Estuve hablando con el misántropo de la ciudad abierta, el pobre se está quedando más solo que la una.
Como él, yo también creo que lo que no sirve para resolver problemas, lo único que hace es crearlos.
Sirve la ciencia básica, la técnica, el método científico, la agricultura, el comercio, la industria y la navegación y añado algunas formas de diversión y, desde luego, el arte y la amistad. Naturalmente, y dada la condición humana que el misántropo tanto aborrece, todo esto puede pervertirse.
Para que la misantropía no nos amargue la vida disponemos de algunas pocas cosas que justifican nuestra existencia:
la música de Bach,
la estatuaria griega,
cuatro o cinco versos de la Divina Comedia,
el amor filial
y el rodaballo al horno.
El misántropo de la ciudad abierta cree que la única ciencia considerable es la teórica, la que no tiene utilidad directa y llama ciencias brujas a todos aquellos conocimientos que solo sirven para pasar el rato pero que no sirven para resolver los problemas. Además, muchas ciencias brujas son practicadas por embaucadores que se sirven de ellas para engañar.
Algunas de las ciencias brujas que atribulan al misántropo son:
La antropología recreativa
El psicoanálisis
La homeopatía
La parapsicología
La psicología de salón
La acupuntura
La astrología
La hipnosis
La radiestesia (zahories)
La adivinación
El misántropo de la ciudad abierta cree que hay demasiadas cosas inútiles que entorpecen, entre ellas:
El diálogo interecuménico
Las juntas de arbitraje
Las comisiones parlamentarias de investigación de delitos económicos
El exceso de políticos, de organismos oficiales y de burocracia.





