domingo, 27 de septiembre de 2026

Políticamente correcto


Lo políticamente correcto se nutre de la incultura y a su vez, va generando más incultura. Es lo contrario al librepensamiento. Elabora un discurso carente de ideas, formado por consignas y frases panfletarias.

No voy a decir que el discurso políticamente correcto sea propio de pusilánimes o cobardes. Es propio de quienes evitan pensar y prefieren reunir unas determinadas consignas pueriles y remilgadas y colocarlas unas a continuación de otras con la intención de elaborar un relato que satisfaga a ingenuos, cándidos o incautos.

Lo políticamente correcto se vale del eufemismo, de la adjetivación blanda y de una falsa moderación de los significados; atenta contra la visión objetiva de lo real y lleva la reflexión lógica a un territorio emocional que ensombrece la percepción de la realidad.

El lenguaje políticamente correcto complace a burócratas, a políticos de medio pelo, psicopedagogos, maestrillos y maestrillas, autores de libros de auto-ayuda, integrantes de flotillas y otros especímenes que parecen andar por ahí con el lirio en la mano.

El reduccionismo servido por lo políticamente correcto conduce a la holgazanería intelectual.

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