martes, 17 de febrero de 2026

Determinismo culinario

 Livre du roi Modus et de la reine Ratio (s. XIV).


Si desapareciera el roast beef de las tierras británicas se produciría una enorme pérdida y un drama que afectaría a muchos anglosajones, sobre todo a los que viven en las zonas interiores de la Gran Bretaña, sin embargo, yo creo que tanto ingleses como escoceses o galeses continuarían existiendo como un pueblo ufano, capaz de recuperarse enseguida.

No ocurre lo mismo en Francia con el paté de hígado de pato. Yo creo que sin el paté, el pueblo galo se lo pasaría tan mal y dejaría de ser francés. El drama sería de tal calibre que las vendimiadoras de la Borgoña perderían el color rosado de sus mejillas y las fronteras de Francia cambiarían de trazado. Francia ya no sería Francia.


Cada pueblo tiene su determinismo culinario particular.


Estoy convencido de que sin la pizza, Italia continuaría admirando a Verdi y a Sofía Loren y los versos de Dante y Leopardi continuarían dando esplendor a la lengua italiana. Otra cosa sería el drama que se produciría si Italia se quedara sin su pasta "asciutta", entonces acontecería la catástrofe, podría ocurrir que el Gran Sasso, por aludes o terremotos, se convirtiera en una colina ordinaria ¡ay, pobres Apeninos! y el Coliseo de Roma se convirtiera en un supermercado de bollería industrial. Toda Italia pasaría a ser un conjunto de villorios etruscos.

Y ¿Qué pasaría en Valencia si se quedara sin su paella? ¡Ah, terrible! Yo creo que se trastocaría el concepto de familia y los dramas familiares estallarían como una enorme mascletá universal.


La pregunta que ahora me intriga es esta: 

¿Si desapareciera l'escudella i carn d'olla, si desapareciera el cap i pota o las seques amb botifarra, si toda esta culinaria desapareciera de Cataluña, se reduciría el número de nacionalistas? 

Ay, ay, no sé, no sé.

23 comentarios:

  1. Tampoco lo sé yo. He comprobado que sí ha desaparecido el porrón, arma letal en cualquier mesa que se preciara, al menos en Barcelona, y no ha pasado nada, bueno, nada no, yo lo encuentro a faltar, como encuentro a faltar las antiguas bodegas donde la botas rezumaban y el olor al Penedés eran las señas de identidad. Pero si desaparecieran las secas amb butifarra los nacionalistas no desaparecerían, lo que si es seguro que los pedos de los susodichos también marcharían de la mano con esas legumbres.
    Salut

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    1. Miquel no quiero pensar en "els esmorzars de forquilla", ni en les "seques de Santa Pau", no sé si acabarán como el porrón.
      Salud.

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  2. A mí, el día que me
    quiten las papas
    "arrugas", y el mojo,
    da lo mismo el picón
    que el verde, desde
    luego, me quedo
    como
    estoy, saludo.

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    1. Amigo Orlando, hay algunas elaboraciones culinarias que las hemos conocido desde la infancia y se han convertido en algo indispensable para vivir bien.
      Salud.

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  3. Los nacionalistas, comen sin masticar y claro, luego les duele la barriga.

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    1. Amigo Ricard, tragan lo que les echan y si comen sin masticar se aseguran una mala digestión.
      Salud.

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  4. Si desapareciera la paella desaparecería el orgullo de ser valencià y, lo que es peor —o mejor, quién sabe—, desaparecerían el turismo y los guiris en general, que vienen a España solo para ponerse morados y comer paella, y se zampan todo eso (las bebidas espirituosas y las paellas) sin pestañear, incluso las más imbebibles e incomibles.

    Una vez cometí el inmenso error de invitar a comer a unos conocidos valencianos y no se nos ocurrió otra cosa para agasajarlos que hacer una paella. Ya desde los primeros instantes vi un rictus de desagrado en uno de ellos, que era bastante mal educado por cierto. Al poco, apartó el plato diciendo "no està malament, però això no és paella". A continuación, mientras le preparaba un huevo frito sustitutorio, oí que comentaba cómo la hacía él y con qué ingredientes, que es como debía hacerse (según él, claro). Admitía alguna pequeña variante, pero en ningún caso nuestro guiso. Nunca más.
    Un abrazo

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    1. Amigo Gran Uribe, con la paella ocurre algo especial, cada uno piensa que nadie es capaz de elaborar una paella como lo hacen ellos, todos creen que su paella es la mejor. Pues bien, cada cual se cama su propia paella.
      Salud.

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  5. No Valencia, sino toda España y parte de la población turística extranjera lamentaría la desaparición de las paellas. Porque paella es plural. Y arroz es más plural. Y formas de hacerlas y sus componentes es todavía más diverso. Y a mí que no me encasillen la paella los neopatriotas de tres al cuarto que para la gastronomía las fronteras no existen. Salvo que el buey y placentero gusto sea la frontera.

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    1. Amigo Fackel, tanto autóctonos como foráneos están dispuestos a comer un guiso de arroz con cosas encima.
      Yo sí que creo que la gastronomía tiene fronteras, pero esto no es nada importante, soy capaz de comerme un pan seco de Creta y una sopa prusiana.
      Salud.

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  6. Toda reducción conlleva un aumento por otras vías, así que no hagas comparaciones que nunca se sabe. Una de las regiones más nacionalistas es Navarra -lo de Navarra es lo mejor lo vengo oyendo desde pequeño- y evidengemente no carecen de razón no en la ideología que se quiere imprimir sino en los frutos de la tierra y las maneras de cocinarlos y sazonarlos. Pero eso podrían decirlo todos los celtibéricos de las Españas.

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    1. Amigo Fackel, cada tierra tiene su guerra, y allí, que se coman las pochas de Tudela o los espárragos blancos y acuosos.
      Desgraciado aquel que come un determinado guiso por razones ideológicas, tarde o temprano su estómago o sus neuronas se deteriorarán.
      Salud.

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  7. El nacionalismo es como la higuera de mi vecino. La aserró a ras de suelo y echó salfuman a las raices. Y brota. Arranca el brote, y salen otros dos...

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    1. Amigo Toy, la higuera es un árbol endemoniado: sus hojas son ásperas, su madera apenas tiene resistencia mecánica, es una leña que crepita al quemar y cuando quema en la chimenea te escuecen los ojos.
      Sólo merece la pena el sabor de los higos.
      Es muy difícil eliminar una higuera, sólo conseguirás hacerlo eliminando la raíz, así pasa con los nacionalismos.
      Salud.

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    2. Raíces muy hondas...
      Y, cierto, madera sin resistencia mecánica; personal, no subirse a una higuera jamás, -peligro-, porque las caídas tienen una malísima fama de gravedad respecto a las de cualquier otro árbol.

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  8. Mientras no desaparezca el aceite de oliva y el jamón de bellota vamos bien.

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    1. Nada que temer Cayetano, además mientras no desparezca el aceite de oliva y el jamón de bellota, habrá poesía y buen humor.
      Salud.

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  9. Si desapareciera el roast beef, los británicos seguirían disponiendo de una carta entera de platos marrones sobre los que proyectar su flema imperial: siempre queda el porridge para la épica y el fish and chips para la tragedia cotidiana.Sin paté de foie, en cambio, Francia tendría que afrontar algo más serio: ¿cómo sostener la superioridad moral sin una tostada adecuada? Es probable que las vendimiadoras de Borgoña mantuvieran el rubor gracias al vino y que las fronteras siguieran donde están, pero la République se vería obligada a admitir que la grandeur también puede servirse en formato vegetal. Eso sí sería revolucionario.
    Italia sin pizza podría vivir, como bien apuntas: siempre quedarán Dante, Verdi y alguna diva en technicolor. Sin pasta asciutta, en cambio, el país correría el riesgo de descubrir que la identidad nacional no reside en la textura del gluten, sino en la capacidad infinita de discutir sobre la textura del gluten. El Coliseo convertido en supermercado de bollería no sería tanto una catástrofe como una actualización del panem et circenses.
    Valencia sin paella, dices, trastocaría el concepto de familia. Probablemente sí: habría que acudir a terapia para aprender a quererse sin discutir sobre el punto del arroz. Pero no subestimemos la capacidad valenciana para reinventar el conflicto identitario alrededor de cualquier otro recipiente ancho y plano.
    ¿Y Cataluña? Si desaparecieran l’escudella, el cap i pota o les seques amb botifarra, lo más probable es que el número de nacionalistas permaneciera estable, pero aumentara de forma alarmante el de articulistas preocupados por la desaparición de l’escudella, el cap i pota i les seques amb botifarra. La pulsión identitaria se desplazaría sin dificultad hacia el pan con tomate, el vermut del domingo.
    Los pueblos quizá no tengan un determinismo culinario, pero sí una extraordinaria habilidad para confundir el menú degustación con la esencias patrias.

    Abrazos

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    1. Todos estos manjares o elaboraciones culinarias van determinando una manera de vivir, son, por otra parte, elaboraciones adecuadas al lugar (clima, productos locales, tradiciones...), si por una razón u otra estas delicatessen desaparecieran, todo cambiaría, esto es objetivo. Otra cosa son las eventuales identificaciones de un puchero con una esencia patria.
      Abrazos.

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  10. Ya me gustaría a mí saber las consecuencias de estas desapariciones Francesc.

    Abrazos.

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    1. Sí, Conchi, sería interesante ver por donde se encaminaría todo esto. De todas maneras, a mí también me gustaría que estas elaboraciones culinarias permanecieran con su sabor sabor de siempre.
      Un abrazo.

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  11. Nada cambiaría en Cataluña referido a sus independentistas (nunca su objetivo ha sido la cultura catalana, su conservación o difusión, más allá del idioma) porque en su propia definición, el determinismo, afirma que el futuro es inevitable y predecible, negando, en su forma estricta, la existencia del libre albedrío.
    Un abrazo.

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    1. Amigo Pitt, veo que los independentistas son cada vez menos en número y en convicciones. Además lo suyo es solamente una red clientelar.
      Abrazos.

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