Nicolas
Chamfort fue uno de los promotores de la Revolución Francesa y uno de los
primeros en entrar en La Bastille, su lema:
Guerre aux chateaux; paix
aux chaumières. (Guerra
en los castillos; paz en las cabañas)
Nicolas
Chamfort era tan sarcástico como Voltaire pero es más humano que éste. Siempre
iba mal vestido, cuidaba poco su aspecto, dijo:
Quicontre
détruit un préjugé, un seul préjugé, es un bienfaiteur du genre humain. (Cualquiera que haya destruido un
prejuicio, un solo prejuicio, es un bienhechor de la humanidad)
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Incitaron, sí, pero me cuesta creer que las ideas de Nicolás
Chamfort, de Voltaire, de Robespierre y de los enciclopedistas fueran los
motores directos que pusieron en marcha el asalto de La Bastille. El pueblo que
se levantó contra el antiguo régimen era analfabeto y no tenía la menor idea de
quiénes eran estos autores. Las masas campesinas y ciudadanas no tenían acceso
a los escritos revolucionarios. Los medios de comunicación a finales del XVIII
eran precarios y constaba difundir las ideas de los moralistas que defendían la
liberté, los pensamientos
esperanzados que propugnaban la egalité, y
las buenas intenciones de fraternité.
Las masas salieron a la calle empuñando guadañas, garrotes y
cuchillos, llevando la rabia en el corazón y sufriendo el atropello de una
monarquía corrupta, fastuosa y sorda, cuyos oídos solo estaban acostumbrados a
oír el minué pero que eran incapaces de escuchar el clamor de un pueblo que
padecía una miseria endémica.
Luego al lado del clamor popular se difundieron proclamas
revolucionarias e iluministas que no voy a calificar de arribistas, pero sí de
oportunismo racional y necesario.
Si bien en el fondo de cualquier acción revolucionaria
podemos encontrar casi siempre un corpus ideológico; la chispa no suele saltar si no existe la
espoleta de la necesidad o el atropello flagrante por parte del poder y una
mano con la mecha.









