La mayoría de los edificios de mi barrio, el Ensanche de Barcelona, son de estilo ecléctico, bien construidos, proyectados por unos arquitectos que conocían su oficio, tenían sentido común y sentido constructivo. Además, en el Ensanche, podemos encontrar muy buenos ejemplos de arquitectura modernista.
Proyecto de Ensanche de Barcelona
Las fachadas suelen estar bien compuestas, aunque su coronación, en general, es un auténtico dislate. Las terminaciones de las fachadas de l’Eixample de Barcelona son una locura si las comparamos con el orden y la racionalidad del trazado urbanístico de este magnífico barrio proyectado por Ildefonso Cerdá.
En estos edificios hallamos arcos escarzanos, arcos de medio punto, capialzados que recorren el intradós del arco y bajan por las jambas. En los zócalos de las fachadas, más o menos clásicas, hay una profusión de molduras clásicas que se alternan con las figuraciones evanescentes de los edificios modernistas.
En medio de todo este maremágnum compositivo, se mezclan edificios pretendidamente modernos que se construyeron en la segunda mitad del siglo XX.
L’Eixample
de Barcelona lo traga todo: arquitectura (poca) del GATCPAC, arquitectura
franquista, eclecticismo, modernismo, neoclasicismo tardío, art decó, chaflanes
de algún constructor aficionado al fútbol, arquitecturillas de aprendices de
genio, algún premio FAD de arquitectura, birrias descaradas, irresponsabilidades
inmobiliarias e incluso ese templo levantado sin licencia de obras cuya
construcción es un “procés”, me refiero a la idiotez de la gran mole de la Sagrada Familia.
L’Eixample de Barcelona soporta los cambios municipales y los cambios políticos de todo signo. Aguanta cualquier ataque de alcaldes, ya sean franquistas, aprovechados, arribistas incultos, o revolucionarios de que no tienen sentido común.
L’Eixample proyectado por Cerdá, denostado por los nacionalistas del modernismo, tiene una geometría potente capaz de soportar las mil perrerías. Encontramos diversas tipologías de viviendas y de establecimientos: iglesias, casas de lenocinio, restaurantes de comida basura, fumaderos de cannabis y consumo de otras drogas, mercerías, zapateros, tiendas de informática, floristerías y tiendas abiertas todos los días del año donde los menores de edad pueden comprar alcohol las 24 horas del día.
Permitidme una divagación, una fantasía, una elegía:
Entre el cel i l’asfalt s’agita l’ordre
damunt els caps i les cases del temps.
Els balcons i les cornises emmarquen
el cel que fan un murmuri de núvols.
A l’asfalt, l’ordre palpita a les voreres,
als xamfrans i als escocells dels vells plàtans.
Un seguit d’arbres ruralitza els carrers
amb la potència del ciment i l’afany.
Motllures i memòria dibuixen
els plànols de les façanes de l’ànima.
De ben antic que els esperits de l’ordre
tenen en la pedra el sojorn etern.
Des del cimaci reclamen la raó
dels marbres i la pau de la ciutat.
A les voreres tot és un desig de panot
enmig del tràfec i el record de la historia…
Etc.
(sigue la elegía de unas treinta páginas que ahora no vienen al caso)















