sábado, 18 de abril de 2026

Convicciones monolíticas

 
Les Simples, Karel Niestrath, 1924


No me fío de las convicciones monolíticas y menos aún si estas convicciones son fanáticas.

Hago lo posible por relativizar todo lo que me llega, ya sea información sobre la realidad o ya sean dogmatismos u opiniones sobre estados utópicos y me molesta la insistencia y repetición de las informaciones.

Parto de la base que mucho de lo que me llega puede ser un error - abundan los errores -, puede ser manipulación ideológica, puede ser una consideración interesada, un producto de vanidades o una acción que sólo busca el espectáculo.

Me gusta opinar pero sin poner ningún empeño en convencer a nadie, así que estoy casi seguro de que no me llevarán a la hoguera por mis opiniones. ¡ah, también podría ser que por un error me llevasen a la hoguera! Yo no voy a morir por salvar ninguna Verdad.

Creo que el fanatismo es malo para la salud -llagas en el estómago, nerviosismo incontrolado, sarpullidos, etc.- además corrompe el carácter y acaba con el buen humor y el buen gusto.

Todos los fanatismos son grandilocuentes, no he conocido ningún fanatismo de estar por casa y a mí. precisamente me gustan las cosas de estar por casa.

Contra lo fanático, me esmero en oponer la mesura y la conciliación. También funcionan el escepticismo y la ironía.

Por otra parte, creo haber llegado a la conclusión de que sólo me puedo entender con los escépticos.

2 comentarios:

  1. También creo que la ironía funciona estupendamente... y el escepticismo saludable: esa capacidad de levantar una ceja ante la avalancha de certezas que intentan vendernos a diario, una postura muy higiénica para los tiempos que corren... El fanatismo no solo es un problema ideológico, también desgasta a nivel físico... en cambio el buen gusto y el humor requieren de cierta flexibilidad y ligereza, algo que los dogmáticos suelen considerar una debilidad... Esa idea de "no morir por ninguna Verdad" recuerda a Bertrand Russell, quien decía: "Nunca moriría por mis creencias, porque podría estar equivocado". Es, paradójicamente, una de las formas más honestas de compromiso con la realidad: admitir que somos falibles. Al final, el fanatismo necesita de la grandilocuencia para sobrevivir porque, si se mirara al espejo con sencillez y sentido del humor, se desmoronaría por su propio peso. Vivir sin el afán de convencer a nadie es, probablemente, una de las formas más puras de libertad individual, te permite observar el teatro del mundo sin tener que subirte al escenario a gritar.
    Abrazo, Francesc.

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  2. Totalmente de acuerdo. Dudar de todo es una postura racional. Los avances científicos proceden del planteamiento de dudas sobre la validez o no de los conocimientos anteriores. No me fío de los líderes ni de los profetas. Todos llevan un as en la manga.
    Salud.

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