La caída ya no es inminente. ¡Ya está!, la caída ya ha comenzado. El precipicio tiene dimensiones espaciales y temporales.
Auguro una caída de una altura que va desde la ciudad serena a una distopía urbana, a una cacotopía donde transcurren todos los males, a un mundo indeseable habitado por un conglomerado de seres deformes.
Creo que la caída que ya hemos iniciado, tendrá una duración de más de setecientos años. Tomo como referentes otras caídas históricas en las que las gentes pasaron de contemplar el Arco del Triunfo a temblar ante el Arco del Fracaso.
Después de unos siglos de ley y circo siguieron unas
centurias de barro, chozas, miseria y feudalismo.
Setecientos años de miseria creativa nos esperan.
Responsables políticos, con vuestra altivez, ¿qué creéis que podéis hacer? –nada–
Hoy la acción política es irrelevante y su acción es ridícula y molesta.
No hay marcha atrás.
El hombre ya no es la medida de todas las cosas. Hoy, las grandes “cosas”, la globalidad, se miden con entidades diminutas, más pequeñas que el ombligo humano.
Ante esto, a la política sólo le queda que enmudecer y retirarse.