Una gran cantidad de las
literaturas que conocemos están llenas de bagatelas, de un sinnúmero de
cosillas insignificantes. Se presentan como fachadas bien compuestas pero
detrás de ellas encontramos estancias vacías o destartaladas.
Autores aficionados al placer solitario suelen disponer sobre el papel una batería de caprichos y frivolidades delirantes que van colocando con más o menos equilibrio, cual si de un castillo de naipes se tratara. Son construcciones efímeras que con un suave vientecillo se vienen abajo. Sin embargo, tampoco hay que temer demasiado, pues las exigencias son pocas y los vientos no soplan con la fuerza necesaria para ventilar el panorama.
Ocurre sin embargo, en contadas ocasiones, que un autor inteligente, una persona con sensibilidad, sin miedo al ridículo y sin apego a las modas, remueve las aspas del molino y el castillo se derriba y los naipes vuelan por los aires.
Mientras tanto y a la espera de la llegada del agitador de aspas, la literatura que se produce y se edita por estos andurriales presenta una gran cantidad de tópicos insustanciales, frases hechas, lemas publicitarios pueriles, opiniones fútiles, palabras hueras y anodinas y otras zarandajas insignificantes que sólo persiguen amplificar inútilmente un pensamiento trivial alejado de la realidad y pretenden, con un exceso de verborrea, intervenir sobre el gusto del lector.
Autores aficionados al placer solitario suelen disponer sobre el papel una batería de caprichos y frivolidades delirantes que van colocando con más o menos equilibrio, cual si de un castillo de naipes se tratara. Son construcciones efímeras que con un suave vientecillo se vienen abajo. Sin embargo, tampoco hay que temer demasiado, pues las exigencias son pocas y los vientos no soplan con la fuerza necesaria para ventilar el panorama.
Ocurre sin embargo, en contadas ocasiones, que un autor inteligente, una persona con sensibilidad, sin miedo al ridículo y sin apego a las modas, remueve las aspas del molino y el castillo se derriba y los naipes vuelan por los aires.
Mientras tanto y a la espera de la llegada del agitador de aspas, la literatura que se produce y se edita por estos andurriales presenta una gran cantidad de tópicos insustanciales, frases hechas, lemas publicitarios pueriles, opiniones fútiles, palabras hueras y anodinas y otras zarandajas insignificantes que sólo persiguen amplificar inútilmente un pensamiento trivial alejado de la realidad y pretenden, con un exceso de verborrea, intervenir sobre el gusto del lector.










