Vemos
continuamente cómo se levantan grandes castillos sobre cimientos muy frágiles.
Grandes montajes políticos y sociales tienen sus fundamentos en mentiras
conocidas. Se trata de la posverdad, otro eufemismo más para designar de forma
blandengue lo que es simplemente una gran mentira.
La
posverdad es el engaño conocido, la mentira asumida, la manipulación y el
control social que, a golpe de consignas, va determinando todos los aspectos
culturales, económicos, sociales e incluso científicos.
En
política, la posverdad se ha apoderado de los programas electorales; en
economía la posverdad fija los índices comerciales; en sociología se alteran
las estadísticas. Ahí está el Brexit, Trump, los populismos, etc., y así avanzamos
entre engaños, farsas y estafas.
Los
medios de comunicación no ahorran esfuerzos en difundir el gran timo, y la
ciudadanía lo acepta de manera espectacular, llamativa y aparatosa: una mayoría
de votantes elige a los más corruptos como sus representantes, a sabiendas que
son corruptos. Se aceptan datos macroeconómicos manipulados a sabiendas que son
manipulados y todo queda determinado por la mentira aceptada y el gran fraude
global.
La
posverdad alcanza también al arte,
especialmente a las vanguardias del siglo XX y al ocaso de las mismas.
La
posverdad de la vanguardia artística
La
posverdad se mostró de forma violenta cuando el Movimiento Moderno hizo alarde
de la ideología -del signo de las ideologías- El ideario político sustituyó
los valores estéticos. Toda creación artística que se preciara de moderna debía
ser de izquierdas y todo lo demás era calificado de reaccionario, relegado al
ostracismo sin que nadie se preocupara de la calidad artística. Por otra parte,
el realismo soviético se mostraba implacable con el constructivismo, el
suprematismo y con la creación de vanguardia. Los regímenes totalitarios
(Hitler, Franco, Mussolini) censuraron toda creación artística cuyo autor no
comulgara con sus delirios ideológicos. La ideología fue el martillo de la estética. Más de un artista sufrió sobre sus
carnes la intolerancia y el fanatismo.
Había
cambiado el paradigma de valoración de la obra de arte. Ahora debería
considerarse el signo político por encima de la calidad estética y comunicativa del
arte.
La
posverdad del ocaso de la vanguardia artística
Dos
grandes guerras, dolor y muerte recorrieron el siglo XX. Muchos artistas
murieron y otros tuvieron que huir de sus países y refugiarse donde pudieron.
Allí donde fueron acogidos intentaron reconstruir sus vidas y continuar su
obra, pero los tiempos habían cambiado y algunos se encargaron de hacérselo
notar.
Músicos,
escultores, arquitectos, pintores y muchos artistas de la Vanguardia europea,
adalides del Movimiento Moderno, emigraron a Estados Unidos, fueron acogidos
bajo el manto de una tolerancia ficticia, pero allí, en medio de una hoguera de
vanidades, fueron calificados de “izquierdosos”, admirados y peligrosos a los
que había que atar corto. Enseguida se dispusieron las medidas oportunas. Debían ser, eso sí, efectivas, pero procurando que no se notaran demasiado para no provocar
disentimientos antiestéticos.
La
posverdad, como si de un nuevo torquemada
o un savonarola se tratara, actuó otra vez. Decretó el cambio: ahora ya no sería la izquierda el corifeo de la posverdad
artística, ahora, la posverdad cambiaba de signo. Los chulitos de saloncito y
los yuppies se encargaron de fijar el nuevo paradigma.
Como
no podía ser de otra manera, el verdadero valor del arte era el dinero, la
cotización, lo que se pagaba por de las obras arte.
Con
todas las luces de neón de Brodway, entre parties
y espectáculo, Tom Wolfe dijo que ya nadie debía temer al Bauhaus feroz, que
los izquierdosos europeos no eran ni tan altos ni tan rubios como los campeones
de Wall Street. Ahí estaba la posverdad del Arte Pop para demostrar cuál era el
verdadero valor del arte
el dólar
Andy
Warhol (Andre Warhola) y otros gafapastas bailaron al son de no se sabe que
música y pintaron botes de sopa de tomate, hicieron
fotocopias de la Mona Lisa y las colorearon y dibujaron el nuevo paradigma de
arte: el dólar
Esta
era la posverdad del fin de las ideologías en el arte y sobre este engaño se
han ido montando sucesivas exposiciones, tinglados comerciales y ferias de arte
como ARCO donde acuden reyes, modernillos y especuladores que se montan al carro de la
posverdad.