
Joan Miró
Con
la posguerra, el arte en España se hizo ecléctico, adocenado y grandilocuente
en el peor sentido de la palabra. Sólo unos corazones entusiastas pudieron, con
su agitación y buena voluntad, recuperar la modernidad que había quedado interrumpida con la guerra.
En la oscuridad de la
dictadura los artistas tuvieron que recuperar los postulados de la vanguardia
europea.
Francesc Bassó y Joaquim Gili i Morós (Grupo R). Sede de la editorial Gustavo Gili
En medio de un páramo
yermo y requemado por las discordias, los arquitectos del grupo R recuperaron
el racionalismo del GATPAC que se había truncado.
Dibujo abstracto de Fermín Aguayo
en el catálogo del grupo Pórtico (Santander, 1949)
Dau
al Set vivificó la herencia del surrealismo. Desde su exilio
interior, la luz intensa de Miró iluminó los caminos del arte. El Grupo Pórtico
de Zaragoza, los postistas, la
escuela de Altamira y el Grupo el Paso de Madrid, nos dijeron con amargura cuál
era el tono artístico de este país roto.
Juntos encendieron una lucecita de
esperanza y con ella pudimos llegar al Mayo
del 68, donde se rompieron las ideologías y se propuso una ruptura del
lenguaje artístico. Este panorama voluntarioso de recuperación pudimos verlo en
los Encuentros de Pamplona 72 (1972).
Encuentros Pamplona 72
Promenade sur un parc. Francisco Guerrero,
participación F. Cornadó
Con gran perseverancia, aquellos
artistas entusiastas y modernos pretendieron cambiar la historia.
Después, con la
postmodernidad, con el arte pop, con la representación del consumo y las
candilejas del espectáculo, pudimos llegar a una transición hacia la ausencia.
Con la extinción de la
vanguardia europea y de la posvanguardia occidental, el arte recorrió desde el happening
a las cocinas de diseño, desde la performance a los conciertos de reggaetón y
desde la reflexión estilística al acomodo. Era el acomodo artístico del “primer
mundo”.
La tarjeta de crédito
contribuyó con eficacia a la extinción, el chip electrónico insertado en la
tarjeta de plástico permitió el acceso a ciertas aventuras espirituales que
luego se liquidan a plazos.

Aktion, 22.10.2009 anlässlich der Gründung der
Nitsch Foundation
© Nitsch Foundation, CC BY-SA 3.0
Con la euforia conseguida
después de tanta “revolución” y con la enorme responsabilidad de soportar tanto
confort, algunos entraron en la cocina y se dieron a la teología de la
alimentación. ¡Ah, revolucionarios!, se regocijaban con la esferificación de la
mortadela o los huevos glaseados con boniato, mientras los parias de la tierra
debían conformarse con unas alitas de pollo refritas en aceite manipulado o un
Big Mac versión 3.2.
Big Mac (versión comercial como todas)
Yo, amigos míos, me quedo
con los postulados de la vanguardia europea y con el bacalao al pil-pil. Digo,
sin embargo, que haré todo lo posible para adaptarme al vacío artístico, pero
de lo que sí que estoy seguro, es que nunca, en el jamás de los jamases, me comeré
un Big Mac en ninguna de sus versiones.