lunes, 26 de septiembre de 2011

El florete


El uso del florete requiere saber geometría
del espacio y del plano, conocer las tangencias
y trazados regulares, dibujar paralelas
y hacer segmentos al viento como líneas rutilantes.

Es de gran eficacia la tirada adelante
lanzada a doble golpe si quieres asesinar.
El primer toque hiere y, si el rival se inclina,
hay que echar la segunda tirada como si fuera un axioma

directamente al corazón y clavar muy adentro.
Si vas a emprender un duelo de sangre preliminar
con un solo golpe basta para resolver la lucha,

es coreografía, es un arte elegante
que tiñe de color rojo el honor del vencido
y el estéril orgullo del invicto criminal.


traducción del catalán del poema
El floret
de Eines de Tall
del libro DOBLE TALL

Pasos de pedernal


Imagen. Llibreta Negra (QN63). Francesc Cornadó

Este caminar azaroso, pasos de pedernal una noche tras otra.
El rumbo impreciso en dirección a las Indias Galantes. La odisea hacia el espacio, en esto consiste la ruta, una flecha con arco tensado disparada más allá del infinito.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Bacía o yelmo

Andan entre nosotros siempre una caterva de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan...

Imagen. Francesc Cornadó. Llibreta Negra

y así, esto que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí el yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
Miguel de Cervantes Saavedra

sábado, 24 de septiembre de 2011

La nueva vida de Tamara Lempicka


Tamara Lempicka. Retrato de Madame M.

Fue un hervidero. Eran tiempos de agitación formal. Cada artista daba su opinión ante la convulsión política de la primera mitad del siglo XX. Los ismos que surgieron en cascada, arrollando a diestro y siniestro, reflejaban las diferentes ideologías sociales de la época. El caldo que se calentaba debía rebosar tarde o temprano, y fue así: la Primera Guerra Europea, la Revolución de Octubre y tantas desgracias, y tantas proclamas y tantos "apañamundos" que proponían una u otra receta. Los artistas, sensibles a tanta convulsión, iban promulgando manifiestos y propuestas. Las diferencias sociales y económicas tenían su reflejo en el arte.

No hubo suficiente con la desgracia de la Gran Guerra, los conflictos sociales continuaron entre guerras y el arte se hacía eco de toda la jarana.

El Movimiento Moderno, en sus formas más o menos racionalistas parecía destinado a ser la voz de la social-democracia de la República de Weimar o de los socialismos más o menos utópicos.

En medio de arrebatos políticos, los futuristas proclamaban el encarcelamiento de la Victoria de Samotracia y hacían la exaltación de la velocidad, del maquinismo y del fascismo. Para imponer el funcionalismo sobre el decorativismo, Adolf Loos declaraba que todo ornamento es delito.

El Art Decó, que mostraba el último aliento de la Secession vienesa, se erigió como la expresión genuina del lujo de los locos años veinte.

En medio del desorden decadente de los años felices, Tamara Lempicka fue la sofisticada representante de los círculos de la burguesía más rica y de la nobleza lábil que ya estaba a punto de caer. La alegre sociedad que asistía a los saraos adquiría los cuadros de esta pintora célebre en la Europa de los años treinta, y los más ricos pugnaban para ser retratados por Tamara. Su fama fue efímera y fue declinando hasta caer en el olvido cuando llegó la Segunda Guerra Mundial.

La artista sofisticada, la mujer admirada en las fiestas del gran mundo de la época de entreguerras fue sólo la sombra lejana del icono del Art Decó.

La estrella se eclipsó, el Arte Decó se instaló en Nueva York, en las paredes del Crysler y del Empaire, que soportaban los bajorrelieves con las alegorías del Trabajo y de la Industria o las antorchas de bronce colgadas junto a los ascensores que proclamaban la libertad y el sueño americano.

Mientras Marlene Dietrich lloraba bajo los tilos de Berlín, Tamara Lemplicka, ya convertida en baronesa, se refugiaba entre sábanas de satén lejos de Europa, abominando contra los pobres, ejerciendo en los Estados Unidos de dama del gran mundo. Quién sabe si fue por de los excesos o por los efectos de algunas sustancias, la figura de Tamara se arruinaba poco a poco a la espera de que algún noble o burgués la rescatara del olvido.

No fue, sin embargo, hasta 1972 que una exposición en París la hizo famosa de nuevo, rememorando un fantasma que venía de atrás de la cortina gris de los años de la depresión, que venía de la sensualidad, del erotismo y de aquello que parecía moderno en los felices años veinte.

Pero lo que en Europa son remembranzas o fantasmas, puede convertirse en espectáculo al otro lado del Atlántico. Siempre hay un summus pontifex dispuesto a montar el show-business del arte o de la miseria.

Y efectivamente, aquella Tamara Lempicka que fue el reflejo de una época vigorosa y mezquina, de unos años de opulencia, degradados y obsesivos y representante de un grupo de ricos intelectuales depravados, abyectos, atrevidos y egoístas se convirtió en un referente culto por acólitos del Arte Pop.

La hoguera de las vanidades que habían encendido los brokers de Wall Street quemó y acabó definitivamente los postulados del Movimiento Moderno y Tamara surgió de esta hoguera como el Ave Fénix.

viernes, 23 de septiembre de 2011

La Melancolía de Miguel Ángel

Albert Durero. Melancolía (grabado) 1514



Melancolía, una de las tres Estampas Maestras de Albrecht Dürer, está datada en 1514; probablemente Michelangelo Buonaroti ya la conocía unos meses antes de morir cuando escribió lo siguiente:



Estoy, como el tuétano del hueso, aprisionado, pobre, solitario, aguardiente embotellado. Una morada que semeja sepulcro me impide el vuelo, las arañas y sus hermanas tejen aquí su obra de oscuro polvo. Quienquiera que haya comido o tomado medicinas, caga delante de mi puerta. Yo aprendo a distinguir el olor de las distintas clases de orines en el desaguadero, la pestilencia de los locos, que aquí deambulan por las noches, de los gatos y de la carroña, de los orinales y de los cazos de la basura, quienquiera que tenga que vaciar esta clase de objetos viene a mi casa. Mi alma lleva, con todo, la mejor parte con relación a mi cuerpo, pues si ella percibiera todo esto, no podría soportar yo cosa alguna, ni pan ni queso. La tos y el frío me hacen estremecer; si pudiese respirar “profundo” , pronto dejaría de salir aliento de mi boca. estoy agotado, destrozado, quebrantado, por la multitud de preocupaciones y muerto han todos los mesoneros donde yo un tiempo comí. Mi alegría es la Melancolía, mi descanso los tormentos. El amor, las musas, las florecientes grutas, todo se ha ahogado en inmundicias. ¡De qué sirve el haber construido tantos muñecos, para acabar como quien, queriendo atravesar el Océano, se hunde en el pantano!


Esta desolación, amigos míos, embargó al más grande de los artistas.


Los mundos simbólicos


Imagen. Francesc Cornadó. Llibreta Negra. (QN54)


Hay días que se me escapan los mundos simbólicos.

¿Qué digo?

Casi siempre se me escapan.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Manierismo

Giorgio Vasari. Autorretrato


Situado a un lado del Arno o en la otra orilla, observando el vuelo de las lechuzas que van desde el palazzo Pitti a Fiesole, no logro dilucidar que es lo que me gusta menos, si las pinturas del salón del Palazzo Vecchio, las del Studiolo de Francisco I o los frescos de la cúpula de Santa Maria dei Fiori, tampoco me gustaron los frescos del oratorio de San Giovanni Decollato.

Giorgio Vasari ideó el programa iconográfico de estos trabajos monumentales, fue él quien dirigió los trabajos artísticos e intervino junto con otros pintores en su realización.

Pontormo, Federico Zuccari, Francesco Salviati, Andrea del Sarto, Parmigianino, Baccio Bandinelli, Rosso Fiorentino, Giovanni Balducci y otros artistas, junto con el propio Vasari -factotum de la città- configuraron la pléyade manierista del cinquecento florentino.

Fueron artistas demasiado afectados por las intrigas de la corte de los Medici, por las rivalidades personales y por las directrices de la Contrarreforma.

En la obra de estos artistas se advierte demasiado su carga ideológica, este lastre parece grava en exceso sobre el acto de creación artística. Piensan más que hacen.

Ya Miguel Ángel denunciaba tanta charla cuando se le preguntaba qué era más importante, la pintura o la escultura, y reclamaba que no se perdiera el tiempo con tanta disquisición, que se hablara menos y se obrara más.

Ya sabemos que la historia es un mal negocio, pero al final, el tiempo va juzgando obras y creadores, y así, muchos de aquellos artistas que en su tiempo eran celebridades -cuando Cósimo I de Medici pagaba y mandaba-, hoy son prácticamente desconocidos. El tiempo es inclemente como un dios antiguo.

Pensemos en el propio Giorgio Vasari que ha pasado a la historia más por ser el autor de “Le vite...” que como pintor. Sin embargo no quiero dejar de destacar su obra como arquitecto autor del edificio degli Uffici. Ahí va mi admiración.

La red de la tarántula

Imagen. Llibreta Negra. Francesc Cornadó (QN56)

He aquí la madriguera de la tarántula.

¡Mírala!

Aquí está tendida la red que ha tejido.

Antonio Carvajal

Quizá de la poesía sea yo el mejor obrero.
Lo dicen tantos. Ellos deben saber por qué.
Pero no saben darme la palabra que quiero,
toda ella encendida de esperanza y fe.

Pero no saben darme el abrazo que espero;
porque antes que poeta, antes que artista, que
domador del vocablo rebelde, hubo un certero
rayo que hirió mi alma y curarla no sé.

Porque antes que poeta, y antes que profesor
de vanidades, soy un varón de dolor,
un triste peregrino que busca alegría.

Tal vez cordial o vano, tal vez il miglior fabbro;
pero pocos entienden que en mis palabras labro
una fosa con flores que llamamos poesía.


Antonio Carvajal
Ciudades de provincia.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El legado

Tondo Doni. Miguel Ángel (hacia 1503)

No exigimos al cielo que dé explicaciones, ni que justifique la intensidad de su azul, tampoco las nubes explican cómo se amontonan, ni siquiera nos dicen si fue Zeus quien las puso así.

Algún manierista florentino acumuló las nubes a modo de trampantojo creyendo imitar a la Naturaleza.

Ha sido el arte quien ha escrutado los mundos primordiales, ha planteado el orden de la noche y de las sílabas, ha lanzado su mirada sobre el progreso de las llamas, ha medido la altura del vuelo de la alondra y ha mostrado, en fin, la huella más o menos vacía del hombre.

Estas presencias naturales son así. Son como son, transidas de datos, con sus contenidos dibujados; porque así fue como el arte nos transmitió su legado.