jueves, 24 de noviembre de 2016

Alimentación, salvajismo y masa encefálica.



Visualización de una imagen por tensor de difusión de un cerebro humano

Se ha demostrado que la evolución de nuestra especie está asociada al incremento de la masa cerebral. Nuestro cerebro pasó de 400 cm3 a 600 cm3 de volumen gracias, en gran parte, a la ingesta de proteína animal.

Para obtener la proteína, aquellos primeros homínidos tuvieron que cazar y pescar y, además, luchar con sus congéneres para conquistar mejores territorios de caza. Todo esto no se consiguió sin violencia, ya fuera contra los animales o contra otros homínidos. Dicho de otro modo, el desarrollo del volumen encefálico fue posible gracias a la crueldad y a la capacidad que desarrollamos para tirarnos pedruscos por la cabeza y eliminar a nuestros congéneres. Luego, más adelante conseguimos llegar a los 1200 cm3 de capacidad craneal comiendo carne de bestias y perfeccionando la barbarie.

Aunque sea con alimentos de pésima calidad, pero con mucha abundancia de ellos, podemos decir que hoy estamos bien alimentados y para conseguir más comida nos valemos de procesos industriales, pero la violencia sigue. El hombre bombardea, explota y continúa depredando.

Mientras observo el incremento de la bestilidad, tengo dudas sobre si nuestra capacidad craneal crece. El salvajismo es tan atávico como las ganas de comer.

sábado, 19 de noviembre de 2016

John Vanbrugh



Conozco más de un arquitecto que se dedica a la literatura. No es raro, incluso algunos son poetas. El diseño de espacios y el cálculo de la resistencia de los materiales no están reñidos con el arte de la palabra.

No voy a calificar la creatividad y el buen arte en cada una de sus actividades, unos son mejores arquitectos que escritores y viceversa. El paso de la arquitectura a la literatura lo veo como una forma de mitigar los dolores de cabeza que produce la práctica del noble arte de la arquitectura. Sin embargo, también algunos han sufrido dolores de cabeza con la literatura, pero de estos conozco muy pocos.

En cambio, el paso de la literatura a la arquitectura es un traslado más extraño, sólo sé de uno que lo haya hecho, se trata de Sir John Vanbrugh (1664-1726), pasó de las letras a los planos con bastante facilidad. Sufrió con la literatura, escribió teatro, panfletos como Short View of the Immorality and Profaneness of the English Stage y libelos en defensa de los derechos de la mujer casada. Por algunos de sus escritos y por sus actividades contrarias a la Restauración fue encarcelado en la Bastilla.

Como era de esperar, aún sufrió más con la arquitectura, pues ya sabemos que se trata de una actividad de riesgo muy elevado, (casi siempre acabas en los tribunales).

Del sinfín de avatares conflictivos que sería prolijo detallar, sólo citaré las trifulcas que Vanbrugh mantuvo con la esposa del duque de Marlborough, aristócrata y militar que había conseguido la victoria sobre los ejércitos franceses en 1704. De las hazañas bélicas de Marlborough viene la cancioncilla Malbrouque s’en va-t-en guerre (Mambrú se fue a la guerra, que dolor, que dolor, que pena…).

En agradecimiento por aquella victoria, la corona británica obsequió a los duques de Marlborough con una mansión y unos jardines en Woodstock cerca de Oxford. Cuyo proyecto y dirección de las obras fueron encargados a John Vanbrugh.

En más de una ocasión, el arquitecto tuvo que cuadrarse y frenar los gritos histéricos de la duquesa de Marlborough, diciéndole que ella no era quien pagaba sus honorarios, que él sólo atendería a su verdadero cliente que no era otro que la corona. Sería por las broncas del arquitecto, pero a la duquesa no le quedaron ganas de cantar jamás “Mambrú se fue a la guerra…"

Dejo aparte las broncas y los problemas literarios y arquitectónicos que hubo de superar John Vanbrugh para destacar muy especialmente la gran importancia que tuvo en la historia del paisajismo. Él fue el teórico del “jardín inglés”. Preconizó un retorno al paisaje natural, la ruptura de la perspectiva y de la geometrización exagerada del jardín francés.
Claremont Belvedere. John Vanbrugh. 
Lo que parecen ventanas son ladrillos pintados en blanco y negro

En el jardín concebido por Vanbrugh, la geometría deja de ser la guía, ya no es la perspectiva quien domina, ahora se impone el placer de la sorpresa y el contraste, propone la irregularidad de formas, diseña ruinas falsas para meterlas entre la espesura, acentúa el aspecto salvaje de los trazados.

Total, un dislate propio de los románticos que creyeron que una ruina es mejor que una pérgola de columnas toscanas.
Jardín inglés con ruinas inventadas

No voy a criticar el jardín inglés, evitaré censurar los vergeles románticos, pero algo que teníamos ordenado, el jardín clásico, vino un artista sufridor y lo desordenó.

¡Bah!, ya se sabe, más de una vez, el desorden se ha impuesto.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Señor Dylan, los tiempos están cayendo



El reciente premio Nobel de Literatura, el cantante Bob Dylan, en su canción The times they are a changing, nos advertía de que los tiempos estaban cambiando.

Decía cosas así:
mejor que empecéis a nadar u os hundiréis como una piedra…,  

ahora el perdedor será el que gane después…,  

senadores y congresistas, por favor presten atención a la llamada. No se queden en la puerta…,

Vamos, madres y padres de toda la tierra, no critiquéis lo que no podéis entender…,

La línea está trazada, la maldición lanzada…

Y al final de cada estrofa insistía LOS TIEMPOS ESTÁN CAMBIANDO

No, señor Dylan, los tiempos no están cambiando, quizás lo más correcto hubiese sido decir LOS TIEMPOS ESTÁN CAYENDO

Esto es así, es la misma historia de siempre.