
Se atribuye a Calímaco la creación del capitel corintio. Cuenta la leyenda que el escultor se inspiró viendo la tumba de una doncella en donde habían colocado una canastilla de mimbre que contenía algunas de las pertenencias de la muchacha. Al pie del cesto había crecido un acanto que, oprimido por el peso, retorcía sus hojas. Al ver los retorcimientos, Calímaco quedó prendado y cinceló el magnífico capitel.
Marco Vitruvio Polión (siglo I a.C.) en su obra “Los diez libros de Arquitectura”, lo cuenta así:
El tercer orden, llamado corintio, imita la delicadeza de una muchacha, pues las muchachas, debido a su juventud, poseen una configuración conformada por miembros delicados y mediante sus adornos logran efectos muy hermosos. Dicen que el descubrimiento del capitel corintio fue así: una muchacha de Corinto, ya de cierta edad para contraer matrimonio, falleció a causa de una enfermedad. Después de sus exequias, su nodriza recogió unas copas que le gustaban mucho a la muchacha cuando vivía y las puso todas juntas en un canastillo de mimbre, que llevó a su sepulcro; las colocó encima y con el fin de que se mantuvieran en buen estado durante mucho tiempo, las cubrió con unas tejas. Casualmente colocó el canastillo sobre la raíz de un acanto. Con el tiempo, las raíces del acanto, oprimidas por el peso, esparcieron en derredor sus hojas y sus pequeños tallos, al llegar la primavera; sus tallos crecían en torno al canastillo y por los lados salían al exterior bajo el peso de las tejas, lo que obligó a que fueran formando unas curvaturas o volutas en sus extremos. Calímaco, llamado katatēxítechnos por los atenienses, gracias a la exquisitez y primor de sus tallas de arte marmóreas, al pasar delante de este sepulcro observó el canastillo y la delicadeza de las hojas que crecían a su alrededor. Quedó gratamente sorprendido por esta original forma de las hojas y levantó unas columnas en Corinto, imitando este modelo…
Está claro que el retorcimiento de las hojas de acanto alberga los componentes más gratos y bellos del barroco y del romanticismo. A saber: maraña de curvas y contracurvas y sentimentalismo de cementerio.












