domingo, 10 de febrero de 2013

El profesor Eugenio Trías


In memoriam

Eugenio Trías Sagnier
mi profesor de Estética y Composición (1976)
Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona

sábado, 9 de febrero de 2013

Una tierra estéril

Relief éponge. Yves Klein

Gracias al esfuerzo del hombre, arando y abonando, se consigue que una tierra baldía se convierta en una campiña fértil.

Con el abono, echando estiércol y otros fertilizantes, conseguimos que los terrenos más mineralizados se transformen en vergeles o ricas arcadias. A base de estiércol y materias orgánicas en descomposición se obtienen suelos provechosos.

Lo putrefacto, las materias corrompidas, el fiemo, las heces caballares o de cualquier otra bestia herbívora y la podredura en general, mezclados con los terrones de un suelo estéril, llegan a transformar un erial en un campo ubérrimo.

Cuanto más estiércol, más producción y mejores frutos.

Hablo de agricultura, ¿o quizás también de literatura?

Si es cierto aquello de que pensar y hablar viene a ser la misma cosa, podremos concluir que cuanto más abonado esté nuestro pensamiento, más abonado estará nuestro discurso. Y si con estiércol del bueno hemos fertilizado nuestras reflexiones podremos llegar a acercarnos a eso que alguien califica de buena literatura.

viernes, 8 de febrero de 2013

Arquitectura victoriana

Cuando hablamos de arquitectura victoriana, más que referirnos a un estilo arquitectónico, nos estamos refiriendo a la edificación que se produjo en un periodo histórico. La época victoriana que comenzó en 1837 cuando la reina Victoria accedió al trono de Inglaterra y podemos decir que termina en 1901.

Se desarrolló en el Reino Unido y muy especialmente en los Estados Unidos y adoptó un lenguaje revival con la utilización de diferentes estilos antiguos, combinándolos entre sí y formando una especie de pastiche ecléctico. Se mezcla el gótico con el románico que incorporan estructuras ocultas de acero; se combinan los órdenes greco-romanos con formas folclóricas y clasicismo italianizante.  

La arquitectura victoriana resuelve los problemas de cubrición de grandes luces mediante el empleo de estructuras metálicas. Con el fin de obtener una planta diáfana, de superficie libre despejada de obstáculos, se sustituyen los muros interiores por hileras de pilares y jácenas que acaban empotrándose en las fachadas.

Los paramentos de las fachadas se nos presentan compuestos según una filigrana neo-gótica o de acuerdo con los órdenes clásicos, con pilastras, arquitrabes y frontones, que los encontramos ahí sin que tengan relación alguna con los elementos estructurales que reciben desde el interior.

Las fachadas no expresan la estructura que soportan, expresan otra cosa, incluso la pendiente de los frontones que vemos en el alzado va por un lado y la pendiente real de la cubierta va por otro.

La estructura aporta un orden propio, que en una arquitectura sincera debería expresarse en la composición de la fachada pero que en el estilo victoriano esto no ocurre.

La arquitectura victoriana expresa el puritanismo imperante en la época, presenta una fachada bien compuesta, ordenada y limpia que esconde un interior que es distinto: vigas y jácenas de acero, elementos incipientes de la producción industrial.

Si utilizamos un lenguaje panfletario podemos decir que la arquitectura utiliza el engaño de mostrar una cara de lo que no es.

La eliminación del falso puritanismo no llegará a la arquitectura hasta que Paxton con su Crystal Palace de 1859 (Londres) o Eiffel en la exposición universal de París que decididamente apuestan por la sinceridad de la estructura y su expresión en el orden de las fachadas y de la composición arquitectónica en general.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Elegía (traducción)


Dejo a manos del destino toda mi inocencia
y el lirio que me obligaron a llevar
-oh, dulzura reservada-
se marchita entre el tiempo y la palabra,
como el perfil confuso de la máscara.

Y hoy, con osadía, me adentro en el sueño
de un bello cuerpo perfeccionado en el mármol
y de su belleza
siento más que no sé
y de su tesoro escondido
quiero saber más, que poseer.

Elegia

Deixo en mans del fat tota innocència
i el lliri que m’obligaren a portar
-oh dolçor reservada!-
es marceix entre el temps i els mots,
com el perfil borrós de la màscara.


I avui, amb gosadia, m’endinso en el somni
d’un cos bell perfet en el marbre
i de la seva bellesa
en sent més que no en sé
i del seu tresor amagat
en vull saber, més que posseir.

martes, 5 de febrero de 2013

NO MÁS ALLÁ DEL LÍMITE DE LOS OLIVOS


Pedrag Matvejević  dice:

Nadie conoce todos los pueblos que viven en las costas mediterráneas, y estos pueblos tampoco se conocen lo suficiente a sí mismos. A veces no estamos seguros de poder establecer qué es un pueblo: ciudad o país, nación o Estado, separados o juntos.

y yo añado:

Estos pueblos tampoco se aman a sí mismos y menos aún, aman al pueblo vecino y el vecino tampoco ama al primero. Y con tanto desamor, no estamos seguros de poder establecer qué es un pueblo: ciudad o país, nación o Estado, separados o juntos.

Y todo esto ocurre en las costas de nuestro mar antiguo.
Más allá del límite que marcan los olivos, ocurren otras cosas.

Nunca murió Isolda

 
Casa familiar de Grimshaw. John Atkinson Grimshaw

Nunca murió Isolda. Desapareció. Su imagen se diluyó en la espesura de la niebla. Poco a poco, desvaneciéndose sobre un sendero húmedo.

Tras la ventana, Tristán, contempló la niebla celeste que envolvía a Isolda. Un muro grueso y pesado le aisló del último adiós y del atardecer.

En el exterior quedó la redención por amor. Dentro, donde la espesura del aire confunde la razón, quedó Tristán, con el cáliz en la mano y la mirada perdida en el vano de luz oscura, mientras el azul de la mañana que contenía trazas de neblina apagó los suspiros de Isolda.

Inundada de claridad la copa, cabizbajo Tristán, con su mirada triste escrutó de nuevo el infinito a través del hueco celeste de la ventana sin que apareciera la faz redentora del más allá. Ni amor ni belleza, solo la señal de la niebla cebada por el frío.

El héroe, sin embargo, permaneció ajeno, en su alma y en su rostro solo se dibujó el embeleso por la desaparición de Isolda.

El héroe es ahora una sombra no redimida que sostiene la copa eternamente vacía de los hombres.

lunes, 4 de febrero de 2013

Todos los poemas de amor

-Purism- Le Corbusier


Todos los poemas de amor deben enmendarse.
Contienen bellas imágenes entre labios y dolor
-nada que objetar de la apariencia-
en todo caso, ciertas caligrafías
hechas con mano temblorosa.
En las horas de soledad
el amor desconcierta la mente y hace crujir los dientes.

Cuando el poeta rime de nuevo
hará versos con pasiones y secreciones
contará las sílabas de
per-pe-tua-ción de laes-pe-cie
y buscará metáforas para explicar
el deseo y el arrebato,
tal como siempre han hecho los poemas de amor.

Todos los poemas de amor deben ser retocados.
Las comas separan suspiros y lágrimas,
-nada que decir de la forma -
los claros de luna tienen una métrica precisa,
casi siempre perfecta de ritmo y de acentos
pero hay engaño detrás de los versos
más tristes que se puedan escribir esta noche.

sábado, 2 de febrero de 2013

Epitafio de Esquilo


En esta tumba yace Esquilo, hijo de Euforión,
Ateniense, muerto en Gela, la rica en trigo.
De su valor que hable el afamado bosque de Maratón,
y el Medo de larga cabellera, que bien lo ha probado.



Estas palabras fueron redactadas por el propio Esquilo, quien quería dejar la memoria de su patriotismo perpetuada en una lápida.

Estas palabras grabadas en la piedra que cubría la tumba de Esquilo han sido borradas por el tiempo.

Los siglos arrumban patrias y patriotismos, pero el arte de Esquilo perdura.

Un elogio de la locura


Al otro lado de la línea azul
se alinean sueños de centauros,
son los locos de la otra orilla.
Conocen las auroras lejanas
que se ocultan tras el muro de granito.
Sentados esperamos a los hermanos
que llegarán con tonadas disonantes.

Desde esta orilla, la iluminada,
oímos sus cantos incomprensibles
y miramos de lejos la fiesta
y hasta mañana no sabremos la razón
del loco del rigor plantado,
ni del hijo del clásico que le insultaba.

Tampoco conoceremos el arrebato
del loco del delirio auténtico,
y sentiremos una gran compasión
del loco débil y de su amante
que juntos se metían dentro de una cáscara
para protegerse del clair de lune.

Pasarán primaveras y atardeceres oscuros
hasta que los locos de solemnidad
y los padres del juicio invertido
nos traigan las locuras de invierno
o el terrible ruido del océano
y jamás sentiremos la fresca caricia del rocío.
Sin saber el motivo, nos reiremos
del orate del haba que se escondía de Pitágoras
y sentiremos una envidia rara
del loco ideal y del etrusco que escribía
sus deseos en un papel de estraza
y los escondía en los rincones de su alcoba.

Repasaremos la historia contemplando
el llanto egoísta del moro de Granada,
el retrato amarillento de Erasmo
que con rictus de disgusto
se dirigía a los locos de Rotterdam
ya a los que sufrían dolor de entendimiento
o que se habían infectado con las letras
del abecedario o con la turinella legitima.

Entonces desde lo alto del sicomoro
mediremos con gran cortesía
la mansa dimensión de la normalidad.