domingo, 30 de noviembre de 2025

Tópicos, surrealismo y carácter de los catalanes


Dejémonos de los tópicos habituales: que si un determinado pueblo es alegre o saltimbanqui, que si una ciudad tiene un color especial, que si las gentes de una región son serios y calculadores, que por allá son todos unos chistosos y por acullá son todos circunspectos... Nada de todo esto, nada, los tópicos son la caricatura de una mentira que se aceptan sin pensar.

Con un burda y perezosa simplificación mental. Se corta todo por el mismo rasero: ni los italianos son frívolos, ni los alemanes son unas cabezas cuadradas, ni todos los andaluces son salerosos, ni todos los catalanes son tacaños... El tópico es un veneno contra la libertad de pensamiento.


Antoni Tàpies


Dentro de la relatividad de mi conocimiento, creo entender un poco el carácter de los hombres y mujeres que viven en Cataluña -como yo- en esta franja de tierra que se extiende desde el Delta del Ebro al Cap de Creus, ya en la raya de Francia.

Estoy convencido de que la conducta de los catalanes no es sino una conducta más, con sus características particulares pero que no tiene nada especialmente notable. Como en cualquier sitio aquí también se cuecen habas, aquí hay hombres y mujeres ilusionados y responsables y otros que huelen tan mal como los de otros sitios.

Más de un entendido en esas cosas de la sociología, ha dicho que el catalán es un individuo surrealista. Tanto si es surrealista como si no, la cultura catalana se compone de una serie de contradicciones, aciertos y mezquindades como todas las demás.

Qué nadie se crea que en esta “franja risueña” hay señoras más amables y jóvenes más audaces que en otros lugares. Aquí se falsean los cuentos como en los demás sitios del mundo mundial. Todo es tan vulgar que da gusto verlo. Nada de pájaros exóticos, aquí simples gorriones inquietos intentando atrapar una miga de pan que haya caído al suelo y todos tan contentos, picoteando.

Por aquí hay quienes sueñan y se quedan dormidos en los laureles, luego al despertar, se encuentran que el mundo ha continuado girando. Los laureles soñados pueden provocar alguna creación surrealista, pero jamás un sueño será un programa de gobierno, aunque algunos estén convencidos de ello.


Paisaje catalán. (1923-24) Joan Miró 


Veo que últimamente, se utiliza el calificativo de surrealista como sinónimo de delirante o como algo disparatado, alucinante, enloquecido, etc. y todo metiéndolo en el mismo saco.

Muchas contradicciones se confunden con el carácter surrealista de los catalanes y ahí colocan lo que muchas veces no es más que una transversalidad de ideas o también colocan un carácter onírico-victimista, que da unos frutos de gran riqueza estética.

Por aquí nos encontramos contradicciones extrañas: modernillos-pueblerinos, obispos izquierdosos, separatistas que a la vez son unionistas federalistas, anarco-carlistas, pacifistas que quieren un ejército, derechistas-andrajosos, etc.

Aquí hay de todo, una diversidad de surrealistas que no lo son, una variedad de gente que ama su tierra y despotrican contra todo mientras degustan un pan con tomate con unas anchoas de L'Escala; miran el mar y dicen parece que la belleza existe y su compañero de mesa replica: está muy mal la cosa.

Pues sí, aquí hay belleza y muchos cascarrabias, tantos como en todas partes

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