lunes, 27 de abril de 2026

Caminar y olvidar

 
Wanderer en la tormenta (1835). Julius von Leypold


Caminar y olvidar, ahora un paso, ahora otro paso... Observar y protegernos, que de eso se trata.

El olvido va borrando el recuerdo de las barrabasadas que hemos tenido que soportar.


Dos hombres contemplando la luna (1825-30) 
Caspar David Friedrich


El caminante siempre me recuerda al Wanderer alemán que pasea por los bosquecillos amables, me recuerda al romántico Schubert y al misántropo Beethoven.

Caminar para observar y entender, es gimnasia del cerebro, tanto como de las extremidades.

Grandes caminantes como Nietzsche, el maestro que nos explicó cómo son los límites del bien y del mal; Rousseau que tenía incontinencia urinaria y mental y aun así, caminaba; Kant, el de los pasitos "cortos" capaz de llegar a los confines más lejanos sin moverse de Köningsberg; Nerval, que aspiraba a ser el mejor de los vagabundos; Hölderlin, que quería ir a pasear con los dioses.

De los anglosajones no digo nada, porque siempre me los imagino sentados en el sofá de aquellos salones que olían a abrigos viejos.

Dejo las brumas del norte y vuelvo a mi mar antiguo, aquí está Epicteto de Hierápolis, el estoico que caminaba sin equipaje.

Veamos la realidad en su verdadera magnitud tal como la veía el caminante que iba más allá de las medidas de la pantalla del telefonillo.

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