sábado, 11 de junio de 2016

La zarabanda nos persigue


Giacomo Casanova (1725-1798) recorrió los caminos enfangados de la España del siglo XVIII, una España que pudo haber sido ilustrada.

Vio como bailaban el fandango, e impresionado, dijo que aquella era la danza más montaraz y asilvestrada que había conocido.

A pesar de que en plazas y corrales se ha continuado bailando el fandango,

                          la zarabanda nos persigue.

miércoles, 8 de junio de 2016

La viruela y el arte gótico

Retablo mayor de la catedral de Sevilla

Los retablos del gótico tardío español parecen infectados de viruela. 

Sus superficies grabadas, parecen la piel llena de pústulas que presentan los enfermos de aquella maligna enfermedad. 

Al principio, la iglesia se opuso a la vacuna contra la viruela pero hoy, gracias a la vacunación masiva, esta terrible enfermedad ha conseguido erradicarse.

La escultura gótica expresa un cansancio sordo y una fatiga producida por la inacción vital.

La arquitectura gótica es la expresión petrificada de la escolástica. En sus paramentos aparecen protuberancias, en sus columnatas se dibuja un sinfín de estrías, son haces de columnillas que se repiten y en los capiteles proliferan las excrecencias, como en los cuerpos viejos.

sábado, 4 de junio de 2016

Ataques al Movimiento Moderno


 
Los postulados artísticos del Movimiento Moderno se cocieron a principios del siglo XX, antes del estallido de la barbarie de las dos guerras mundiales.

El racionalismo que constituía la espina dorsal de las vanguardias artísticas fue golpeado por el salvajismo de las guerras, por la sinrazón de los nacionalismos y finalmente, la voracidad del liberalismo de Wall Street le asestó el estacazo final.
La razón fue derrotada por la barbarie, por la intolerancia y por la codicia.

Las guerras acabaron con los artistas. La deportación y la muerte liquidó el librepensamiento que sustenta toda forma de racionalismo. Junto al dolor producido por los conflictos armados, los nacionalismos intolerantes y excluyentes impusieron unas formas artísticas zafias y adocenadas. La birria formal y la inmundicia moral se adueñaron del arte.

El racionalismo fue atacado por la euforia de las emociones nacionalistas. Éstos anduvieron buscando diferencias insignificantes para significarse, para decir que sus garbanzos son mejores que los del vecino. Decían que las vanguardias olían mal, que eran la obra de borrachos y degenerados, que el discurso del arte moderno era un deshecho y otras sandeces.
El ataque nacionalista continúa aún para hacernos creer que somos los mejores. ¿Mejores en qué? ¿Es que acaso no guisan bien en las otras patrias? ¿Es que acaso los niños de nuestra patria obedecen a sus padres y se portan mejor que los de las otras patrias?
 
El arte y la literatura con mayúsculas ya nos han dicho con toda la poesía y toda la razón suficiente, que las patrias son una mezcolanza de odios y venganzas, que son una entelequia para onanistas mentales que no se privan de utilizar cualquier episodio de la historia para exaltar nuestro talante y nuestra lengua.

¡Ah infelices!, nuestro talante es una mezcla de talantes retorcidos y recocidos en el horno de una historia absurda y nuestra lengua es los restos de una lengua que a lo mejor fue noble, pero que ahora es algo alambicado y producto de la pereza.

La fraternidad universal, ansiada por artistas racionales, ahora parece una extravagancia ensombrecida por las banderas que ondean al viento de la intolerancia.

La ideología de los nacionalismos continuó la barbarie que había empezado con las guerras, pero el golpe final lo asestó el liberalismo voraz de los yuppies
Tom Wolfe y sus compinches, Andy Warhol y sus adláteres incultos se empeñaron en adjudicar calificativos de exclusividad a la seriación. Cualquier bote de tomate servía para explicar que la única razón que vale es la de la especulación económica y con una foto de Elvis disparaban contra el Movimiento Moderno.
 

miércoles, 1 de junio de 2016

Elliot Carter

Lateral. José Guerrero.

En la obra de Elliot Carter encontramos un constante fluir de materiales sonoros, no parece que se establezca ningún diálogo entre las distintas frases musicales. Se diría que el compositor permanece sentado sobre una roca, a la orilla del río de Heráclito, viendo la naturaleza fluctuante de las aguas y con ellas el tiempo y el mundo, transcribiéndo la fluctuación sobre el pentagrama.

Sin embargo, las aguas que contempla Elliot Carter fluyen como un torrente, las notas se agolpan y, voluntariamente el músico, compás a compás, expresa un estrés sonoro que nos dice cual es el valor del caos y nos recuerda las palabras de Alexander Pope:

¡He aquí, Caos, tu atroz imperio restaurado
la luz desfallece ante tu palabra increada!



A pesar de la turbulencia, la música de Carter tiene un sentido de proporción sólido y axiomático, no en balde, su formación es científica y su estética es neoclásica primero y atonal después.

Elliot Carter se interroga sobre el sentido del orden. Su obra formula una pregunta sobre la incertidumbre del ritmo, del orden en el movimiento.

Su cuestionamiento sobre el orden lo podemos apreciar en su cuarteto de cuerda n.º 3, donde el compositor divide el cuarteto en dos dúos que tocan sin respetar el compás: el dúo I arranca furioso, mientras que el dúo II lo hace maestoso, con notas largas; los dúos coinciden durante cinco minutos tocando pizzicato giusto, la música de cada dúo se repite, pero nunca con la misma combinación.

Así pues se produce un estrés musical voluntario cuyo fin es poner en evidencia el ir y venir desde la razón invertida al caos riguroso.

Siempre he hecho un gran esfuerzo por comprender la música americana. De momento no he conseguido entenderla.

sábado, 28 de mayo de 2016

La caída es inminente

En enero de 2011, contestando un comentario de un amigo de este blog, dije
la caída es inminente.


Hoy ya no diría lo mismo. Han pasado más de cinco años y la caída ya se produjo. 

Ahora la salida del hoyo no es inminente, en la profundidad oscura se puede malvivir durante mucho tiempo. Creo que nos esperan siete centurias en este pozo.


Setecientos años de miseria creativa y cultural nos esperan.

martes, 24 de mayo de 2016

Un barroco que aplasta



Concilio de Trento


Basílica de San Isidoro León


Hay un barroco que aplasta, así, literalmente. Gravita sobre lo que hay debajo.

Vemos cómo las paredes románicas, en el caso de la basílica de San Isidoro de León o renacentistas como en la catedral de Valladolid,  han de soportar la gravedad de las molduras barrocas. Cargas que transmiten su peso sobre lo existente.  

El arte de la contrarreforma que surgió del Concilio de Trento se sobrepuso encima de los muros románicos, sobre paramentos góticos y, especialmente en España, gravitó sobre el arte de renacimiento.
Hospital Real de Granada

Curvas y contracurvas, ornamentos, frontones quebrados, ideas pesadas e intolerantes machacaron el arte de la razón. El barroco fue el martillo de herejes que también golpeó contra la armonía y la proporción.Poblet (Vimbodí, Tarragona)

El barroco pesó con voluntad de aplastar, con intención de apisonar, con un deseo obstinado de pisotear, con ganas de arrugar, moler y triturar todo lo que tenía debajo, con afán decidido de acabar con toda idea que no comulgara con el dogma de Trento.
Torre de la iglesia de San Bartolomé (Carmona)

Ayuntamiento de León

Las piedras barrocas, comprimen y deforman la armonía de la razón, despachurran y deterioran aquellas arquitecturas de la inteligencia que se levantaron con cálculo y tino.
 Catedral de Valladolid

El pedrusco barroco es un elemento extraño que pesa demasiado. 
Sin embargo, las piedras levitaron gracias a la música, la belleza de las armonías y contrapuntos barrocos consiguió que pudieramos resistir a tanto desaguisado trentino.