martes, 27 de enero de 2026

Yehudi Menhuin

 

Studio Interior (1923). Alvar Cawén 


En 1997, siendo alcalde de Barcelona Pasqual Maragall, el pregón de las Fiestas de la Mercè (la fiesta mayor de Barcelona) corrió a cargo de Yehudi Menuhin. En su pregón, el gran violinista dijo, entre otras cosas, que 

la cultura es el camino hacia una mejor civilización.

Después de Pasqual Maragall, no he oído ningún otro pregonero de las Fiestas de la Mercè que mostrara el entusiasmo por la cultura que transmitía Yehudi Menuhin.

Todo ha ido cayendo, tanto el nivel cultural del discurso como la voluntad política de concordia de aquel alcalde y de aquel gran artista.



Yehudi Menuhin (1916-1999), de ascendencia judía, nació en Nueva York. Tenía nacionalidad estadounidense, suiza y británica. Fue un niño prodigio y un violinista prodigioso, considerado por la crítica como uno de los mejores violinistas del siglo XX.

En 1929, a la edad de trece años, el joven Yehudi interpretó el concierto para violín de Beethoven en Berlín. En el auditorio, entre el público, se encontraba Albert Einstein que también tocaba el violín; después de la actuación, el físico se dirigió al joven intérprete y le dijo: ahora ya sé que Dios existe*.

Yehudi Menuhin no se sintió interpelado por aquellas palabras del sabio. Modesto, discreto y con un sentido del humor excepcional, siempre creyó que las palabras de Einstein se referían a Beethoven, el compositor de la obra y no a él, que solamente era el intérprete.

(*) Hay quien dice que la frase exacta de Einstein fue:  "¡Ahora sé que hay un Dios en el cielo!"


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