Soy un urbanita irredento, no me gusta el campo ni me gustan los pueblos de montaña. Por aquellos andurriales, me atacan los mosquitos, el pestazo de las granjas me molesta y muchos pueblerinos me insultan, me llaman "pixapins" (mea pinos). Yo nunca he meado contra un pino y sé de algunos pueblerinos que sí lo hacen y sé, también, que algunos mean contra el viento, luego pasa lo que pasa y el spray no hace distinciones.
Allí en el campo, rodeados por un mar de acelgas, de berenjenas y con la peste de los excrementos de las vacas, los pueblerinos contemplan los dones que Dios les ha proporcionado, suspiran y respiran hondo un aire limpio e incontaminado que huele a estiércol.
La gente de aquellos paisajes de apios y espinacas se sienten diferentes y creen que están por encima de los que vivimos en las ciudades. Dicen que los urbanitas apenas sabemos distinguir un gallo de una gallina y entonces a nosotros, los urbanitas, no nos quedará otro remedio que conformarnos aceptando nuestra incultura sobre la distinción entre las crestas de las gallináceas. Creen que ellos son lo primero y allí, en su terruño bendito, no se puede pedir nada más, porque allí está el principio del bien: el principio de las semillas de tomate, de las judías verdes y el primor de las gallinas felices. Son bucólicos como la flauta del pastor que suena con el balar de las ovejas.
Su carácter es exagerado y su razón es confusa, allí creen tenerlo todo. Se creen superiores y aborrecen al forastero, -aborrecer al forastero se llama xenofobia. Cuando insultan al forastero lo hacen convencidos, apelando a su intimidad supremacista, una intimidad configurada por unas tradiciones viejas que han pasado de padres a hijos sin que mediara la razón.
Quiero dejar claro que hablo en general, siempre hay matices y excepciones honrosas y afirmo con satisfacción, que no en todos los pueblos de montaña he encontrado individuos toscos o zarrapastrosos, añado que entre los viñedos y olivos he encontrado hombres y mujeres cargados de sentido común y buena voluntad. Pero no me gusta que me insulten y que me traten de manera despectiva y supremacista, normalmente yo me comporto con educación y buenas maneras.













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