Muchacha con rosas (1936). Oskar Lüthy
Creo que aún no hemos tocado fondo, creo que cuando lleguemos a ese fondo oscuro tan cercano, todavía podremos continuar escarbando.
Escarbar es una acción artística.
En ese hoyo tremendo caben las relaciones humanas, la sociedad global, la mala calidad de la política y de la comida basura, la putrefacción de las ideologías, las ilusiones que nos inducen a la desilusión, etc.
Dejo todas estas lindezas y de momento sólo voy a referirme al arte que, en definitiva, es la expresión de los tiempos. El arte es el reflejo de lo que somos: una sociedad que no tiene claro su objetivo y que es capaz de elegir a sus líderes -parece que cualquier botarate sirva.
La máquina abstracta del poder impone un modelo global que arrasa con el medio ambiente, perfecciona la barbarie y anula el librepensamiento.
El artista es sensible a esta maraña endiablada y, salvo pocas excepciones, lejos de reaccionar como en otros periodos de la historia, hoy el artista calla o se refugia en el artefacto de la inteligencia artificial o sucumbe bajo las lucecitas de colores del circo mediático,
Muchos artistas callan y muchos otros quedan adormecidos por el espectáculo adocenado que ofrecen los políticos y charlatanes de medio pelo.
En este panorama social empobrecido, el arte también es pobre y al artista le quedan pocas ganas de mostrar la decadencia social, o quizá no sabe hacerlo.
La “máquina abstracta del poder” tiene la fuerza suficiente para cancelar cualquier iniciativa artística o especulación estética: comercializa la protesta y la indignación; ya hemos visto cómo la indignación del 15M se ha convertido en un espectáculo y hoy hablan de aquella protesta como quien comenta la celebración de una fiesta “rave” o de un botellón ilegal de unos jóvenes saciados, unos viejos cascarrabias y unos chulitos de saloncito que debaten en los platós de televisión.
Art is trash proclaman algunos artistas y con la basura componen obras de arte. Obras que se me antojan una desesperanza cochambrosa de inmundicias, de mugre y desperdicios.
Particularmente no creo que todo el arte actual sea basura o un teatrillo grotesco de porquería cultural. Hay unos pocos faros que iluminan una sociedad oscurecida, pero en general, veo que el arte de hoy se halla sumido en un panorama desolador.
No es justo generalizar, contemplamos, eso sí, un paisaje árido, una pérdida de nivel cultural y la falta de percepción que han de tener los que se dedican a la creación artística.
¿Siempre ha sido igual? No, a veces ha sido peor en lo social, en lo político y en lo económico, sin embargo, me parece que siempre ha sido todo más esperanzado y esta esperanza la expresaron los artistas con una creatividad decadente propia de los estilos “tardíos” y que dieron unas magníficas obras.
Hay un arte greco-romano tardío, un románico tardío de cúpulas facetadas, un gótico tardío de formas flamígeras, un renacimiento tardío que se hace manierista, un barroco tardío que se convierte en rococó, un romanticismo tardío de lágrimas disecadas, un realismo tardío y unas vanguardias tardías que sucumben ante el espectáculo mediático… En estos periodos “tardíos” había endeudamiento y severas crisis políticas y culturales.
El hoyo de cada momento mostraba su particular oscuridad. Negrura y escasez creativa. Periodos crepusculares que discurrían por un erial, tal como hemos visto con la caída de Imperio Romano al que le siguieron setecientos años de miseria creativa. Fueron siglos oscuros.
Hubo que renacer entre las ruinas y recuperar el orden y la nobilità del arte y seguir...
Todo es ondulante, un subir y bajar, clásicos y románticos, razón y sinrazón. Hundirse y escarbar.
A veces, el arte es una cuestión de ir escarbando.

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