sábado, 8 de octubre de 2011

Nada de esto es romántico


Dirigir bien el timón y disponer los remos de la poesía.

Airear el sustrato que forman las hojas podridas.

Dejar que sobre el estrato duro de la poesía se apoyen los cimientos del arte.

Disponer el verso según el sentido de cada COSA.

Dejar que la poesía allane el camino, que aligere el equipaje y el paso de los días.

Dejar que la poesía marque el ritmo y el momento humano, que nos indique el tono de la civilidad.

Desatender los cantos melifluos de las sirenas.

Atravesar con la poesía el estrecho fatídico entre Escila y Caribdis. Con la poesía llegaremos a Ítaca, pasados arrecifes y escollos

Nada de esto es romántico, no se atemoriza, ni se aoja con la oscuridad de la noche.

viernes, 7 de octubre de 2011

Obscuro

Lucio Fontana. Concetto spaziale, Attese, 1959


Aullidos de lobo hacen más obscura
la noche de plata. Se oyen de lejos
alaridos de lechuzas y búhos
que ocultan la luz de la Vía Láctea.

Al atardecer, cuando el tiempo traga
la densidad de la luz del crepúsculo,
el caminante en la ruta de octubre,
ante el muro altísimo, detuvo su andar.

Se desvanece el alba de noviembre
y sobre el musgo húmedo caen los sillares,
los deseos y el recuerdo alado.

El muro en ruinas nada oculta ya,
las sombras del otro lado son ahora
el faro encendido de los crisantemos.

jueves, 6 de octubre de 2011

Pan con tomate

Pa amb tomaquet
imagen: Anna Moreno
http://lasbuenasmigas.blogspot.com

El viaje a la Provenza siempre es un placer. Volver a aquellas costas, las vistas del mar azulísimo y el aire plácido de unas tierras que inflaman los sentidos. En las verdes laderas del litoral, donde el aire no pesa, la naturaleza es amable y dibuja un paisaje que recuerda los versos de Josep Maria de Sagarra y los de mi admirado Leopardi.

Pero nunca la felicidad es completa. Te viene el hambre, te cansas o tienes ganas de estirar las piernas. Iba por la autopista, me entró apetito y, antes de llegar a la frontera de Francia, me detuve en una estación de servicio a comer un bocado.

Al ver como preparaban los bocadillos de pan con tomate pensé en la pérdida de la calidad de las cosas y en la malevolencia del género humano. Reflexioné sobre la vergüenza de la historia, sobre la iniquidad del hombre y sobre el mal estructural. Cavilé sobre la decadencia de los pueblos. Medité sobre el final de las civilizaciones, se me erizó la piel por un momento y me entraron unos escalofríos estomacales inquietantes. Me pregunté de qué sirvieron las luchas entre griegos y troyanos. Creí que de nada sirvieron los consejos de Horacio, que la medida y el orden no son nada y que nunca volverán los paraísos perdidos.

¿Por qué caer en tanta reflexión ante un bocadillo? -Me he recriminado a mí mismo, pero el caso es que no podía comer y callar.

En la estación de servicio de la autopista, la pérdida de calidad era total. Ponían un montón de tomates, sin lavar, dentro de una palangana de plástico de color azul eléctrico y los trituraban con una batidora hasta reducirlos a una pasta roja de poca viscosidad formada por semillas y pieles desgarradas. La camarera preparaba los bocadillos mojando un pincel en la pasta de la palangana y lo pasaba por las rebanadas de pan, ponía un chorrito de aceite, una pizca de sal y lo servía en una bandeja de poliestireno sin la más mínima vergüenza.

Execrable. Sin duda, una forma de hacer bocadillos ideada por algún ejecutivo de esos que diseñan los procedimientos de producción para hacer más rentable la empresa.

Pienso que el ahorro de tiempo, la falta de interés por los detalles y la falta total de sensibilidad han acabado con todo aquello que nos puede hacer felices.

Ya no volveremos a ser felices. No.

Manjares sencillos y exquisitos se pueden ir al traste ante un atentado de “eficacia controlada”.
Se van al garete por la acción de un energúmeno que sólo persigue engordar la cuenta de resultados de la multinacional.

¿Qué será de manjares tan sencillos y exquisitos como el bacalao al pil-pil si ahorramos la mano de obra que precisa su elaboración? Este plato que guisado con cariño es una razón para vivir, puede convertirse, si se maltrata con desidia, en una bazofia que sólo estimule las ganas de morir. Y aquel tiempo impagable que se invierte moviendo la cazuela de barro y viendo como la gelatina de la piel del bacalao reviste de oro viejo cada penca de bacalao, podrá ser el tiempo de espera en capilla.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Cosas del idioma

Imagen. Francesc Cornadó. Llibreta Negra. QN26

Cospe.
...........Cada uno de los cortes de hacha o azuela que se hacen a trechos en una pieza gruesa de madera, para facilitar su desbaste.

Cuando se quiere romper un tronco o se quiere acometer un derribo de una construcción de madera pueden practicarse una serie de cortes para ir desbastando la estructura. Cada uno de estos cortes recibe el nombre de cospe. Un conjunto de cospes es un cospedal y sirve para talar un viejo roble que tantos años costó que creciera, o para derribar una obra humana hecha con el esfuerzo y el sacrifico colectivo. Con un cospedal se puede derribar un árbol, un edificio y hasta una sociedad entera, sobre todo si se trata de la sociedad del bienestar.

1937

Joan Miró. Natura morta del sabatot (fragmento) 1937

No fueron los zapatos de dolor, sino las botas con lustre las que desfilaron acompasadas.
Los padres de los párvulos anduvieron descalzos, sus madres lloraron y un silencio invadió la escuela y allí permaneció durante un invierno muy largo.

Nota:
La Fundació Joan Miró inaugura la exposición MIRÓ, LA ESCALERA DE LA EVASIÓN, que permanecerá abierta desde el 16 de octubre de 2010 hasta el 18 de marzo de 2012.

SOFIA GUBAIDULINA

He escuchado con mucha atención el Offertorium y la Pasión según San Juan de la compositora rusa Sofía Gubaidulina. He disfrutado con las dos obras. Las volveré a escuchar para captar más matices y su contenido más profundo. De momento sólo puedo hablar de una aprehensión estética fugaz.

Me ha gustado mucho más la Pasión. Entre las dos obras he notado esa diferencia que se manifiesta entre aquello que se componía hace veinte años y las últimas obras de los músicos contemporáneos, esto es el retorno a la melodía, que en el caso de la Pasión está muy depurada, y que se encuentra influenciada por la atonalidad del siglo XX.

La atonalidad caracterizaba la estética vanguardista, comprometida y formalmente revolucionaria que surgió con el Movimiento Moderno. Pasados muchos decenios, hoy valoro el esfuerzo de compositores como Gubaidulina, que, sin renunciar a la atonalidad, componen una música limpia, clarísima y que se presenta con una corrección madura y llena de contenidos.

No me puedo sustraer de mi actividad profesional y pienso que la reflexión sobre los valores de las vanguardias tiene un paralelo con lo que está pasando en el mundo arquitectónico.

Los experimentos atonales que se produjeron en la segunda mitad del siglo pasado los asocio a un racionalismo creativo que pretendía cambiar el mundo.

¿Era ideológico? Pues sí.

Parecía que a algunos autores sólo les interesaba la ruptura de las leyes de la armonía, sin detenerse en la reflexión estética o ética.

En mayo del 68 y con el pensamiento de Marcuse se cuestionaron las ideologías, entonces surgió el debate artístico. Se cuestionaron los lenguajes artísticos, también la atonalidad. ¿Hacia dónde debían encaminar sus composiciones los buenos músicos? Y aún, cuando cae el muro de Berlín y se deshace la URSS, ¿qué sentido tiene mantener un racionalismo atonal?

Ora tutto è perdutto, dicen mis amigos de Recanati

Ahora debemos luchar con más fuerza. Los artistas lo tienen difícil, tienen que ser muy, muy buenos para vislumbrar una salida airosa.

Escuchando la Pasión de Gubaidulina he confiado en la visión amplia y premonitoria de los artistas, en su creatividad.

No sé cuando se compuso el Offertorium, seguramente es un poco anterior a 1980. Veo que tiene la tensión de una obra que está en la frontera de lo tonal, quiero decir que la ruptura de la melodía se consigue asumiendo la gran potencia la atonalidad. Como aquel que habla un lenguaje anacrónico, en el mejor sentido de la palabra, y que sufre porque cree que el discurso formal no se corresponde con la realidad ideológica, pero que sin embargo, se configura como una plenitud estética total.

Propongo a mis amigos una reflexión. Una cuestión:

¿Creéis que para llegar a la Pasión de Gubaidulina podemos trazar la línea continua (brevemente y a grandes rasgos) que expongo a continuación?

1)
Iste Confessor
Domenico Scarlatti

2)
Requiem, S.B660
“cantato secondo l’usanza venetiana”
Banedetto Marcello

3)
Pasión según Mateo
J.S. Bach

4)
La obra para órgano
Max Reger

5)
Liturgia de San Juan Crisóstomo
P.I. Tchaikovsky

6)
Weihnachtsoratorium
Friederich Nietzsche

7)
Lux Aeterna
G. Ligeti

8)
Credo
K. Penderecki

y finalmente
Pasión según San Juan
Sofia Gubaidulina

lunes, 3 de octubre de 2011

Dos gallos en un gallinero



Aquí, para vivir en santa calma,
o sobra la materia o sobra el alma.



José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda y Delgado

domingo, 2 de octubre de 2011

Ad libitum

La Laguna de Venecia.
JM. Whistler. 1880

Hago del paisaje la autobiografía
que va desde el cielo de octubre
hasta la mesa puesta con mantel de lino.

Los jilgueros imitan las notas de Litz
y bajo los olivos se deshace la sombra
en un marco de sandalias.

Las huellas dibujan en la tierra abundante
un bodegón de curtidos
como xilografías impresas
en papel azul de Venecia,
que enmarcadas exponen
en todos los museos del mundo.

Las profecías de las montañas
ya fueron pintadas muchos años ha,
en el lienzo de los manieristas,
sabios que miraban de reojo
el ombligo brillante de las amas.

Las cumbres, los riscos y los matorrales
son un calco de feldespato que reluce
bajo los rayos del sol, incendiando
los dorados góticos de las arquetas repujadas
que jamás custodiaron nada.

Las cumbres, los riscos y los matorrales
se han alineado dentro del juicio
en un orden perfecto que replica
las perspectivas inciertas del trecento.

El paisaje es el retrato novel
de frescos y retablos,
y la naturaleza, toda, es una acción teatral
como los cantos de las jóvenes de Mísia,
de las cariátides y los capiteles compuestos,
los poemas perdidos en el mar del Dodecaneso
y de las melodías entonadas a boca cerrada
en un decorado que se extiende
bajo un lucernario vidriado.

Y así las cosas,
¡aún subía el sabio a lo alto
del campanario a contemplar
los campos de amapolas!

Eran la alternativa al rojo exacto de Tiziano
y de los verdes de Lorenzo Lotto,
que el pensamiento conserva fundidos en la razón
y se extendían entre los meandros.

viernes, 30 de septiembre de 2011

El secreto del viaje romántico

Imagen: Francesc Cornadó. Llibreta Negra.(QN48)
-despieta, la voz nos llama-


A finales del siglo XVIII el sentimentalismo y las lágrimas no habían marcado aún surcos en las caras pálidas de las adolescentes. Sumido en las neblinas espesas, el Romanticismo inicial sólo se debatía entre la ensoñación y la filosofía.


Novalis, Von Kleist e incluso Hölderling conservaban todavía una reminiscencia neoplatónica que les hacía buscar, entre los bosques de otoño, la sustancia espiritual de la naturaleza.


Las lágrimas vendrán más tarde, con los viajes de invierno, con los nocturnos de Hungría, en las cartas heladas de los amores lejanos y sobre todo en los pasos tristes del Wanderer.



Rosenblüthchen, buena muchacha,

se ha vuelto ciega;

piensa que su madre es Hyacinth

y a ella se abraza corriendo;

se da cuenta, sin embargo, que es otra cara,

y fijaros: nada la asusta

y continua como si nada pasara,

besándola, con besos cada vez más fuertes.


Novalis, Los discípulos de Saïs

lunes, 26 de septiembre de 2011

Bronzino


Agnolo di Cosimo, llamado Agnolo Bronzino
Retrato de Ugolino Martelli, 1536

En 1536, cuando Agnolo di Cosimo conocido como Agnolo Bronzino pintó el retrato del joven Ugolino Martelli, el esplendor de la república de Florencia se había apagado.

El rostro del aristócrata Ugolino Martelli es un manifiesto de la melancolía que se cernía sobre las cúpulas de Florencia, el porte del joven estudioso es la personificación de la tristeza del cinquecento.

Ugolino era un joven culto, parece ser que era un estudioso de la lingüística, que Bronzino lo retrató vestido de negro, como vestía Francesco Borromini y el emperador fundamentalista Felipe II, lo representa en el interior de un palacio florentino, rodeado de arquitectura áulica y con una escultura clásica al fondo, apoyando sus manos en sendos libros. Tras su aspecto frío y distante se esconde una reflexión: ya no es posible que surja un proyecto que transforme el mundo. El neoplatonismo está agotado y la ideología de la Contrarreforma ha aplastado el sueño renacentista.

El hombre del siglo XVI está dispuesto a seguir los consejos de Castiglione que recomienda al cortesano que se muestre distante, raccomanda di essere un altro, que “sea otro”.

¿Cabe aún la esperanza de que aliento y desilusión puedan mostrarse a la vez? El quietismo de Ugolino Martelli expresa la ruptura entre el aliento esperanzado y la desilusión. Ante esta dualidad, con una mano sobre un libro cerrado y la otra sobre un libro abierto, el joven aristócrata florentino opta por el silencio, por la no acción.

Si cambiar la realidad ya no es posible, miremos Florencia en el ocaso de Renacimiento y preguntémonos hoy -en 2011- por el alejamiento de la realidad y la renuncia a cualquier proyecto.