lunes, 5 de octubre de 2020

Poesía. Idea y rigor


Escribir poesía es un ejercicio de rigor. Sin un concepto y sin una idea estética no es posible la expresión poética.

 

La construcción poética se apoya sobre un fundamento estético y se levanta con el rigor de la palabra, de tal forma que la conjugación y el modo verbal nos indican de manera precisa cuan veloz es el paso del tiempo, y una adjetivación perfecta nos permite expresar el color exacto de una hemorragia o la viscosidad de unas lágrimas.


Algunos han dicho que el primer verso te lo dan los dioses.  Seguramente son los dioses de la idea y la belleza. Después le sigue todo lo demás: el esfuerzo, la corrección, la precisión de la palabra…


La poesía es el arte de la palabra.


Los filósofos estructuralistas y muchos otros pensadores anteriores habían demostrado que palabra y pensamiento son la misma cosa.


Así pues, si la poesía es el arte de la palabra, habremos de convenir que la poesía es el arte del pensamiento.


Este argumento puede parecernos algo presuntuoso, pero habrá que admitir que no es posible sustentar una expresión poética sobre unos cimientos mentales deslavazados.


Una poesía bien cimentada tiene la capacidad de guardar aquellos tesoros mentales que conviene preservar.


Los hombres y mujeres que viven en este mundo se valen de la obra de arte para guardar en ella las joyas más valiosas de pensamiento humano.

viernes, 2 de octubre de 2020

Un país desquiciado

Trencadís. Revestimiento de superficies curvas con baldosas troceadas

 

La naturaleza es plácida y el clima es benigno, sin grandes fríos ni demasiados calores, aunque a veces sopla la tramontana y algunos se jactan de que este viento les enloquece y se ponen contentos e inventan el surrealismo.

 

Las lluvias escasean, pero a veces se hacen notar produciendo inundaciones que decimos saber controlar pero que no controlamos. El paisaje natural es apacible y en medio esta serenidad encontramos ciudades trazadas según un orden geométrico preciso. En estas tierras y en estas ciudades encontramos:

 

--Empresarios que dicen que su objetivo es el altruismo.


--Clubes deportivos que dicen ser más que un club.


--Vírgenes negritas veneradas por fanáticos integristas.


--Señoras y señores pulcros que ven una televisión que les convence de que son más que los demás.


--Soñadores que pretender hacer de sus sueños un programa de gobierno.


--Hombres y mujeres que sueñan poco y se acomodan a los sueños ajenos.


--Artistas que dicen encontrar una realidad más allá de la realidad, artistas vanidosos y bobalicones aduladores.


--Químicos que hacen de filólogos y son capaces de crear una gramática alambicada.


--Arquitectos venerados empeñados en revestir superficies curvas con baldosas planas, aunque tengan que trocearlas.


--Maestrillos y maestrillas que confunden las aulas con ludotecas.

  

Aquí hay más pillería que inteligencia, más ruido que música, más frivolidad que trabajo bien hecho, más acomodo que esfuerzo. Aquí se confunde la tolerancia con el papanatismo.

 

Además de los comportamientos peculiares de este país desquiciado, convivimos con las conductas comunes que se dan en otros pueblos.

Aquí, en esta tierra tan amable, no somos ni mejores ni exclusivos, somos como todos los demás y nos en este terruño encontramos:

 

--Individuos que dicen dedicarse a la meditación y no hacen otra cosa que parecer que meditan.


--Charlatanes que dan rodeos para expresar ideas inútiles y en la inutilidad se pierden. Otros que hablan de lo que no saben, otros que quieren convencernos de que su palabra es mejor que el silencio.


--Intelectuales entusiasmados con la magia y el esoterismo.


--Corruptos, arribistas y expertos en mandanga financiera.


--Políticos que engañan y votantes que se los creen y después se tienen que desengañar.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Materialismo en otoño

La habitación roja (1987) 
Karl Horst Hödick

 

Reclamo la vulgaridad más que la exclusividad.


Aspiro a ser el mejor de los mediocres.


Prefiero el huevo frito a la meditación transcendental. Mejor el chiringuito de playa que las mansiones exclusivas.


Aprecio todo aquello que vemos, tocamos, olemos y comemos.


Aunque los espíritus discutan con los fantasmas sobre ello, estoy convencido que no existe el sabor ni el olor de la mística.


Reivindico el materialismo más que el espiritualismo. Digo NO a la superstición y a la magia.


Quiero la técnica en su más alto grado de consciencia. Aplaudo la técnica de la construcción, la rueda, el fuego, las operaciones quirúrgicas, la cesárea, la calefacción y los transportes mecanizados ¡Cuánto les tenemos que agradecer!