonio Mundial de la UNESCO, se recortan contra el cielo, creando un ambiente de quietud y reflexión histórica. Supongo que allí tendrías oportunidad de reflexionar acerca de lo divino y lo humano, sobre todo de esto último. Gracias a ti, viajo, que buena falta me hace. Abrazos.
[img]https://www.greeka.com/photos/peloponnese/mystras/architecture/hero/mystras-architecture-1920.jpg[/img]
Para ver la foto, sobran las etiquetas [img].
Eliminarhttps://www.greeka.com/photos/peloponnese/mystras/architecture/hero/mystras-architecture-1920.jpg
Amigo Gran Uribe, mi concepción del arte es más clásica que romántica, creo que la belleza reside en la obra, así lo afirmaban los renacentistas. Más adelante vendrán los pensadores románticos que aseguraban que la belleza está en la mirada del espectador. Creo que nada es verdad ni nada es mentira, todos somos un poco de lo uno y de lo otro, soportando las contradicciones aun sin darnos cuenta.
Eliminar¿Soy aristotélico? sí y no, como diría Lola Flores ¿Soy platónico? sí y no como diría Lola Flores. Quizá sea más de lo uno que de lo otro, todo es complejo, pero ahí están las obras (Brunelleschi, Masaccio, Alberti...)
El viaje a Mistrá dejó una huella imborrable en mi memoria, recuerdo aquellas piedras y aquel cielo y recuerdo unas gentes, muchas vestidas de negro y con un semblante templado que parecía contrastar con el bizantinismo de aquellas iglesuelas, esto también me pasó en Creta. No sé no sé, he llegado a pensar que a los griegos de Mistrá y a los griegos de Creta les incomodaban las piedras bizantinas.
Abrazos.
Muchas gracias por la foto.
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