sábado, 17 de diciembre de 2016

La crítica literaria y la tecnología



Nicolas de Staël. Paisaje (1954)

La crítica literaria dirige sus dardos o sus elogios a los escritos que se encasillan dentro de los llamados géneros literarios. Textos de ficción, de poesía y de algunos tipos de ensayos, generalmente ensayos relativos al mundo de las letras (de las carreras de letras).

Este modo de proceder es reductivo, ya que elude una gran parte de escritos científicos o técnicos que muchas veces están expresados con una gran calidad estética y por ello, deberían considerarse como obras literarias.

La contribución de las ciencias, de las técnicas o lo que proviene del mundo del Derecho, ha sido denostada por la crítica literaria, que tradicionalmente los ha vertido al contenedor de lo funcional, y doy a este vocablo el sentido más despectivo y zarrapastroso de la actividad humana.

Error, craso error, pues el texto científico es también una expresión del pensamiento, y si esto se practica con voluntad estética, no existirá ninguna razón para ser excluido de la literatura con mayúsculas.

Una crítica que reduzca el ámbito de la literatura a la órbita exclusiva de las humanidades es una actividad coja, practicada por aquellos cuya opacidad mental les ha facultado para el ejercicio de una crítica literaria reducida.   

Son literatura, y de la “buena”, aquellos textos que explican la realidad tal como es, tanto como la anécdota, el detalle, la circunstancia del hombre y sus emociones. Son literatura aquellos escritos que cuando cuentan algo y lo cuentan bien, de forma que se entienda. Se trata de lo de siempre: sujeto+verbo+predicado, buena adjetivación, precisión, rigor, sintaxis y, por qué no, ortografía.

Todas estas cualidades las hemos encontrado en magníficos informes periciales, en memorias de proyectos de ejecución de redes de saneamiento urbano o en informes forenses y no sólo en los géneros literarios al uso.

Se redactan algunas tesis sobre cálculo estructural, sobre geometría aplicada a la náutica o sobre cualquier otra rama de la ciencia o de la técnica que son un alarde literario, desde luego, muy superior a infinidad de poemas o novelas escritas por aprendices de brujo o de “autores a la importancia” que se publican en la actualidad y que llenan las estanterías de las librerías.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Títulos



Títulos que me gustan para grabados, óleos y acuarelas:
Pintura
Sin título
Figura
Bodegón
Interior
Retrato
Paisaje
Escena de género
Marina

Títulos que me gustan para obras literarias:
Elegías
Biografía
Impresiones personales
Cuentos
Antología
Odas y epodos
Narraciones
Sonetos
Comedia

Para qué quiero más.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Conservas y salazones



 
El Greco. Retrato del cardenal inquisidor Don Fernando Niño de Guevara (circa 1596-1601)

La inteligencia puesta al servicio de la alimentaria siempre ha producido un bienestar a la población. Las conservas son una buena muestra de ello.

Para conservar los alimentos el hombre ha ideado diversos sistemas que son de sobra conocidos: desecado, salazón, conservas con aceites o vinagres, envasados al vacío, congelación, etc.

Además, las conservas y las salazones han permitido el trasporte de un lado para otro de las viandas y así, unos pueblos podían comer manjares desconocidos que no se producían en sus mares o campos.

Para el fletado de los barcos de trasporte y para cubrir los trámites aduaneros, se clasificaban los productos según diferentes epígrafes. Los alimentos en conserva, que generalmente eran productos de mar, se incluían en el epígrafe de Conservas y pescados.
 
congrios secos

Sin embargo, aquella clasificación no era demasiado rigurosa y algunos productos eran difíciles de encasillar. Colocarlos en una caja u otra quedaba a criterio del oficial de aduanas.

Errores de bulto y desconocimiento produjeron situaciones embarazosas, como cuando se envió a un Congreso Eucarístico el brazo incorrupto de Santa Teresa que el empleado de aduanas lo inscribió bajo el epígrafe de Conservas y pescados.

El aspecto de ciertas reliquias o despojos momificados confunde al personal. Restos orgánicos incorruptos o momificados parecen mojama o arenques desecados.
 
Creo que hoy, el antiguo epígrafe de Conservas y pescados ha pasado a denominarse Conservas y salazones y se clasifica todo según los códigos de barras, de esta manera se minimiza la posibilidad de error y así no es posible que un cuadro de El Greco sea considerado un trozo de bacalao salado y que una escultura de Giacometti se confunda con un congrio desecado.
Giacometti, escultura