martes, 20 de septiembre de 2011

Edificios con apellido




Se puso un cinturón de piel y el diseño de su hebilla me hizo reflexionar sobre la vanidad de los diseñadores. La hebilla no era otra cosa que el nombre en letras metálicas, muy grandes, del modisto que diseñó el cinturón. Se trata de uno de estos modistos mediáticos (Moschino) que se prodigan en las pasarelas de la moda, y al que no se le ocurre otra cosa que utilizar su propio apellido como elemento de diseño. Ya existía el precedente del modisto Valentino ponía su nombre estampado en las corbatas.

He imaginado de repente, a uno de estos arquitectos famosos que aparecen fotografiados en los periódicos al lado de los políticos, que proyectaba un gran edificio cuya forma era su nombre, el nombre del arquitecto de campanillas. Podríamos ver la foto de un rascacielos, plantado en medio de la ciudad, en forma de apellido, que se ha proyectado como un alarde de vanidad sin atender a la proporción, a la construcción ni a la utilidad.

Ya hemos visto que hay arquitectos que han proyectado rascacielos en forma de otros atributos de su personalidad.

Además de la presión mediática, el panorama del diseño se encuentra sometido a una presión comercial feroz. Para alimentar la voracidad de la industria, el diseñador debe ir creando obligatoriamente y sin detenerse. La industria exige la producción de edificios y objetos inútiles para sostener el consumo.

Imagino la angustia de aquel diseñador que debe dibujar, por ejemplo, una silla o un cenicero nuevos, de diseño original, y que debe ir repasando todos los diseños de sillas y ceniceros existentes y estimular las neuronas para hacer una pieza diferente, siendo consciente de que los demás ceniceros o sillas ya funcionan bastante bien.

Con un programa así, puede salir el diseño de la pieza más extraña que nos podamos imaginar.

¿A dónde lleva toda esta apuesta estéril?

Aquí la creación artística no se sostiene por ninguna otra razón que no sea el puro interés económico. Ni ética, ni estética, ni siquiera, pura necesidad humana.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Conócete a ti mismo





γνωθι σεαυτόν, transliterado como gnóthi seautón, fue inscripto en el pronaos del templo de Apolo en Delfos.

En latín, el aforismo se presenta como nosce te ipsum. Su traducción: Conócete a ti mismo.





Menudo riesgo, conocerme a mi mismo, ¿y si acabo retirándome la palabra?

sábado, 17 de septiembre de 2011

Soneto de amor





En medio de hogueras de claveles y lirios
viene el amor, astuto, con pepitas de oro,
y lleva en las manos canciones y caricias
para cambiarlas por migrañas nocturnas.

La biología corta el bacalao
y el amor sigue siempre a su remolque,
y aunque un suspiro me estremezca el corazón
llega un vuelo al fin y se lleva los pétalos del alma.

No podré dejar de comer pan y cebolla
aunque un beso, verídico o falso
me permute gozo por retortijones.

El dolor del cuerpo está dibujado
con tinta indeleble entre los cromosomas
y los males del amor en libros románticos.

Traducción del catalán de
Sonet d'amor de "l'amor és falç"
del libro DOBLE TALL

viernes, 16 de septiembre de 2011

El lenguaje y los columpios

Tienes que haberlo aprendido de pequeña, las niñas francesas -las fifís- lo recitan muy bien.

El verso debe decirse melodiosamente, meciéndose en un francés aéreo y picante, como si nos balanceáramos en el columpio de Fragonard; debemos evitar el deje lamido de colegio de monjas; el lenguaje debe ser pulido y tornasolado, como el que emplearíamos en una tertulia de damas parisinas.

Dimanche j’étais aimable,
Lundi je fus autrement,
Mardi j’ai plus l’air capable,
Mercredi je fus l’infant,
Jeudi je fus raisonnable;
Vendredi j’eus un amant,
Samedi je fus coupable,
Dimanche il fut inconstant.


Nota: el significado del vocablo fifí, lo encontrareis en
http://francesccornado.blogspot.com/2011/01/las-fifis.html

El bolso de Gina


-Maldita la moda esa de los bolsos grandes, empiezas a llenarlos de cosas y luego pesan como un diablo y lo peor es que cuando buscas algo, entre tanto cachivache, no lo encuentras nunca -se lamentaba Gina sujetando un asa con una mano y con la otra removiendo el interior de aquel bolso enorme de lona lleno de bártulos, por cierto, todos útiles y necesarios.

Ya cansada de tanto menear, revolver y agitar, Gina vació el contenido del bolso sobre la encimera del lavabo. Una agenda, dos lápices, un bolígrafo, una libretita, un paquete de pañuelos de celulosa, un llavero con dos llaves de gorjas y tres llaves de serreta, un pañuelo de seda de color amarillo oscuro, el teléfono móvil, el monedero, unas monedas sueltas, un broche de bisutería, un lápiz de memoria, un pequeño diccionario español-italiano, una pelotita de goma, unas gafas de sol metidas en su estuche, una caja de lentes de contacto, un pincel de maquillaje, una caja de colorete, un frasco de perfume, un frasco de colonia, un abanico, tres aspirinas, dos botes de pastillas, una gargantilla de terciopelo y una caja de plata del tamaño de una tableta de chocolate en cuya tapa estaba grabada la palabra PANDORA.

-Esta caja no es mía, ¿quién la habrá metido en mi bolso? - pensó sorprendida.

Gina miró la caja de plata con extrañeza. Sin abrirla la dejó a un lado, tomó el lápiz de labios y se pintó delante del espejo.

Las desgracias y los males no se esparcieron por el mundo.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Ernst Jünger

No recuerdo muy bien las lecturas de Jünger, en todo caso la breve memoria de un polemista apasionado que abominaba las dictaduras y se encontró siempre metido en medio de controversias ideológicas y políticas.

Creo recordar que se presentaba como un solitario desencantado dentro del mundo contemporáneo, algo lógico dadas las circunstancias sociales del momento que le tocó vivir.

Su postura estaría hoy más que justificada, después de la caída de las ideologías y del hundimiento de la ética política más elemental. Jünger, sin embargo, se metió en berenjenales, denunció el nihilismo que había surgido tras la denuncia de Nietzsche de que Dios había muerto, sin plantearse que esto había ocurrido demasiado tarde.

Por otra parte, Jünger, se basa en la voluntad de poder de Nietzsche para definir un nuevo nihilismo que representa un primer paso de un proceso espiritual que viene determinado por la pérdida de los valores supremos que se consideraban y aceptaban hasta entonces.

Jünger propone un optimismo que me esfuerce y que no comprendo, para mí este optimismo es como una de aquellas “tres cositas que no alcanzo a comprender”:

1) el amor de los efebos
2) la música americana
3) el alborozo en una sociedad sin ética.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Mis amigos de Recanati

Recanati. Casa de Leopardi (a la izquierda)

El Festival de Ópera de Macerata es lo que nos convoca cada año a los amigos de Recanati. En esta pequeña ciudad, cuna de Leopardi, nos reunimos un grupo de amigos que charlamos horas y horas sobre música.

A veces las discusiones derivan hacia aspectos más generales del arte. Hoy la amiga Chantal que acude fielmente cada año, que viene de Provenza, espetó esto que ahora transcribo con toda la literalidad que me es posible:

El arte nace del diálogo entre Apolo y Dionisos.

En toda creación artística, por más ordenada que ésta sea, siempre encontraremos, como mínimo, el toque de arrebato que proviene del genio creativo. Sin embargo en las obras de arte más arrebatadas se contempla un orden intrínseco que les da consistencia de forma y de contenido.

Aquellas piezas del Renacimiento o de los primeros barrocos que fueron compuestas según las leyes rígidas de la armonía y siguiendo un orden apolíneo toman una dimensión estética de alta categoría cuando contienen, en su interior, el genio dionisíaco que lucha en medio de los mármoles estructurales del orden.

A veces la revolución dionisíaca es sutil. Es sólo una brizna diminuta que da la tensión exacta de la genialidad, entonces, en esta tenue pincelada, Dionisos se hace evidente. Pero ocurre que, cuando la subversión dionisíaca se sobrepone a las estructuras compositivas, el arte desaparece y cuando las creaciones humanas no están inflamadas por el caos dionisíaco la obra del artista se convierte en un dato numérico.

El valor del arte lo captamos en la medida en que entendemos su orden compositivo y se hace patente la comunicación de su discurso. Esto, amigos míos, es un acto racional. Con la razón es con lo que disfrutamos del goce estético y de la comunicación de la obra de arte.

Esta aprehensión racional nos resulta conocida, yo diría que familiar, no en vano tenemos impreso en nuestro pensamiento la Victoria de Samotracia o el Auriga de Delfos.

Esto, amigos míos, nos viene de lejos, aunque a los meridionales nos hayan colgado el sambenito de alocados y vehementes. Nada más clásico que el arte meridional, o si no que se lo pregunten a Leonardo, a Rafael, a Miguel Ángel o a Dante.

Sobre este poso clásico nuestros artistas han creado las obras más contenidas y de más fuerza racional que en ninguna otra cultura.

Este caldo tiene ingredientes de altísima calidad: las korai, el Partenón, el capitel dórico, el Doríforo, los yambos y elegías. Y encima de este poso han creado la Divina Comedia, la Capilla Pazzi, La Pietà y el David, La Gioconda y los versos de nuestro querido Leopardi que nació en esta ciudad donde ahora nos encontramos.

¿Podemos encontrar algo más racional en las culturas del Norte? Bajo las nieblas jamás podrá lucir la razón.

Que seáis felices.

martes, 13 de septiembre de 2011

CITEREA

Ocell, insecte, constel·lació. Joan Miró

Desde lo alto del peñasco, quizás en días despejados podamos divisar Citerea, la isla de los sueños barrocos. Cuántos hubiesen vendido su libertad por llegar a la isla galante, donde Afrodita tiene su templo.

Citerea fue sueño de aristócratas de pelucas empolvadas y de haraganes que querían vivir con el espinazo tieso que, juntos, se embarcaron en la nave de Watteau rumbo a la libertad que creían encontrar en el paraíso insular de Citerea.

En realidad, querida urraca, lo que buscaban era el libertinaje. Buscaban encontrar la tierra de la promiscuidad.

- Chac, chac, chac, chac, chac.

- ¿Qué ocurre? ¿Cómo es que siempre hemos situado las utopías en las islas lejanas?

Son las islas de la razón donde se cumplen las ilusiones y que están rodeadas de aguas tenebrosas donde viven las sirenas. Por arribar a la isla estamos dispuestos incluso a embelesarnos con los melifluos cantos de las hijas de Aqueloo, ¡Insensatos!

Podrás embarcarte. Para llegar a Citerea deberás sortear riscos que apenas emergen peligrosamente junto a las orillas de la isla, pero que están ahí para impedirte que arribes a la costa. Cada vez que sortees un escollo y cada vez que salgas indemne de un canto de sirena se acrecentará tu delirio y tu afán por llegar a la isla. El viaje hacia la utopía se convertirá en una travesía donde la sinrazón irá en aumento.

- E la nave va.

- Sí, navegando sobre el mar tenebroso.

- Chac, chac, chac, chac, chac.

- ¿Tienes miedo, pájaro ladrón? ¿Te acobarda llegar a Citerea?

- Chac, chac, chac, chac, chac.

- Al llegar a la ínsula añorada, encontraremos peñascos calcinados por donde trepan las cabras, una tierra donde las abejas zumban entre arbustillos y pitas, donde no se encuentran los sueños salvadores y donde nuestras esperanzas quedan reducidas a algunas sombras bajo el mirabolano.

Ahora, desde lo alto del acantilado, oteando el horizonte, puede que nuestra única utopía sea el ardid, la trampa, la astucia, sea el afán que mentalmente nos lleva a Citerea, pues allí en la isla, la tierra es baldía; eso sí, desprovista de fronteras. Es tan pequeña.

de "El caminante y la urraca"

lunes, 12 de septiembre de 2011

Tras el cristal

En la sala que da al jardín,
en el que todavía florecen las margaritas,
firmamos, tras el cristal empañado,
una revuelta de pactos solitarios,
y bajo un murmullo apagado de satén
rasgamos el cuerpo
según el antiguo orden de la colmena.

He aquí el contrato solidario,
el de los grandes amores:
una derrota de rosas
que nos traerá la luz del otoño
y las manchas pardas en la piel,
y después del equinoccio
florecerán, entre tú y yo,
los crisantemos del jardín cercado.

Traducción al castellano del poema
Darrere el vidre
del libro Doble tall
Ed. March Editor (2009)

sábado, 10 de septiembre de 2011

VIRTUS COMBUSTA


Virtus combusta . (1490) Andrea Mantegna

Pasad y veréis. En el gran corralillo del mundo, en el valle quejumbroso que se extiende por todos los confines de este circo global, encontrareis a la mujer obesa coronada, sentada sobre una esfera que, timón en mano, pretende dirigir el rumbo caprichoso de la fortuna.

Delante de las sombras hallaremos la Alegoría de la Humanidad, la mujer obesa coronada, sometida al imperio de la ignorancia. A sus pies se encuentran sendas esfinges de tres patas cada una y un ánfora que contiene dinero.

La Ignorancia humana es aconsejada por la Avaricia, esa vieja enjuta de senos caídos y orejas puntiagudas y por la Ingratitud que lleva sus ojos vendados.

En el valle sombrío de oriente arden en una pequeña hoguera las ramas de laurel, símbolos de la Virtud y el Mérito. La virtud en llamas -Virtus Combusta-

En el occidente de la noche, una mujer desnuda es guiada por su destino, que no es otro que el Error, este ser con orejas de burro que la toma de su mano izquierda. Tocando la flauta les anima un sátiro lascivo de pies palmeados y alas de murciélago, es la Lujuria. Tras de ellos, el Fraude con la cabeza cubierta con un harapo y un perro atado a una correa parece empujarles. Les empuja hacia el pozo profundo que se abre a sus pies. Quizás la profundidad del foso nos conduce al Averno.

¿Encontraremos la Virtud abandonada en medio de espinas y ruinas o tan solo hallaremos las cenizas de la Virtus Combusta?