viernes, 9 de noviembre de 2018

Resurgimiento musical inglés


 John Constable - The Leaping Horse

Después de Henry Purcell (1659-1695), la música inglesa quedó sumida en un sueño triste. El clasicismo musical europeo no llegó a las costas de la isla británica y tampoco la fuerza expresiva del primer romanticismo se dejó sentir por aquellos territorios húmedos.

La plenitud del romanticismo no produjo en Inglaterra ninguna composición destacable. Pasaron más de doscientos años sin que se oyera en Gran Bretaña ninguna melodía genuinamente anglosajona.

La pintura y la literatura inglesas estuvieron siempre presentes en la cultura británica y dieron magníficos frutos artísticos, obras de gran calidad, pero la música, durante un lago periodo, permaneció silenciosa. Más de un crítico de arte a dicho que Inglaterra es un país sin música.

La recuperación musical en Inglaterra no se produjo hasta entrada la primera mitad del siglo XX, cuando el romanticismo se encontraba ya en sus postrimerías.

El resurgimiento musical empezó a florecer en un campo húmedo, bajo nubes de fondo y con la persistente bruma británica que tan bien supieron representar Constable y Turner.

Aquella humedad y aquellos cielos infundieron un carácter pastoril de pequeña escala a la composición musical inglesa. La miniatura pastoril es una de las características más notables del resurgimiento musical inglés que se producía cuando, en el continente aparecían las vanguardias artísticas del Movimiento Moderno.

El aire bucólico, sin embargo, presentó melodías muy sugerentes.

                                                                 

Frederich Delius (1862-1934), Ralph Vaughan Williams (1872-1958) o William Walton (1902-1983) fueron a mi juicio los mejores representantes del resurgimiento musical inglés. Estos compositores, sin embargo, fueron más allá de la pincelada pastoril y compusieron unas partituras inspiradas en el paisaje sí, pero no exentas de una reflexión estética de mayor escala. 

William Walton

El impulso personal de estos compositores estaba influido por la campiña inglesa, por el silencio de aquella humedad, pero también por la formación continental de todos ellos. No en balde Delius había recibido el estímulo de los grandes compositores de la Europa Central y así se denota en su ópera “Fennimore and Greda”, especialmente en su Intermezzo.  Vaughan Williams había estudiado con Ravel y recordaba a su maestro cuando observaba como ascendía la alondra y Walton estaba influido por Stravinski y admiraba a Hindemith.

Las partituras de estos compositores suelen recurrir al esquema francés de la suite, pero sus danzas tienen una atmósfera de rapsodia que las acerca a los aires de las tierras británica.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Algunas de mis efemérides


 
La Madona de Port Lligat (1949). Salvador Dalí



Nací doscientos años después del descubrimiento de las ruinas de Pompeya y Herculano. Las ruinas siempre me han ayudado a imaginar.

Me bautizaron el día de San Martín y a ninguno de mis padrinos se le ocurrió ponerme por nombre Johann Wolfgang, a pesar de que aquel año se conmemoraba el 200º aniversario del nacimiento de Goethe. Por una larga tradición familiar evitaron Martín y me pusieron los nombres de Francisco, Cosme y Jaime. Estos nombres continúan inalterados, son así, como figuran en mi fe de bautismo.

Por acortar y porque se puso de moda, en mi adolescencia, muchos amigos y yo mismo utilizamos Francesc, catalanizando el Francisco original. Un notario, en una escritura puso: Francisco Cornadó Estradé, llamado Francesc. Leyendo aquello, ahora me gustaría que me llamaran Francisco, Cosme, Jaime detto anche Francesc, pero es demasiado largo.

Cuando nací hacía quinientos años que había nacido Lorenzo el Magnífico, este humanista tuvo unas responsabilidades en la vida, muy distintas a las mías. Él huyó fuera de la ciudad y se refugió en su hortus amoenos a meditar. Yo nunca he podido huir de la ciudad y nunca he disfrutado de ningún huerto o jardín. Siempre he desempeñado un trabajo alimenticio cargado de compromisos y obligaciones no exentos de responsabilidad, pero sin la trascendencia histórica del Medici.

En el otoño de mi nacimiento, hacía mil novecientos años que San Pedro, aquel apóstol pétreo e intolerante, había escrito la Epístola a los gálatas y Séneca se convirtió en tutor de Nerón.

Dos meses antes de que yo naciera, la Unión Soviética hizo explotar su primera bomba atómica.

Entre mis conocidos no hay ninguno que haya nacido el mismo día que yo nací, entre ellos se encuentran gente de casi todas la ideologías.

Aquel año, en que al papa Pío XII excomulgó a todos los comunistas y sus simpatizantes de «el pasado, el presente y el futuro». Nacieron Billy Joel, el terrorista Ilich Ramírez (Chacal) y la guerrillera Susana Lesgart, también Meryl Steep, Bruce Springsteen y Pedro Almodóvar. Borges publicó Aleph. Aquel año fusilaron a cuatro miembros de PSUC en Barcelona.

Cuando yo nací se cumplía el 600º aniversario de la Matanza de San Valentín. Dos mil judíos, acusados de transmitir la peste negra, fueron quemados vivos en la ciudad de Estrasburgo, ciudad donde actualmente se encuentran el Parlamento Europeo y la Corte Europea de los Derechos Humanos.

Ha ocurrido de todo y nadie ha resuelto casi nada. 

Con estas efemérides, donde hallamos ruinas, epístolas apostólicas, bombas atómicas, matanzas, fusilamientos, declaraciones de excomunión y otras lindezas, no resulta nada extraña mi propensión al escepticismo. 

lunes, 5 de noviembre de 2018

Contaminación en tiempos líquidos


Ordenación del caos. 1957. Pablo Serrano

La modernidad es la evolución constante. 

Frente al deseado derribo de las ideologías no queda otra opción que tomar un martillo y actuar en consecuencia: deconstruir el argumento y derribar el dato.

En la modernidad líquida todo argumento está contaminado de ideología y todo dato provoca sospechas.

Estoy convencido de que en tiempos líquidos no queda otra opción que pensar sin limitaciones.

Dejaremos que la forma emerja en las aguas de la confusión. Con la palabra turbada, solo la poesía podrá unir dos puntos del caos.

Desde la construcción de la Torre de Babel, lengua y pensamiento son una misma cosa.