sábado, 18 de mayo de 2013

La columna dórica



 
El auriga de Delfos. Bronce 474 a.C

El fuste de la columna dórica es acanalado, presenta 20 estrías, aunque hay ejemplos con 16 estrías, en cualquier caso siempre se trata de una columna severa.

viernes, 17 de mayo de 2013

Dos dibujos de Rigoletto



La segunda vez que asistí a una representación de Rigoletto fue en lo Sferisterio de Macerata.
Estos dos dibujos los había hecho antes.

La ciudad de Macerata queda muy cerca de l'Infinitto

Sempre caro mi fu quest’ermo colle
E questa siepe, che da tanta parte
Dell’ultimo orizzonte il guardo esclude.
Ma sedento e mirando, interminati
Spazi di là da quella, e sovrumani
Silenzi, e profondissima quiette
Io nel pensier mi fingo; ove per poco
Il cor non si spaura. E come il vento
Odo stormir tra queste piante, io quello
Infinito silenzio a questa voce
Vo comparando: e mi sovvien l’eterno,
E le morte stagioni, e la presente
E viva, e il suon di lei. Cosí tra questa
Inmensità s’annega il pensier mio:
E il naufragar m’è dolce in questo mare.

                           Leopardi

Siempre amé este yermo monte,
y este promontorio, que me oculta

la visión del último horizonte.
Mas sentado, contemplando

los interminables espacios lejanos,
los silencios sobrehumanos y su profundísima quietud,
se extravía el pensamiento,
hasta casi liberar mi corazón del miedo. E igual que el viento

susurra entre estas plantas,
en el infinito silencio mido mi voz:
y me subyuga lo eterno, y las estaciones muertas,
y la presente y viva, con toda su sonoridad.
Así a través de esta inmensidad se ahoga el pensamiento:
y naufragar en este mar me es dulce.


LEOPARDI, G, Cantos (1831), Canto XII

sábado, 11 de mayo de 2013

Los tilos



Studio in moonlight. 1826
Carl Gustav Carus (1789-1869)
 
Ahora que los días han hecho estragos
y que ningún oropel ha dejado
marcadas sus huellas sobre mi piel,

ahora que los montoncitos de polvo
son la señal del esfuerzo constante
de la carcoma, que horadó en la madera
túneles cortos y oscuros como el tiempo,

ahora que aprecio los textos abreviados
escritos con letras claras y grandes,
y que atenúo el alcance del llanto;

retengo plácidamente el paso de las horas
sentado tras la ventana empañada
viendo los tilos que forestan mi calle
y mi memoria.

viernes, 10 de mayo de 2013

Un pollo en la cartera



Laura es una crítico de arte veneciana. Siempre he creído que acertaba más cuando hablaba de los artistas que cuando hablaba de las obras de arte. Tiene una visión muy aguda de la psicología de los artistas y en general de las personas.

En una comida con un grupo de amigos, italianos y catalanes, Laura levantó su copa y dijo:

brindo por los catalanes, que estáis en esta mesa, no he conocido a nadie más surrealista que esta gente, sobre todo los que vivís pegados a la costa. 

Nos reímos. A mí se me cayó la cartera de mano que tenía apoyada en la silla y asomó de ella, el pollo de goma, entonces me di cuenta que ya estaba muy estropeado.

Este pollo de goma lo llevaba en mi cartera de mano desde hacía tiempo, a veces según la cantidad de papeles tenía que doblarlo y apretujarlo, el pollo se resentía pero no se quejaba; la cresta entre el cuaderno, las patas con la cinta métrica, las pechugas entre planos, etc. total un desbarajuste. Al final con tanto apretujón el pollo se ha ido rompiendo, ahora los muslos tienen grietas, el cuello y la cresta han quedado cuarteados y sólo hasta hoy, después de la palabras de Laura, me he preguntado por qué llevaba yo un pollo de goma en la cartera.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Paraíso aislado


Abstracción. Philip Guston

En aquella isla, que creíamos que era un paraíso, sólo se produce algo de vino y miel.

Unas cabras macilentas saltan entre el pedregal y recorren un paisaje árido. Sólo hay un riachuelo y un templo dedicado a una diosa.

Unos pobres mieleros y recolectores de uva se acercan al templo para pedir mejores cosechas a la diosa. Llueve poco en la isla.

Fenicios, dorios, espartanos, atenienses, romanos, eslavos, bizantinos, árabes, normandos, venecianos, catalanes, piratas turcos, todos creyeron que aquello era un paraíso.

Los hombres del rococó querían poner fin a sus preocupaciones materiales y conseguir el placer para todos y pusieron rumbo a la isla, pero aquella tierra rodeada de mar sólo fue una evocación mítica, no fue ningún paraíso, ni siquiera la pudieron convertir en un lugar de libertinaje.

Los únicos paraísos son los perdidos.

Cicerón


Quosque tandem abutere, Catilina, patientia nostra .

 ¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?

Marco Tulio Cicerón

martes, 7 de mayo de 2013

COLISIONES

Manolo Millares. Sin título. 1967

Hay dos formas de representar la memez, una es hablar de “estrategias” y la otra es el mostrar un conjunto de “condiciones objetivas”

El choque entre dos formas de representación, origina el conflicto político.
Son representaciones o espectáculos que pugnan por ocultar la certidumbre, cuando topan, nos ponen una urna delante para que depositemos nuestro voto.

La “estrategia” es un encontronazo con la razón y recurrir a  las “condiciones objetivas” es una colisión con lo objetivo.

Ante el peligro de la colisión hay que disponer el airbag de las razones y las condiciones incondicionadas. 

Dejaremos que las candilejas luzcan con intensidad para poder ver los defectos del telón y cuando lo retiremos nos daremos cuenta que detrás de la tela pesada no hay nada, que todo fue un escenario.

domingo, 5 de mayo de 2013

PROMETEO




Antoni Llena
Carta a Milena (1998)


¿Tengo que aprender a contemplar, Prometeo,
tu suerte funesta?

No, infortunado, no.
Diste el fuego a los hombres
y de él han hecho materia de ataque y de muerte.


Del oriente del Ponto hasta Tebas la guerra no cesa y los jerarcas administran venganza.

¿Qué lugar tan terrible es este? ¿Qué raza habita aquí?

Es el país del fuego, donde los hombres se apedrean
con guijarros y cantos angulosos
y los machos secuestran hembras
para amarlas a cuchillo.


Desde el principio de los tiempos, bajo una danza de espadas, cada atardecer, los lobos han aullado.

¿Por qué delito, Prometeo, te castigan
atado con bridas a las rocas del acantilado?

Diste a los hombres el arte de los dioses
y desde entonces, los mortales son inclementes
como las divinidades olímpicas.

No les basta con la palabra, griegos y troyanos utilizan el acero afilado y el fuego.

¿Hacia dónde tengo que girar el timón?

Busco la isla galante donde ningún tábano me aguijonee.

Cólquida donde las vírgenes intrépidas
se disponen al combate
contra el tiempo y la rabia.


Sortearé arrecifes y dejaré la barca al abrigo de los vientos encendidos que inflaman el deseo.

¿Quien te liberará, Prometeo, de tus grilletes?

No hay hacha tan fuerte para romper
los candados divinos.
Ruge del océano, no hay remedio,
a las Moiras y Erinas, como las olas, nada las detiene.

Todos sabemos que el mal se encuentra esparcido por ambas riberas, hasta los más lejanos confines. Demasiados hígados para devorar.

viernes, 3 de mayo de 2013

Trampantojo


 Cabeza de Higea
atribuida a Escopas
influida por el estilo de Praxíteles
310-329 aC
 
Accedo a la belleza valiéndome de subterfugios y de veladuras o realizando algún rodeo. Ya sé que no puedo acceder de frente. Su rostro es terrible, recurriré al trampantojo para contemplar su cara.

“Toda belleza, cuando se muestra, se vale de la trampa, del trompe d’oeil.”

No y no. No te engañes, la belleza no se muestra, has de ir tú a su encuentro y entonces tendrás que valerte de la trampa y no al revés.

No correré el velo que cubre su rostro, ni buscaré ninguna razón, aunque sea la “última razón”.

La belleza se muestra fragmentada, son piezas de un rompecabezas que no pienso componer. Soy precavido. Hay mosaicos que componen extrañas fatalidades.

Con mi escudo de hierro y piel de cabra me acercaré a la belleza, procurando evitar su mirada de Gorgona. Quien quiera atrapar su mirada al vuelo, que lo intente, pero existe un peligro inminente y yo lo advierto: no lo intentes, la belleza petrifica.

Sea el arte tan eficaz como mi escudo, que me permita contemplar aquello que es bello sin que sus destellos alcancen mi piel.

Sea el arte la trompe d’oeil, la falsa perspectiva, el artificio simulado y el ingenio disfrazado o la ventanita de cristales empañados a través de los cuales puedo contemplar la belleza.

jueves, 2 de mayo de 2013

Nicolas Chamfort



Nicolas Chamfort fue uno de los promotores de la Revolución Francesa y uno de los primeros en entrar en La Bastille, su lema:
Guerre aux chateaux; paix aux chaumières. (Guerra en los castillos; paz en las cabañas)

Nicolas Chamfort era tan sarcástico como Voltaire pero es más humano que éste. Siempre iba mal vestido, cuidaba poco su aspecto, dijo:
Quicontre détruit un préjugé, un seul préjugé, es un bienfaiteur du genre humain. (Cualquiera que haya destruido un prejuicio, un solo prejuicio, es un bienhechor de la humanidad)

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Incitaron, sí, pero me cuesta creer que las ideas de Nicolás Chamfort, de Voltaire, de Robespierre y de los enciclopedistas fueran los motores directos que pusieron en marcha el asalto de La Bastille. El pueblo que se levantó contra el antiguo régimen era analfabeto y no tenía la menor idea de quiénes eran estos autores. Las masas campesinas y ciudadanas no tenían acceso a los escritos revolucionarios. Los medios de comunicación a finales del XVIII eran precarios y constaba difundir las ideas de los moralistas que defendían la liberté, los pensamientos esperanzados que propugnaban la egalité, y las buenas intenciones de fraternité.

Las masas salieron a la calle empuñando guadañas, garrotes y cuchillos, llevando la rabia en el corazón y sufriendo el atropello de una monarquía corrupta, fastuosa y sorda, cuyos oídos solo estaban acostumbrados a oír el minué pero que eran incapaces de escuchar el clamor de un pueblo que padecía una miseria endémica.

Luego al lado del clamor popular se difundieron proclamas revolucionarias e iluministas que no voy a calificar de arribistas, pero sí de oportunismo racional y necesario.

Si bien en el fondo de cualquier acción revolucionaria podemos encontrar casi siempre un corpus ideológico;  la chispa no suele saltar si no existe la espoleta de la necesidad o el atropello flagrante por parte del poder y una mano con la mecha.