La esperanza de Miquel Martí i Pol siempre
me pareció excesiva. Fue un hombre que me imponía. Su sonrisa y su ademán me sobrecogían,
pero no así sus versos.
A pesar de su amargura, su obra poética tenía un
contenido sobradamente esperanzado. Su forma bien compuesta soplaba a como un
viento mudo sobre un territorio demasiado erosionado. Entre amargura y esperanza desarrollaba un discurso moral.
¿Qué sentido tiene la moralina en tiempos de guerra? Escribió unos magníficos haikús en temps de guerra que pretendían pasar como proyectiles de flores sobre una tierra de fraternidad pero que no era más que el paisaje de un mundo mutilado. Recuerdo que leía estos haikús sentado en un banco de una plaza de Caçà de la Selva y parecía escuchar aún José Afonso
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada esquina um amigo
Em cada rosto igualdade
Con él hablé de esperanza y de escepticismo, admiré tanto su trayectoria poética como humana, pero no compartí nunca su entusiasmo por la posibilidad de un futuro mejor.
Al final de su poema Ara mateix (Ahora mismo) encontramos una de sus estrofas más populares
Cridem qui som i que tothom ho escolti.
I en acabat, que cadascú es vesteixi
com bonament li plagui, i via fora!,
que tot està per fer i tot és possible.
-traduzco:
"Gritemos quien somos y que todos lo escuchen.
Y al acabar, que cada uno se vista
como buenamente le plazca, y ¡adelante!,
que todo está por hacer y todo es posible."
que todo está por hacer y todo es posible
Este verso tan inspirado de Miquel Martí i Pol nos lo repiten con frecuencia en los medios de comunicación y se utiliza como slogan trasnochado.
Viene a ser como el lema publicitario de la esperanza. Parece una llamada a la acción o un acicate para la lucha optimista. Quizás pueda tener cierta eficacia como apelación, providencia o convocatoria en momentos de crisis o de inflexión de los valores.
De todas maneras, y a la vista de la amarga lección que nos ofrece la historia, albergo pocas esperanzas y creo que de todo esto que está por hacer se hará bien poca cosa. Es más, creo que no hay nada que hacer.
La poesía de Miquel Martí i Pol está hecha con versos esperanzados, pero que el tiempo y la barbarie nos demuestran que todo queda en nada, sólo la ilusión del poeta y la belleza de su palabra.





