domingo, 28 de septiembre de 2014

Lorenzo Lotto


Madonna y el Niño con San Pedro Mártir (1503)
Lorenzo Lotto (1480-1556)

Lorenzo Lotto, veneciano él, residió primero en Roma y después en Recanati y desde allí lanzó sus invectivas metiendo maraña contra Tiziano y Giorgione.

Era un pintor muy informado, atento a las nuevas “poéticas” y sobre todo con una gran curiosidad por el hermetismo que había inaugurado Antonello da Mesina, pero su postura siempre fue opuesta al simbolismo.

Lotto pone objeciones, le gusta ir contra corriente y cuando conviene lo manifiesta pegando trancazos pictóricos contra el sistematismo quattrocentista. Admiró con desconfianza la obra de Rafael.

A pesar de su carácter crítico y peleón, eludió los problemas que planteban los intelectuales de la época y se zafó de las cuestiones religiosas que tanto entretenían a las elites.

Lorenzo Lotto fue un artista muy culto y refinado, se alineó sin embargo, con la fe de los simples, con el candor, con la devoción popular y con la sencillez del culto, y ya se sabe, todo este candor acaba casi siempre en pegar un machetazo a la clava del primero que se cruza o te anda con monsergas.

Dejo aparte su actitud candorosa y digo que la obra de Lorenzo Lotto se caracteriza por su oposición ante la unidad de representación, por la fidelidad al clasicismo y por el gusto a la monumentalidad. No cree que el arte deba reflejar el sistema de la creación ni de la historia, y por si fuera poco la cosa, todo esto lo plantea siendo consciente de la inutilidad del impenetrable escrutinio de las sombras y de los símbolos.

Su anticlasicismo lo conduce a un manierismo que llega a converger con las estéticas de Corregio y Parmigianino.

A pesar de su candor salvaje, de su propensión al hachazo alevoso y de su manierismo inducido, siempre, siempre, admiraré los verdes de Lorenzo Lotto.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Leeré en otoño


Harun al-Rashid recibe a una delegación de Carlomagno.
Julius Köckert (1827-1918)

No voy ha hacer un alegato contra la lectura. No.

En los libros he podido leer las palabras más bellas, que son la expresión de los más bellos pensamientos.

Entre las páginas de los libros, también, he encontrado las páginas de la historia y he aprendido que caemos siempre en los mismos errores y que una generación tras otra va repitiendo las mismas injusticias y bestialidades.

No voy a contradecir a Harun-al Rashid -que mil y una noches perfumen sus sueños-

No voy a llevar la contraria al justo Aaron de Persia que me aconseja: leer, porque el jardín más hermoso es un armario de libros ¡Un paseo a través de sus estantes es la distracción más dulce y encantadora!

Pero intentaré gozar del locus amenos, del jardín oloroso y de la vista de las flores; y cuando este sol sea un ocaso y cuando las hojas de latón cubran el suelo de otoño y no quede otro remedio, leeré las páginas más bellas.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Corrupción técnica



 
Arraigada en cualquier ámbito de la sociedad y en cualquier estrato, más o menos profundo, vemos brotar la corrupción por todas partes. Donde se hace más visible es en la economía, pero también aparece en la aplicación de la técnica.

Tal como aseguraban los clásicos ‘el poder corrompe’. La corrupción procede del poder.

Aquí voy a referirme al envilecimiento y a la inmoralidad técnica. Se trata de una corrupción que también procede del poder: del poder del conocimiento de la técnica. 

Sabemos de casos de técnicos corruptos que han practicado algún tipo de estafa económica de manual, a la manera de banqueros y políticos corruptos. Aquí no me refiero a meter mano en la caja. Me refieré solamente a la corrupción que se produce al aplicar la técnica de forma perversa.

El técnico corrupto se ampara en su conocimiento de normas o reglamentos, de ciertos arcanos profesionales o de algún rigor de cálculo para superar sus miedos o su cicatería.

Me refiero a los vicios de aquellos técnicos que se afanan sólo para favorecen su ego, su fama o su vanidad y me refiero también a las concesiones que el técnico hace al poder, con el timorato fin de preservar su chiringuito, y afirmo que las corrupciones técnicas causan un mal al conjunto de la ciudadanía de la misma manera que lo pueden producir las corrupciones financieras.

Sé poco del mundo de la industria pero puedo hablar del sector de la arquitectura con conocimiento de causa. Son técnicos corruptos aquellos que:

1)     Sobredimensionan los espacios, las instalaciones y las estructuras, con el fin de salvaguardar su responsabilidad. 
      Desde el punto de vista de responsabilidad, siempre causa menos problemas sobrepasarse que quedarse corto.

2)      Disponen mil argucias y triquiñuelas para eludir la normativa técnica o urbanística con la finalidad de complacer al cliente. 
      Así conservan el puesto de trabajo o el chiringuito.

3)      Adoptan soluciones técnicas facilitadas por los fabricantes sin evaluar racionalmente su idoneidad o eficacia. 
      De esta manera se abrevia el trabajo y queda más tiempo libre para ir a jugar una partidita con el industrial.

4)      Escatiman esfuerzos y cálculos para buscar la solución más óptima. 
      Yendo a soluciones usadas anteriormente se simplifica el trabajo y ya no hay que meterse en berenjenales que producen dolor de cabeza.

5)      Proyectan artilugios espectaculares que satisfacen a su vanidad y quedan muy bien en la fotografía del día de la inauguración. 
      Así aparecen en los medios como artistazos de campanillas.

martes, 23 de septiembre de 2014

Autodestructivos, malditos, nihilistas y heterodoxos


Les portes de Linares -fragment III-

Jordi Benito

 

Existe una apiñadura o conjunto de artistas insurgentes que con su obra muestran su vocación subversiva y plantean una revolución contra toda norma establecida ya sea una regla formal o una pauta argumental.

 

Sin hacer distinciones de matiz, solemos meter en el mismo saco a  autodestructivos, malditos, nihilistas y heterodoxos, y los encajonamos en la amplia categoría de “los malditos”. Un solaz donde cabe la transgresión, el grito, la voluntad de mostrar el mal y de desquiciar al prójimo.

 

Sus obras presentan aspectos de gran creatividad. De ellos admiro su postura radical y transgresora, pues estoy convencido de que la historia del arte es la historia de la transgresión.

 

Como admiro también la gran creatividad de los otros artistas más "modositos" que, lejos de toda heterodoxia, su actitud vital es constante y rigurosa y que demuestran una radicalidad artística que también desborda la norma.

 

Lo que da el sello de heterodoxia es, pues, una actitud de posición y de comportamiento personal, más que de planteamiento artístico.

 

Entre los autodestructivos, malditos, nihilistas y heterodoxos encontramos quien se ha cortado una oreja, quien se bate en duelo por una bagatela, quien se autodestruye con el opio o quien se atraviesa la palma de la mano con un punzón. Está el pendenciero que busca camorra, el que hace de la suciedad una norma de vida y el que baja al infierno para injuriar a la belleza.

 

Junto a los sensatos Horacio, Dante, Bach, Della Francesca, Miguel Ángel, Bramante, Le Corbusier, Maragall, Machado, Mompou y Miró cuya obra es crítica y radical, encontramos a Cellini, Caravaggio, el Marqués de Sade, Baudelaire, Edgar Allan Poe, Rimbaud, el conde de Lautréamont, Artaud, Burroughs, Bukowski, Jim Morrison, Jordi Benito y Leopoldo María Panero.

 

Los unos y los otros han dado obras de gran transcendencia en la historia del arte, han supuesto siempre una apuesta por la modernidad, han inspirado los movimientos sociales ante las crisis morales y políticas, han criticado el orden caduco y todo esto con independencia de su comportamiento y de su urbanidad.

 

 

Siempre hemos pensado que los “malditos” eran unos seres que hacían lo que les daba la gana y así, con esta facilidad, iban produciendo su obra artística. Sin embargo, lo cierto era que detrás de su ligereza de proceder escondían un trabajo ingente y durísimo que llegaba a matarles. Su comportamiento los mataba y su trabajo ingente también.            

 

En mi opinión, detrás de su actitud rebelde, la obra de los artistas “malditos” alberga, en su interior, dos -al menos dos- microorganismos patógenos:

la vanidad y la moralina.


La obra de los artistas malditos se desenvuelve entre el dolor y la desesperanza, el bien y el mal mezclados, la confusión de los límites y la convicción de ruptura de los mismos.

 

Su obra plantea la reforma moral de la sociedad y creen que así desquician la vida del mundo, y están convencidos de que su obra derrumba los cimientos de la sociedad. Quizás sin quererlo, eligen el dolor y se autodestruyen. Se empeñan en mostrarnos el mal y, con su obra, enseñarnos el camino del bien. He ahí su moralina.

 

Creen que su arte es indestructible, pues es el mal, y éste es siempre indestructible, y destruyendo su vida, construyen el bien del género humano. He ahí su vanidad.

 

lunes, 22 de septiembre de 2014

Equinoccio de otoño




Los días empiezan a acortarse y después de los calores parece conveniente volver a la actividad bloguera. Las tormentas continúan y aquellas insidias y escándalos primaverales continúan también.

Como otras veces, después de un periodo de descanso, al reanudar el blog, prometo no hablar de políticos ladrones. Prometo no hablar de política hasta que estos chorizos no devuelvan lo que han robado.

La intolerancia, la corrupción, el poco sentido común y la mala calidad democrática de nuestros gobernantes persisten. Una ciudadanía desquiciada asiste al espectáculo de la política, y algunos llegan a creer que con la sustitución de unos ladrones por otros, todo se va a arreglar. Vana ilusión que nos sirven en forma de símbolos.

El poder corrompe, los salvadores de la patria son unos farsantes peligrosos, los himnos y las banderas sirven para entretenernos, los mercados están decididos a robárnoslo todo, los medios de comunicación engañan, la cultura está por los suelos, la educación en las aulas es delirante, la universidad se ha convertido en un supermercado de venta de títulos académicos. El panorama es desolador.

Como he dicho otras veces, no espero nada, ya sé que esto no lo arregla nadie y que me lo van ha quitar todo, hasta el café.

Ahora de nuevo en el blog, con mis amigos y con humor continuaré con mis reflexiones estéticas sentado a la orilla del río.

Super flumina babylonis, ibi sedinus et flebimus.

jueves, 19 de junio de 2014

Pausa para el cambio de estación




Ahora que el día es más largo, aprovecho para irme a un lugar recóndito donde no alcanza el disparo de la ballesta ni llegan las ondas hertzianas.

Me escapo. Me marcho para atender lo que dicen las olas del mar que, con su vaivén, me traen las noticias con la pausada inmediatez de lo que queda en el recuerdo. 

Sin aparatejos, sin cachivaches, sin artilugios, sin artefactos, sin maquinitas que transmitan los odios y las venganzas lejanas, ni pantallas de cristal líquido que moje las horas pausadas.

Me voy. Volveré cuando vuelva, cuando los días sean más cortos y las ondas no me molesten tanto.

miércoles, 18 de junio de 2014

Impura armonía




Gran Pintura con línea de puntos
Antoni Tàpies


Encuentro la armonía en las voces
del artificio, del efebo que canta
y en el chillido del pájaro nocturno;

canciones desvalidas de selvas
oscuras y paisajes con torrentes.
Los cantos son ahora un himno
de calles y paredes urbanas.

Hoy, en la tierra revestida de asfalto,
el tiempo deviene metáfora del tiempo
y aquellos días que viví son el recuerdo
de aromas de ciruelo y de pieles curtidas.

En este junio de avenidas y sirenas
hay una bastero que rechaza el cuero
y un gavilán que perdió el vuelo.

martes, 17 de junio de 2014

domingo, 15 de junio de 2014

La crema de leche

 
Se habían comido muchas lenguas de faisán con pétalos de azucena y manzanas confitadas, comieron huevos de codorniz caramelizados y regados con sopa púrpura de remolacha. Fueron banquetes fastuosos.

Las mesas de la Europa aristocrática se adornaban con vajillas de Delft y de Beziers, con guirnaldas de flores y abalorios de coral; mientras, las mesas de las posadas y las fondas y las mesas pobres de la plebe continuaban con la cebolla medieval y con las patatas cocidas, algún trozo de tocino y alguna sardina.

La Revolución Francesa no socializó las mesas, hubo que esperar a la nouvelle cuisine.

Los nuevos cocineros acabaron con las salsas pesadas de la cocina clásica. Con los cucharones y con la crema de leche acortaron las diferencias. 

Añadieron crema de leche a todos los platos. Segregaron algunos ingredientes de la cocina cristiana de occidente y los bañaron con crema de leche, tomaron recetas de la abuela y les pusieron crema de leche, contornearon los contorni italianos con crema de leche, 
empaparon la cocina tradicional mediterránea con crema de leche. 

La omnipresente crema de leche rebosaba por todos los platos.

La crema de leche se convirtió en el ingrediente unificador y socializador.

Mala solución socializadora para quienes aborrecen la leche y sus derivados. Hay que tener cuidado con los elementos socializadores que son a su vez unificadores, hay que tener cuidado con no empaparlo todo con la misma salsa.

viernes, 13 de junio de 2014

Soluciones a palos



En muchas ocasiones el hombre ha recurrido al palo para ganar en eficacia.

El palo le ha facilitado las cosas. Cuando el palo se ha aplicado con inteligencia el resultado ha sido un éxito.

Añadió un palo a la bayeta y ya no tuvo que arrodillarse para fregar, surgió la fregona que fue un éxito y un gran avance en comodidad.

Añadió un palo al caramelo y de esta manera ya no se ensuciaban las manos cuando chupábamos la golosina.

Añadió un palo al antifaz y con un simple gesto pudimos cambiar de careta o esconder nuestra identidad.