Marie Laurencin, “Autorretrato”, 1908
Hace unos días hablaba con un buen amigo mío sobre la dificultad que observamos en la comunicación oral. Es algo que ocurre tanto en el habla corriente como en los medios de comunicación.
Comentábamos los problemas de expresión oral. El problema de entender lo que nos dicen y de cómo hacernos entender.
Podemos tolerar, y lo hacemos, que esta dificultad se dé entre aquellos que no se dedican específicamente a la comunicación, pero cuando esto sucede con los profesionales del habla -presentadores, locutores, etc.- la cosa se convierte en una desgracia. Resulta difícil de admitir que los charlatanes que hacen de la fraseología su modus vivendi -tertulianos, políticos, etc.- estén por ahí haciendo gala de su pobreza expresiva. No es admisible que pronuncien mal y algunos rematadamente mal.
No me refiero al uso de un vocablo u otro, no me refiero a la elección precisa de una palabra, no me refiero a los eufemismos ni a las adjetivaciones en superlativo. Aquí me refiero exclusivamente a la oralidad y a la dicción.
Le preguntaba a mi amigo: ¿a ti te entienden?, me contestó que sí y, sin embargo, añadió que muchas veces alguien le había dicho: usted habla raro.
Dejando aparte algunos problemas de logopedia y sin tener en cuenta el contenido y las ideas que uno quiere expresar, me detengo solamente en la oralidad y en la emisión de la palabra.
Ahí lo que observo son unas prosodias extrañas, no naturales, ambigüedad en la dicción, engolamientos, vicios de pronunciación y acentuación, vocalizaciones defectuosas, articulación silábica confusa, voces infantiloides, amaneramiento, falta de precisión, anfibología, incertidumbres fonéticas.
Oímos a locutores y presentadores que hablan con una velocidad innecesaria, evitan puntos y comas y eluden sílabas o las pronuncian a media voz, alguno es capaz de cargarse las sílabas que siguen a la última vocal acentuada. Son capaces de repetir aquello de "sapo cancione" en vez de decir "sapo cancionero", por el contrario, hemos oído a más de un político que es capaz de poner puntos y comas entre las sílabas o locutoras que empiezan a una velocidad y terminan con aceleraciones y desacelaraciones desnaturalizadas.
A todo esto se unen las alteraciones de acentuación motivadas por voluntad de diferenciación ideológica, es aquello de modificar la expresión oral para marcar las diferencias.
Supongo que la corrección en el habla es objeto de la educación general en las aulas, en las familias y en los medios de comunicación.

Ante presentadores como el de "La Revuelta", ignorante de esos cursos de dicción, de vocalización, imprescindibles para quien se dedique a la comunicación, no cabe sino, particularmente, activar los subtítulos en la "caja tonta".
ResponderEliminarOcurre que en la radio, todos odiamos nuestra propia voz, -y en la tele, nuestra imagen-, por lo cual nunca solemos rebobinar, ni corregir, si hubiera lugar.
Respecto a lo de velocidad innecesaria, constato como a un entrañable metereólogo de TV3 lo están apartando de tertulias, por su irreal parsimonia dentro de la rapidez del medio.
Amigo Toy, ¿es tan difícil pronunciar bien? ¿por qué tantos problemas de dicción?
EliminarNo me lo explico.
Salud.