Bajorrelieve de la fachada del edificio de la calle Lajtínskaya en San Petersburgo
(hoy desaparecido)
Hace
poco más de dos años en San Petersburgo unos activistas ortodoxos y cosacos
emprendieron a trancazos contra la fachada modernista del edificio de la calle
Lajtínskaya, diseñado por el arquitecto Alexánder Lishnevski en 1910.
Unos
vándalos de la organización “Los cosacos de San Petersburgo”, borrachos de
vodka, con unos mallos en ristre, destrozaron el bajorrelieve que representaba
el rostro de Mefistófeles.
Después
de su acción enviaron una carta a los medios de comunicación donde decían:
«Somos nosotros quienes hemos echado abajo la
escultura del Diablo y lo hemos hecho por muchas razones, la principal es que
el lugar se había convertido en una de las atracciones turísticas de la ciudad»
Está
claro que muchos intolerantes aborrecen a los turistas, se los miran con
desprecio, dicen tourist go home y se
dedican a romper cosas. ¿Por qué les tienen manía a los turistas?
La
policía anduvo buscando restos del bajorrelieve y encontró unos fragmentos de
Mefistófeles abandonados en un contenedor de basura situado frente al edificio.
Sí,
Mefistófeles,
el espíritu que todo lo niega, estaba
hecho añicos entre restos de comida, compresas de celulosa, botellas vacías,
mondas de patatas y pañales usados.
La
Iglesia Ortodoxa rusa niega tener nada que ver con la demolición del
bajorrelieve de Mefistófeles.
Aseguran que ellos no están contra la obra arquitectónica de Alexánder
Lishnevski, aunque el padrecito Roman Bagdasárov, vicepresidente de uno de los
departamentos del Sínodo Ortodoxo, ha dicho que «la Justicia no debería ser muy
severa con estos cosacos, ya que, pese a haber osado violar la ley, parece que
creían estar librando del mal a la antigua capital».
Las
acciones vandálicas continuaron, y días después de machacar a Mefistófeles,
los activistas ortodoxos del movimiento religioso Voluntad de Dios irrumpieron
en una exposición en la sala del Maniezh, situada junto al Kremlin, y
destrozaron varias esculturas por considerarlas «ofensivas» para los creyentes.
Aquellos
vándalos, pueblo báltico que en la Edad Media invadió gran parte de Europa y de
África del Norte, continúan redivivos. Hoy utilizan martillos y rompen
esculturas siguiendo el estilo del Estado Islámico o los métodos de los iconoclastas
bizantinos de León III (680-741).
¡Bah!,
siempre rompiendo, ¿no podrían dedicarse a bailar una pavana?


