Frisos del Partenon, expolidados y expuestos en el British Museum de Londres
El fundamento de nuestra
civilización se encuentra en Grecia. Desde la civilización crético-micénica
hasta el helenismo, el mundo clásico griego ha suministrado la cantidad de
muebles necesarios para que se amueblaran las mentes de Occidente.
El clasicismo griego es la
forma más excelsa a la que ha llegado el hombre.
En el arte y en el
pensamiento y, ni que decir tiene, en todas las formas de gobierno y comercio,
los griegos ya lo dijeron todo. Después de ellos, las gentes del norte han ido
copiando y muchas veces han copiado mal. Después de ellos, los expoliadores del
norte han ido robando.
De Grecia hemos aprendido a
vivir. De Sócrates, Platón, Aristóteles hemos aprendido a pensar. Occidente ha
aprendido matemáticas con Euclides, con Pitágoras, con Arquímedes. El arte
dórico, el jónico y el corintio han dotado de orden a la arquitectura. La
estatuaria griega es la más alta expresión del arte de todos los tiempos.
Homero, Anacreonte y Safo nos enseñaron lo que es la poesía.
¿Sabían algo de
todo esto, aquellos bárbaros del norte?
Ni siquiera después han entendido el
sentido de aquellos jardines, ni siquiera después, por más dinero que tengan,
podrán pagar lo que han aprendido. Ni todos los euros les sirven, no tienen
suficientes
Creo que ya va siendo hora de
que los griegos pasen la factura de sus honorarios a tudescos y anglosajones y
que estos bárbaros del norte, que tanto dominan los mercados, paguen su deuda a
Grecia.
La deuda que tiene el país
heleno con los “mercados” es una insignificancia comparada con lo que Grecia ha
aportado al mundo. ¿A qué viene ahora reclamar esta insignificancia? ¿No han
aprendido la lección de la vida y de la civilización? ¿Deberemos mandarles a
repasar las cuentas? Lo que debe Grecia a los “mercados” no es nada en
comparación con lo que la Europa contemporánea debe a los griegos.
Así pues, además de devolver
los tesoros robados (Louvre, British, etc.) ya va siendo hora de que los
bárbaros del norte paguen la factura del conocimiento y del arte y se olviden
de la ridiculez y la minucia del importe que hoy están exigiendo al pueblo
griego actual.










