lunes, 20 de junio de 2016

La extraña petrificación del acanto


Los agrimensores trazaron caminos sobre los mapas. El orden y la medida se impusieron a los zarzales desdibujados que recortaban el azul del cielo.

Los más escépticos contemplaron los jardines de la historia y se resignaron ante la enfermedad del tiempo.

Sobre la muerte de la doncella creció el acanto. Sus hojas retorcidas por el peso de la canastilla inspiraron al artista del cincel.

La perfección del acanto se petrificó en los capiteles. Con éstos, con el cálculo y con el conocimiento el hombre levantó las construcciones más bellas.
 
¿Fue también la belleza un campo de salvación?

miércoles, 15 de junio de 2016

Javier Velaza


loatp. Llibreta vermella. Francesc Cornadó


Elegía triunfal
En el día de hoy, la guerra ha terminado
como todos los días.

Nadie pregunta cómo
cuál fuera el desenlace de las cruentas batallas
libradas casa a casa
cuerpo a cuerpo.
Nadie viene a leer con un ojo de angustia
y otro de rabia el parte de bajas; nadie aguarda
la crónica oficial que explicará por qué
hoy perdimos de nuevo,
ni preguntará quién era el enemigo que esta vez nos pudo,
ni cuáles sus propósitos, ni cómo su estrategia,
ni qué mapa quedó para seguir mañana.

Nada importa,
porque hemos aprendido
que la derrota tiene mil caras sin reverso,
que nunca hay vencedores,
que con el alba próxima
tendremos que salir al campo a ser deshechos
un día más
igual que cada noche.

Todos perdemos siempre.
Perdemos de antemano,
no nos dejan siquiera
la ocasión de ser Pirro, de ser Cesar, o nada,
ni nos tiene clemencia.

No hay cuartel.

Sin embargo,
pudiera ser que aún no esté todo perdido.
Habría que conjurarse, acudir a la plaza
y allí
-justo en el centro-
erigir majestuoso
el Arco del Fracaso.

Habría que portar la Niké sin cabeza, ceñir todas las sienes
con ramas de ciprés
y levantar dos dedos
que dibujen al aire la uve de vencidos.
Y recorrer así una a una las calles
de la ciudad rendida, entonando himnos
tristes.

Sí.

Habrá que celebrar esa derrota,
-la única victoria que tendremos-.

sábado, 11 de junio de 2016

La zarabanda nos persigue


Giacomo Casanova (1725-1798) recorrió los caminos enfangados de la España del siglo XVIII, una España que pudo haber sido ilustrada.

Vio como bailaban el fandango, e impresionado, dijo que aquella era la danza más montaraz y asilvestrada que había conocido.

A pesar de que en plazas y corrales se ha continuado bailando el fandango,

                          la zarabanda nos persigue.

miércoles, 8 de junio de 2016

La viruela y el arte gótico

Retablo mayor de la catedral de Sevilla

Los retablos del gótico tardío español parecen infectados de viruela. 

Sus superficies grabadas, parecen la piel llena de pústulas que presentan los enfermos de aquella maligna enfermedad. 

Al principio, la iglesia se opuso a la vacuna contra la viruela pero hoy, gracias a la vacunación masiva, esta terrible enfermedad ha conseguido erradicarse.

La escultura gótica expresa un cansancio sordo y una fatiga producida por la inacción vital.

La arquitectura gótica es la expresión petrificada de la escolástica. En sus paramentos aparecen protuberancias, en sus columnatas se dibuja un sinfín de estrías, son haces de columnillas que se repiten y en los capiteles proliferan las excrecencias, como en los cuerpos viejos.

sábado, 4 de junio de 2016

Ataques al Movimiento Moderno


 
Los postulados artísticos del Movimiento Moderno se cocieron a principios del siglo XX, antes del estallido de la barbarie de las dos guerras mundiales.

El racionalismo que constituía la espina dorsal de las vanguardias artísticas fue golpeado por el salvajismo de las guerras, por la sinrazón de los nacionalismos y finalmente, la voracidad del liberalismo de Wall Street le asestó el estacazo final.
La razón fue derrotada por la barbarie, por la intolerancia y por la codicia.

Las guerras acabaron con los artistas. La deportación y la muerte liquidó el librepensamiento que sustenta toda forma de racionalismo. Junto al dolor producido por los conflictos armados, los nacionalismos intolerantes y excluyentes impusieron unas formas artísticas zafias y adocenadas. La birria formal y la inmundicia moral se adueñaron del arte.

El racionalismo fue atacado por la euforia de las emociones nacionalistas. Éstos anduvieron buscando diferencias insignificantes para significarse, para decir que sus garbanzos son mejores que los del vecino. Decían que las vanguardias olían mal, que eran la obra de borrachos y degenerados, que el discurso del arte moderno era un deshecho y otras sandeces.
El ataque nacionalista continúa aún para hacernos creer que somos los mejores. ¿Mejores en qué? ¿Es que acaso no guisan bien en las otras patrias? ¿Es que acaso los niños de nuestra patria obedecen a sus padres y se portan mejor que los de las otras patrias?
 
El arte y la literatura con mayúsculas ya nos han dicho con toda la poesía y toda la razón suficiente, que las patrias son una mezcolanza de odios y venganzas, que son una entelequia para onanistas mentales que no se privan de utilizar cualquier episodio de la historia para exaltar nuestro talante y nuestra lengua.

¡Ah infelices!, nuestro talante es una mezcla de talantes retorcidos y recocidos en el horno de una historia absurda y nuestra lengua es los restos de una lengua que a lo mejor fue noble, pero que ahora es algo alambicado y producto de la pereza.

La fraternidad universal, ansiada por artistas racionales, ahora parece una extravagancia ensombrecida por las banderas que ondean al viento de la intolerancia.

La ideología de los nacionalismos continuó la barbarie que había empezado con las guerras, pero el golpe final lo asestó el liberalismo voraz de los yuppies
Tom Wolfe y sus compinches, Andy Warhol y sus adláteres incultos se empeñaron en adjudicar calificativos de exclusividad a la seriación. Cualquier bote de tomate servía para explicar que la única razón que vale es la de la especulación económica y con una foto de Elvis disparaban contra el Movimiento Moderno.
 

miércoles, 1 de junio de 2016

Elliot Carter

Lateral. José Guerrero.

En la obra de Elliot Carter encontramos un constante fluir de materiales sonoros, no parece que se establezca ningún diálogo entre las distintas frases musicales. Se diría que el compositor permanece sentado sobre una roca, a la orilla del río de Heráclito, viendo la naturaleza fluctuante de las aguas y con ellas el tiempo y el mundo, transcribiéndo la fluctuación sobre el pentagrama.

Sin embargo, las aguas que contempla Elliot Carter fluyen como un torrente, las notas se agolpan y, voluntariamente el músico, compás a compás, expresa un estrés sonoro que nos dice cual es el valor del caos y nos recuerda las palabras de Alexander Pope:

¡He aquí, Caos, tu atroz imperio restaurado
la luz desfallece ante tu palabra increada!



A pesar de la turbulencia, la música de Carter tiene un sentido de proporción sólido y axiomático, no en balde, su formación es científica y su estética es neoclásica primero y atonal después.

Elliot Carter se interroga sobre el sentido del orden. Su obra formula una pregunta sobre la incertidumbre del ritmo, del orden en el movimiento.

Su cuestionamiento sobre el orden lo podemos apreciar en su cuarteto de cuerda n.º 3, donde el compositor divide el cuarteto en dos dúos que tocan sin respetar el compás: el dúo I arranca furioso, mientras que el dúo II lo hace maestoso, con notas largas; los dúos coinciden durante cinco minutos tocando pizzicato giusto, la música de cada dúo se repite, pero nunca con la misma combinación.

Así pues se produce un estrés musical voluntario cuyo fin es poner en evidencia el ir y venir desde la razón invertida al caos riguroso.

Siempre he hecho un gran esfuerzo por comprender la música americana. De momento no he conseguido entenderla.