En medio del bullicio se agradece el aburrimiento avaro de aquellos individuos que hablan poco y que son capaces de observar la realidad con objetividad precisa, sin que su visión se vea alterada por el color del cristal con que se miran las cosas.
La forma y el color del cristal deforman, son como las pasiones y los prejuicios. Conseguir sustraerse de ellos es, quizá, la forma más elevada de la inteligencia -hablo de la inteligencia natural, no de la inteligencia artificial.
Es muy raro encontrar personas capaces de ver la realidad con absoluta objetividad y si por ventura topamos con alguna de ellas, comprobaremos que nos hallamos delante de alguien muy inteligente pero completamente insoportable y aburridísimo.
Es una inteligencia aburrida y tranquilizadora.

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