miércoles, 17 de mayo de 2017

Ética "minimal"

Grabado de los Provervi figurati de Giuseppe Maria Mitelli, 1678
Imagen tomada de SIETE APROXIMACIONES A MARÍA ZAMBRANO Y UN ACERCAMIENTO de Antoni Marí, libro editado por Mudito & Co. SD Edicions


IL CATALETTO ACQVISTAR FÀ INTELLETTO

S’il Mondo ti lusinga, e ti delude,
Ne trovi, che bugie ne suoi volumi,
Leggi la verità sul’ossa ignude.

Una forma de minimalismo consiste en leer la verdad sobre los huesos desnudos del mundo. 

Estoy convencido que se trata de una ética “minimal” que sólo podemos practicar cuando el mundo nos decepciona.

martes, 16 de mayo de 2017

Import-Export en el Siglo de Oro



 
CABEZA DE SAN PABLO  Juan Alonso Villabrille y Ron

El Siglo de Oro fue de oro gracias a este dorado metal que iba llegando de las Américas. Se importó metal y semillas y se exportó intolerancia. Con las riquezas expoliadas floreció un arte robusto como las espadas y sufriente como los condenados, irracional como los estigmatizados, intolerante como las instituciones, cerrado como la mente de los que gobernaban y vigoroso como las batallas que se perdían.

El arte expresó el trasiego de las ideas y los materiales. La escultura fue una policromía de tallas ensangrentadas, la literatura una puesta en verso del fanatismo, la pintura unas manchas preciosas en la oscuridad. Los artistas fueron extraordinarios y dolidos, fueron unos grandes genios que tuvieron que soportar la incomprensión.

De poco habían servido las ideas humanistas del Renacimiento. Quitando a Garcilaso y sus sonetos y también a Ausias March que escribió en catalán, aquí de Renacimiento al "itálico modo" hubo muy poco. En un tris de silencio pasamos de la Edad Media al Barroco. Con la Santa Inquisición, reforzada en Trento, fuimos de la superstición del medievo a un nuevo oscurantismo de extáticos y místicos.

Garcilaso y Boscán importaron las formas de quattrocento. Menuda balanza comercial, se importó el soneto petrarquiano y se exportó la neo-escolástica. Fue un desastre que se anotó en el balance maligno de la leyenda negra.

domingo, 14 de mayo de 2017

La posverdad del arte moderno



Vemos continuamente cómo se levantan grandes castillos sobre cimientos muy frágiles. Grandes montajes políticos y sociales tienen sus fundamentos en mentiras conocidas. Se trata de la posverdad, otro eufemismo más para designar de forma blandengue lo que es simplemente una gran mentira.

La posverdad es el engaño conocido, la mentira asumida, la manipulación y el control social que, a golpe de consignas, va determinando todos los aspectos culturales, económicos, sociales e incluso científicos.

En política, la posverdad se ha apoderado de los programas electorales; en economía la posverdad fija los índices comerciales; en sociología se alteran las estadísticas. Ahí está el Brexit, Trump, los populismos, etc., y así avanzamos entre engaños, farsas y estafas.

Los medios de comunicación no ahorran esfuerzos en difundir el gran timo, y la ciudadanía lo acepta de manera espectacular, llamativa y aparatosa: una mayoría de votantes elige a los más corruptos como sus representantes, a sabiendas que son corruptos. Se aceptan datos macroeconómicos manipulados a sabiendas que son manipulados y todo queda determinado por la mentira aceptada y el gran fraude global.

La posverdad alcanza también al arte, especialmente a las vanguardias del siglo XX y al ocaso de las mismas.

La posverdad de la vanguardia artística

La posverdad se mostró de forma violenta cuando el Movimiento Moderno hizo alarde de la ideología -del signo de las ideologías- El ideario político sustituyó los valores estéticos. Toda creación artística que se preciara de moderna debía ser de izquierdas y todo lo demás era calificado de reaccionario, relegado al ostracismo sin que nadie se preocupara de la calidad artística. Por otra parte, el realismo soviético se mostraba implacable con el constructivismo, el suprematismo y con la creación de vanguardia. Los regímenes totalitarios (Hitler, Franco, Mussolini) censuraron toda creación artística cuyo autor no comulgara con sus delirios ideológicos. La ideología fue el martillo de la estética. Más de un artista sufrió sobre sus carnes la intolerancia y el fanatismo.

Había cambiado el paradigma de valoración de la obra de arte. Ahora debería considerarse el signo político por encima de la calidad estética y comunicativa del arte.

La posverdad del ocaso de la vanguardia artística

Dos grandes guerras, dolor y muerte recorrieron el siglo XX. Muchos artistas murieron y otros tuvieron que huir de sus países y refugiarse donde pudieron. Allí donde fueron acogidos intentaron reconstruir sus vidas y continuar su obra, pero los tiempos habían cambiado y algunos se encargaron de hacérselo notar.

Músicos, escultores, arquitectos, pintores y muchos artistas de la Vanguardia europea, adalides del Movimiento Moderno, emigraron a Estados Unidos, fueron acogidos bajo el manto de una tolerancia ficticia, pero allí, en medio de una hoguera de vanidades, fueron calificados de “izquierdosos”, admirados y peligrosos a los que había que atar corto. Enseguida se dispusieron las medidas oportunas. Debían ser, eso sí, efectivas, pero procurando que no se notaran demasiado para no provocar disentimientos antiestéticos.  

La posverdad, como si de un nuevo torquemada o un savonarola se tratara, actuó otra vez. Decretó el cambio: ahora ya no sería la izquierda el corifeo de la posverdad artística, ahora, la posverdad cambiaba de signo. Los chulitos de saloncito y los yuppies se encargaron de fijar el nuevo paradigma.
Como no podía ser de otra manera, el verdadero valor del arte era el dinero, la cotización, lo que se pagaba por de las obras arte.

Con todas las luces de neón de Brodway, entre parties y espectáculo, Tom Wolfe dijo que ya nadie debía temer al Bauhaus feroz, que los izquierdosos europeos no eran ni tan altos ni tan rubios como los campeones de Wall Street. Ahí estaba la posverdad del Arte Pop para demostrar cuál era el verdadero valor del arte 
 el dólar


Andy Warhol (Andre Warhola) y otros gafapastas bailaron al son de no se sabe que música y pintaron botes de sopa de tomate, hicieron fotocopias de la Mona Lisa y las colorearon y dibujaron el nuevo paradigma de arte:   el dólar  
 

Esta era la posverdad del fin de las ideologías en el arte y sobre este engaño se han ido montando sucesivas exposiciones, tinglados comerciales y ferias de arte como ARCO donde acuden reyes, modernillos y especuladores que se montan al carro de la posverdad.