viernes, 15 de noviembre de 2013

Un camino hacia lo artificial

Venus de Arlés. Praxíteles

El arte es artificio y con él nos podemos acercar a la belleza con prudencia y con tiento.

Esta diosa, cuyo rostro enuncia lo terrible, tiene una mirada petrificante y sólo con astucias o estratagemas podemos conseguir contemplar a la Gorgona, camuflados para evitar que su mirada nos convierta en un bloque mineral.

La belleza nos puede atacar con su visión estática, ya nos lo advirtió Stendhal.

Después de andar por un sendero bordeado de pitas, con paso cauteloso y con socaliña conseguiremos observar la faz terrible y placentera de una diosa.

Sí. Podemos caminar por la senda del arte, por la senda del artificio y llegar hasta donde está la belleza.

¿Es recatada o se ofrece? No, ella nos tiende su red, ella es la tarántula extrafísica, agazapada en nuestra mente.

En esto reside gran parte de la grandeza del ser humano: ser capaz de movilizarse en pos a una idea intangible.

En esto reside, en gran parte, la inutilidad de muchas acciones del ser humano.
 

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Normas caras

Una pachanga arquitectónica

En el margen derecho de este blog ya lo digo: estoy convencido de que la arquitectura debe estar al servicio del hombre.
 
La arquitectura bien hecha, ha de servir para procurar un habitat digno a todo ciudadano y además, como una de las bellas artes que es, debe configurar nuestro conocimiento estético y expresar el signo del tiempo en que ha sido construida.

Pero también es cierto que la arquitectura, constantemente y en casi todos los periodos de la historia, ha sido una herramienta en manos del poder. Algunos dicen que esta es una manera de expresar el signo de su tiempo, naturalmente será el signo del poder de su tiempo. 

Antes de esta maldita crisis, en los años de la ostentación, se construyeron muchos disparates arquitectónicos, aquella arquitectura expresó el lujo y la presunción, obras que se levantaban sólo para satisfacer la vanidad y bolsillos de los gobernantes, de los poderosos y de los arquitectos mediáticos de "campanillas". Ni que decir tiene, que también se levantaban para generar plusvalías más o menos fraudulentas y para crear bolsas de especulación y de corrupción. Este fue el signo de aquellos tiempos que ahora nos toca sufrir. 

Aquellas obras ostentosas se construían con una normativa que exigía sobredimensionados en las instalaciones y en las estructuras y que, justificadas por la seguridad y el confort, obligaban al diseño de unos edificios carísimos que tuvimos que pagar. Parece que de aquella lección se haya aprendido poco, pues la normativa de entonces continúa vigente. Una reglamentación que parece obligarnos a comer caviar todos los días.

¿Por qué tenemos normas de un país rico siendo, como somos, un país pobre; un país empobrecido?

domingo, 10 de noviembre de 2013

Un alarde de transgresión



“Allí donde no hay problemas, voy yo y los creo”.

Así se expresaba Richard Wagner haciendo un alarde de transgresión artística. Bien, ya sabemos que la historia del arte es la historia de la transgresión y a los grandes artistas les corresponde quebrantar las ideas anquilosadas, contravenir y vulnerar el orden formal existente y revitalizar el canon.

Pero ocurre, demasiadas veces, que muchos “artistas” ceden al político la tarea que expresaba Wagner, y el politiquillo se lo toma en serio y ‘allí donde no hay problemas, va y los crea’.

El canto del eunuco

 
Templo de Trajano en Pérgamo
  
El otoño de mis días añora las primaveras olorosas. Los atardeceres son tristes. Lejos quedan los amores de Lisímaco y el premio a mi fidelidad.

¡Ay! Querida Pérgamo.  Mi querida Pérgamo...

El dolor de mi castración infantil se pierde en la noche oscura. Nunca he querido retener dolores ni quimeras.

Me esforcé por transmitir a los ciudadanos libres la razón del placer y de la belleza.

Lo que fue gozo de los sentidos se convirtió en una satisfacción plena y racional al ver la prosperidad de mi pueblo y hoy contemplo, en medio de los recuerdos placenteros, las antorchas del bienestar.

Siento, todavía, los antiguos cantos a boca cerrada y los coros de niños entonando monodias persas.

El comercio con Oriente nos trajo riquezas y conocimientos. Estimamos a nuestros visitantes, los recibíamos con sonidos de cítaras, salterios y arpas. Los eunucos entonaban las viejas canciones de Nínive y los mercaderes eran acogidos por doncellas y efebos con bálsamos de rosas de Alejandría y ungían sus cuerpos con cremas de miel y de polen.

Con el arte, la razón y con sillares de basalto, que nos hicimos traer del Cáucaso, edificamos la magnífica biblioteca. Pedimos a nuestros artistas que levantaran la mejor arquitectura posible para almacenar en ella los antiguos papiros egipcios y las losetas mesopotámicas y nuestros sabios transcribieron al pergamino toda esta sabiduría.

Ahora que los médicos me piden que deje las responsabilidades de gobierno me adentro en los recuerdos de la sensualidad perdida. Respiro la memoria de aquellos olores de agua de melisa, de sales de lavanda ambarina y de lavanda imperial, de vinagres aromáticos y fragancias de mirabolano.

Recuerdo las fiestas de palacio, justamente aquí, en el atrio de poniente, que entre granados, olores de nardo y de heliotropo, bailaban las jóvenes de Mísia. Los esclavos etíopes se encargaban de perfumar los salones y el paraninfo con óleos de lavanda e inciensos creativos.

Nunca levantamos la espada contra los vecinos. Nunca envidiamos a Antioquia ni Rodas. Fundamentamos la prosperidad de Pérgamo en el conocimiento, en la ciencia de la medicina, en el comercio y en la fabricación del pergamino. Esta industria la iniciamos cuando los lágidos se negaron a la exportación del papiro, tal vez alguien nos pueda reprochar que quisiéramos hacer de aquello un negocio oportunista, pero hay que decir que con estos pergaminos hicimos libros que pusimos a disposición de los sabios griegos.

Aún se me conmueve el corazón cuando veo, depositado en la magna hornacina de la biblioteca, el Zend-Avesta y todavía recuerdo los consejos de los sabios que me animaron a emprender la transcripción al pergamino del pensamiento de Zoroastro; utilizamos ciento veinte mil pieles secas de vaca para redactar los veinte libros de cien mil versos cada uno que componen esta maravilla.

Estos recuerdos son la fuerza que me sustenta. Ahora no me hacen ningún efecto los elixires dulces de quina y de rosas que me prescriben los físicos, tampoco la hidromiel y el vino de las montañas de la Magna Grecia me producen los antiguos placeres de juventud.

Mi cuerpo anciano no goza de otro placer que no sean las remembranzas, ahora todo está en mi mente. Creo haber servido de puente entre los placeres sensuales de los persas y seléucidas y el placer mesurado de los helenos.

En mi senectud los silencios de la luna me despiertan el sueño. La noche llega por la celosía de listones de cedro con un aire fresco que me besa el rostro y siento una sensación primitiva en la piel que ya no añora la complejidad de bálsamos ni tónicos. Hoy no necesito ni las leches vírgenes de higuera salvaje ni los polvos perfumados de arroz, aquellos que acariciaban mi cuerpo joven cuando se disponía a dormir. Tampoco los baños de espumas de manzanilla, de hamamelis y de menta, ni sales de granada o talcos mentolados.

Estos recuerdos táctiles contrastan hoy, con mi piel áspera de eunuco que deberá dejar Pérgamo. Este Filétero que ha sido sólo un puente de paz y que ha querido llevar la poesía a los hombres libres es hoy mi cuerpo viejo.

Y ahora te dejo estimada Pérgamo en manos de mi hermano. Eumenes sabrá mantener el amor a la belleza y con cuidado guiará al pueblo hacia la felicidad.

nota del autor:

Filétero fue un eunuco de la corte de Alejandro Magno, a él le fue concedido el gobierno de la ciudad de Pérgamo que administró con sabiduría. El texto es una reflexión ficticia del eunuco ante la muerte que ya creía cercana.

La muerte de
Filétero no fue plácida. Le inquietaba un peligro lejano. Pérgamo era una ciudad rica, las caravanas habían dejado los beneficios del comercio y, sobre todo, los ricos mercaderes confiaban en la seguridad de Pérgamo dada la protección que le daba su orografía. La riqueza que disfrutaba Pérgamo hacía que sus ciudadanos vivieran en una comodidad que los adormecía en blandenguerías estériles. Era difícil que los jóvenes aceptaran responsabilidades pues todo les había resultado muy fácil de obtener, habían perdido el sentido del valor de los bienes e, incapaces de cualquier esfuerzo, eludían el trabajo y la producción y todos aspiraban a vivir en un lujo improductivo
.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Pérgamo

                                        Pergamon Museum. Berlín

Siento en mi rostro la suave brisa de Poniente. Me trae el aire fresco de la isla de Lesbos. ¿Quién sabe si este airecillo llevó a Pérgamo los versos de la excelsa poetisa, la bella de doble espejo?

Cuando te contemplo
a ti y oigo tus versos, te venero,
viendo la casa estelada de la virgen:
porque es el cielo, ciertamente,
que te corresponde...

¿Quién sabe si estos versos fueron el punto de unión entre Pérgamo y la cultura helenística?

Ahora, en este paraje dócil, junto a estas ruinas tan nobles, siento la voz de un pasado glorioso. Me llega al oído la algaraza de una ciudad bien gobernada que supo sortear los conflictos y que jamás levantó las armas contra los enemigos, un pueblo que prosperó en la ciencia de la medicina y fue amable con los mercaderes que acudían a sus plazas.

Estas costas de suelo podsólico, de tierras rojas donde crecen entre pedregales, unos arbustos de poca altura; estas costas de suave pendiente conservan la huella de un pueblo que supo acomodarse en la ilustración griega, que fomentó la ciencia y el arte sereno que llegaba de Poniente.

Pérgamo que abrió su horizonte más allá de los reinos seléucidas, mirando al mar, que creció donde el Caico y el Cetio juntan sus aguas, permanece hoy en el olvido, con tesoros expoliados y con la memoria de Lisímaco perdida en el tiempo. ¡Oh Lisímaco, tu que nombraste al eunuco Filéteros como gobernador de la ciudad!

Hoy, por los caminos de la Misia, aún me parece escuchar el eco antiguo de la prosperidad que vivió Pérgamo bajo el gobierno de Filéteros. El eunuco fue amante del arte y la poesía y supo infundir este amor en el corazón de sus conciudadanos. Gobernó a la luz de la belleza. En Pérgamo se combinó el orden clásico con el hedonismo y el goce de los sentidos.

Veo los sillares caídos, esparcidos por el ancho cerro y me lamento por la pérdida de la magnífica biblioteca que conservaba el conocimiento heredado de la antigüedad y el esfuerzo de los sabios que transcribieron al pergamino los textos cuneiformes de las tablillas de arcilla.

A pesar de la luz tan clara de este cielo “cuando en el tiempo de primavera trisa la golondrina...” siento la violencia del expolio arqueológico que los pueblos bárbaros han hecho de tus tesoros. Me lamento mientras resuena sobre estas paredes, hoy tan pobres, el canto del eunuco.

Tus piedras hoy recogidas, asépticas, limpias, bajo un tragaluz me hablan de expolio.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Sederunt principes

Signo I (2003) Pablo Palazuelo


Unas voces acostumbradas al canto,
más que a la plática,
una larga monodia gregoriana
que en neumas se anotaba,

Sederunt principes resonaba,
entre el fango y el púlpito,
y la canturria se confundía
con el hambre y los retortijones.

Ninguna canción hasta que llegó
Beatriz a sus nueve años,
ningún soneto hasta que  el amor
bajó del cielo a la memoria.

F.C.

Paolo Uccello



Paolo Uccello (1397-1475)
San Jorge y el dragón. 1470


Un análisis iconográfico:

1) El dragón parece que vaya a enfrentarse con Mazinger Z.

2) La nube en espiral podría ser un peinado de Lady Gaga.

3) El caballo blanco está sacado de un tiovivo.

4) San Jorge con cara de niña no da la impresión de estar pinchando un dragón, más bien parece que esté mirando un mensaje de facebook.

5) Los zapatitos de la princesa son una propuesta de un diseñador de zapatos de tendencia.

6) La princesa es un holograma, como todas las princesas.

7) La musculatura de la princesa está modelada en un gimnasio de monjas de clausura.

8) La princesa lleva el dragoncito a pasear como quien lleva un yorkshire terrier, atadito con una cuerda que tiene la tensión de una catenaria flácida.

9) La cueva del dragón no es de cartón piedra, es de papel maché.

10) La zona ajardinada es un anticipo de los parterres de Versalles.

Ciertamente no podemos decir que Paolo Uccello fuera un anticipo del surrealismo como han afirmado algunos estudiosos, más bien creo que se trataba del mejor humorista gráfico de quattrocento.

martes, 5 de noviembre de 2013

Pandora


 
Pintura. Zao Wou-Ki (1920-2013)


Del ánfora de Pandora
han salido gavilanes
que han volado sobre los montes,
hasta los confines del mundo.

Sus sombras no han dejado
que la luz del sol llegara
a los abundantes frutales
y el hambre no se ha hecho esperar.

Los rosales se han secado
y sus tallos resecos tienen
sus espinas más punzantes.

En la oscuridad de las calles
los neones iluminan con un grito
de abundancia y engaño.



La luz del amanecer penetra
entre las aves como un sable,
y su resplandor metálico
se refleja en bagatelas y espejitos.

Ninguna espina del rosal es benéfica,
ningún tren llega a la estación
con el cargamento debido,
sólo transportan bultos de promesas.

Sentados en el andén esperamos
la llegada de otros trenes
pero pasan y no se detienen.

En el fondo quedó la esperanza,
pero del ánfora de Pandora
salieron aves muy negras.


F.C.

domingo, 3 de noviembre de 2013

El poeta interior


Mujer durmienendo. El sueño (1963)
Antonio López García

El poeta interior que late siempre, susurra desde un lugar oscuro.

En el sueño se manifiesta esporádicamente.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Piero della Francesca

Doble retrato de Federico da Montefeltro y Battista Sforza (1465-1472)
 
Piero della Francesca. Piero di Benedetto dei Franceschi; llamado también Pietro Borghese, (1415-1492) 
 

Autorretrato. Detalle del fresco de La Resurrección

Piero de la Francesca, como otros artistas del quattrocento florentino, observó la naturaleza con detalle, miró el paisaje, puso el punto de vista en el centro y dedujo las relaciones métricas de todos los elementos que capta el ojo humano.

Representar la realidad era, para los artistas del primer Renacimiento, entenderla,  escudriñar hasta sus más íntimos detalles y a partir de sus observaciones, deducir el sentido de una existencia razonable, sin subordinación a ningún arcano. Era, en definitiva, constatar cómo puede sobrevivir el hombre frente al misterio, sin necesidad de recurrir a la sinrazón dogmática.

Piero della Francesca se interesó más por la pintura que por la enjundia interior del cuerpo representado. Se preocupó más por la representación del movimiento que por la esencia de lo que se mueve. Intentó explicar las proporciones de la naturaleza, sin inquietarse ante la posibilidad de que existiera una médula espiritual o un alma en el interior de las geologías, de los paisajes o de los seres vivos. Le interesaba el contorno, la piel y las formas todas, más que el alma o el hálito divino.

En este sentido podríamos decir que su obra está más influida por la matemática que por el neoplatonismo.

Piero della Francesca -Piero di Benedetto dei Franceschi; llamado también Pietro Borghese (1415-1492)- fue un “sereno humanista”. Su preocupación por la representación en perspectiva le llevó al estudio profundo de la geometría euclidiana.

Debido a su mentalidad matemática prefirió la perspectiva axonométrica aunque, en su obra pictórica, utilizó la perspectiva cónica por ser ésta la más adecuada a la óptica del ojo humano.

Agotadas las formas simbólicas del arte medieval y superado el arte bizantino, hierático y dorado, el artista del Renacimiento observa la realidad y constituye sobre ella una voluntad de arte. Es en la contemplación de la realidad, en su aspecto más directo, con sus colores y con sus formas inmediatas, donde Piero della Francesca busca la belleza.

El hombre de principios del quattrocento encuentra la belleza en la superficie de la realidad, sin interiorizar y sin aspirar a espiritualismos o sustancias divinas. Esto vendrá después con Ficino.