miércoles, 9 de junio de 2021

El color de la bilis

 

 

Decía Hipócrates que la bilis negra es uno de los cuatro humores que regulan el equilibrio del cuerpo humano. Los otros tres son la sangre, la bilis amarilla y la flema.

 

Entre el año 180 y el 210 d.C. Galeno dedujo que la bilis negra era responsable de algunas enfermedades, probablemente el cáncer. Dijo que la bilis negra es “ese líquido horrible que perturba el equilibrio del cuerpo”.

 

La ciencia médica no ha demostrado la existencia de la bilis negra, sin embargo, a tenor de algunos comportamientos humanos negativos, más de uno está exigiendo que se perfeccionen los instrumentos de análisis e inspección del interior de nuestro cuerpo para determinar la existencia o no de la bilis negra. Piden que se mejoren los sistemas de radiología, los TACS, los escáneres o las biopsias y sobre todo que estas sean menos dolorosas.

 

No quiero pensar en la intensidad de la negrura de la bilis, probablemente sería más negra que el caviar o que la noche transfigurada.

 

Estoy con lo que dice la ciencia. No creo que exista la bilis negra, sino más bien algún defecto de interconexión neuronal que provoca los comportamientos negativos de algunos humanos cuya estupidez se extiende desde el cabo de Hornos hasta el desierto de Gobi.

 

lunes, 7 de junio de 2021

De regreso

Castillo de Fontainebleau, pintura en el salón de baile ("Salle de Bal"). Francesco Primaticcio.

 

Me he tomado una temporadita de retiro y reflexión. A menudo suelo hacerlo. Durante el tiempo de desconexión contemplo el trajín ciudadano y, observando la realidad, relativizo.

 

Trato de ver lo que ocurre a mi alrededor e intento quedarme con lo sustancial. Desconectado de las redes sociales y evitando los programas de televisión, consigo tranquilidad y una visión básica de la realidad, sin aditamentos ni opiniones interpuestas.

 

Gracias a la tranquilidad de ánimo me doy cuenta de que la solidez de los principios es algo monolítico cuyo lastre puede servir para algunas cosas pero que entorpece la adaptación a los cambios. La adaptación es una de las formas más inteligentes para poder sobrevivir y ahora, en tiempos de pandemia, con el virus y sus consecuencias, la adaptación es algo primordial.


Emulando a Zygmunt Bauman cuando habla de “modernidad líquida”, estoy convencido que los principios también deben ser líquidos, deben adaptarse al continente y estoy por asegurar que este líquido, se evapora muy fácilmente por la acción de cualquier calorcillo.


Estoy convencido de que un receso creativo y una buena alimentación ayudan a mitigar deterioros y carencias. Ayudan a que las conexiones neuronales sean eficaces y positivas.


Cuando huyo del trajín mediático me resulta más fácil entender la abstracción y deduzco con mayor desenvoltura las construcciones teóricas. Con el sosiego me doy cuenta una vez más de que carezco de una total capacidad para comprender los mundos simbólicos.


Gracias a la tranquilidad constato que cualquier ideal acaba en desengaño y no quiero desengañarme. Prefiero añadir a mis carencias la falta total de ideales y persisto en mi afán de llegar a tener la espiritualidad de un zapato.