viernes, 27 de febrero de 2026

Una zurra. Virtus domitor fortunae

 

Virtus domitor fortunae, 1510. 

Marcantonio Raimondi (1480-1534)


Confiar en la Fortuna fomenta la pasividad. La Sabiduría se opone a la Fortuna, así nos lo dice Petrarca en el De Remediis.

La Fortuna acentúa la impotencia de las criaturas a la hora de enfrentarse con el infortunio.

La Fortuna es una diosa que se identifica con la Tique griega. La vemos representada con el cuerno de la abundancia y con un timón como si fuera por ahí, dirigiendo el rumbo de los hombres y mujeres que navegan por el mar de los mortales.

En el Renacimiento decae la confianza en la Fortuna. El Humanismo renacentista confía más en la Voluntad, con ella y con la Prudencia, va transformando el vir fortunatus en vir prudens.

La Prudencia está personificada por el dios Mercurio que es dios del comercio, las ganancias y el intercambio de mercancías.

El hombre del Renacimiento hace Virtud de la Voluntad, de la Prudencia, de la actividad del arte, del comercio y de la industria.

Aquella "Oh, Fortuna imperatrix mundi" es un paradigma del Medievo, ya no es emperatriz en el Renacimiento.

Aquella Fortuna que andaba por las altas esferas manejando el timón y repartiendo bienes sin ton ni son y sin ningún criterio racional es sustituida por el Homo faber, capaz de producir y transformar la naturaleza y dotar su creación de Nobilità.

El hombre del Renacimiento está reñido con esas diosas de la abundancia que reparten  de forma arbitraria frutas y verduras a granel.

Podían los artistas del Renacimiento pintar la Fortuna con su cornucopia, podían admirar aquella figura generosa, pero sabían que la fortuna no viene sola, que se requiere del mazo, es aquello de "a Dios rogando pero con el mazo dando". Algún renacentista llegó a afirmar que Fortuna era una diosa viciosa.

Marcantonio Raimondi (1480-1534) -magnífico grabador- expresa ese rechazo de la Fortuna irracional.

En su grabado "Virtud hercúlea castigando a la viciosa Fortuna" (Virtus domitor fortunae, 1510) nos muestra cómo un mortal agarra a la diosa por los pelos y le propina una zurra.

Los renacentistas relegaron la Fortuna únicamente a las victorias militares y no la quisieron de socia para los asuntos del arte, la ciencia o el comercio.

En cuanto a lo militar, cabe decir que en el Renacimiento se mantuvo el carácter positivo de la diosa Fortuna que se entrometía en las peleas. Lo cuenta Leonardo Bruni en su Laudatio Florentine urbis, parece que la Fortuna favoreció a los gobernantes florentinos en las trifulcas armadas que estos tuvieron con Giangaleazzo Visconti duque de Milán.

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